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Jesús Villaseñor, el alumno desobediente de Pablo Moncayo

OAXACA, Oax. (sucedióenoaxaca.com).- Con más de 50 años como compositor, y en la antesala de sus ochenta años, Jesús Villaseñor confiesa que fue un alumno desobediente, que es egoísta, y que así es como ha escrito 20 sinfonías, está terminando la 21 e iniciando la 22, y su proyecto es llegar a las 30.

El testigo de sus palabras es el teatro Macedonio Alcalá. Al fondo se escucha el ensayo de su Sinfonía número 1. El compositor está en la ciudad, acompañado de su esposa, María Teresa Palacio, y de su hijo Ludovico, para ser objeto de un homenaje al inicio de la temporada 2016 de la Orquesta Sinfónica de Oaxaca, que dirige Juan Trigos.

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Jesús Villaseñor con el director de la Sinfónica de Oaxaca, Juan Trigos.

Nacido en Uruapan, Michoacán, el 2 de noviembre de 1936, es el séptimo de 12 hijos del ganadero y comerciante Ludovico Villaseñor Tejeda y del ama de casa María Tejeda Arregui, de acuerdo con su biografía publicada en la página electrónica de la Sociedad de Autores y Compositores de México.

A temprana edad descubrió su vocación musical e inicio sus estudios de piano y violín, para después ingresar al Conservatorio Nacional donde fue su maestro José Pablo Moncayo, y su compañero Eduardo Mata. También llevó cursos con Carlos Chávez y Rodolfo Halffter.

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El compositor con su esposa e hijo.

Desde una butaca de teatro donde la noche del viernes 5 de febrero Oaxaca rindió tributo al compositor de más de 20 sinfonías, 16 poemas sinfónicos, además de obras instrumentales y vocales, Jesús Villaseñor, como el poeta Pablo Neruda, confiesa que ha vivido, y que su vida ha sido, y es, la música.

-¿Qué significado personal tiene para usted su primera sinfonía, estrenada hace 50 años?

-Es una remembranza a lo interno de mi nacimiento. Yo por ahí dije que los montes hablan, y los montes eran mis padres.  Por eso en la obra hay mucha intervención de la tuba y el trombón que entablan un diálogo. Esto nunca lo escribí, lo estoy diciendo ahora, pero eso sentí.

Yo soñé una ocasión, y lo escribí, que mis padres habían sido felices por tenerme, porque yo naciera, entonces, caray, qué más puedo decir.

-¿Qué le decía Carlos Chávez sobre esta Sinfonía y sobre su trabajo?

-Él la tocó y la dirigió en un ensayo. Me dirigió una obra anterior, un poema sinfónico. Él estaba muy contento con mi trabajo, con mi partitura, pero me decía, tóquela a su modo, y es que yo no podía actuar como todos los músicos. Chávez me entendió, entendió que el talento se manifiesta de muchas maneras.

¿Cómo recuerda a Moncayo y cuál fue su mayor enseñanza?

-Muy bonito recuerdo. Yo estuve con el maestro cuando ya nada más se dedicaba a la enseñanza ya a componer. Él había sido director de la Sinfónica Nacional y yo lo veía como que ya estaba cansado.  No animaba mucho a los jóvenes a escribir grandes obras orquestales. Nos decía, muchachos, compongan para un dúo, para tríos, como diciendo, no se metan en problemas. Y yo no le hice caso. Todo lo contrario.  Porque yo tenía una aspiración muy romántica de llegar a la música sinfónica. Ahí yo vi una limitación del maestro, pero fuera de eso, lo sabemos, fue muy exitoso con la  obra que lo representa en México y en el mundo, aunque no se conoce su demás obra igual que el Huapango.

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El homenajeado con Alfredo Harp y María Isabel Grañén, su esposa María Teresa y su hijo Ludovico.

-Recuérdenos aquella anécdota de cuando escuchaba en Uruapan a una pianista desde su ventana…

-Yo me ponía en una ventana a escuchar e una panista hasta que un día me descubrió y yo dije, me va a regañar, pero al contrario, me hizo un regalo, y yo le tuve mucho cariño.

-¿Qué está componiendo ahora?

-Acabo de terminar la sinfonía número 21 y voy a empezar la 22. Y tengo el proyecto de llegar a 30 sinfonías. Con las ganas que tengo de trabajar… Porque ya muchas las tengo avanzadas, van caminando todas.

-¿Cuál es la más entrañable de sus composiciones?

-Ah, bueno, la que me acaban de tocar,  mi primera sinfonía. Nunca la había escuchado así, tan bella. Para mí fue una sorpresa oír esta interpretación. Y la segunda también, y “América Nueva”, compuesta para conmemorar los 500 años del descubrimiento de América, también.

-¿Cuándo le dicen Oaxaca en qué música piensa?

-Soy muy ignorante, desconozco mucho, pero claro que la música popular es envidiable. El Dios nunca muere, de Macedonio Alcalá al que pertenece el teatro… ¡Caramba, qué cosas daba Oaxaca! Eduardo Mata, que también era de aquí, fue mi compañero. Y ahora está el maestro Víctor Rasgado, y debe haber muchos músicos, y toda clase de artistas, como el pintor Tamayo y uno que fue un gran amigo nuestro, Rodolfo Morales. Realmente llegar a Oaxaca ha sido una maravilla.

¿Y cuándo está solo, qué música le gusta escuchar?

-Voy a ser muy franco, la que más escucho es la mía. No es por vanidad, es porque  la estudio mucho. Desgraciadamente soy muy egoísta al no escuchar  la música de otros, pero la vida no alcanza. Pero sí escucho toda la música que existe, claro, y la música popular de Oaxaca me encanta.  Yo me pregunto, por qué me dedico a componer con todo lo que ya se ha compuesto, sin embargo, así quiero, así me gusta vivir.

El homenaje al  maestro Jesús Villaseñor contó con la presencia del titular del Secretario de las Culturas y las Artes de Oaxaca, Alonso Aguilar Orihuela, y del presidente y vicepresidenta de la Fundación Alfredo Harp Helú, Alfredo Harp e Isabel Grañén.

El concierto culminó con una larga ovación para la Sinfónica de los oaxaqueños y para el homenajeado.

 

 




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