1. ¿Quién soy cuando digo que soy poeta?
Soy un hombre de 62 años que aprendió a escuchar antes que a escribir. La poesía no llegó como oficio, sino como respiración frete a la necesidad.
Mi primera escuela fue la calle, la tierra, la milpa; la sombra de los cerros que rodean las localidades de Oaxaca; el mar, los mares. Allí descubrí que el lenguaje no es solo herramienta, es territorio, es memoria vegetal, es forma de resistencia que forma una atmósfera.
Cuando escribo no busco versos, busco temperaturas. Busco el pulso de una comunidad que sobrevive al silencio, al abandono, a la fiesta convertida en espectáculo. Mi poesía es un intento de devolverle al territorio la voz que la política le quita.
2. ¿Qué significa pintar desde las localidades de Oaxaca?
Pintar desde barrios y comunidades es pintar con polvo, con agua de pozo, con pigmentos que huelen a raíz. No pinto para ilustrar, pinto para activar la memoria. Cada pieza es un statement territorial, un gesto ritual que intenta que la tierra vuelva a hablar.
Mis cuadros nacen de caminatas, de conversaciones con mujeres que sostienen la vida unidas con hombres sin futuro; de mercados donde la luz se quiebra en colores que ningún museo conoce. Pintar desde Oaxaca es aceptar que la representación de la imagen no está en la técnica, sino en la relación con el territorio.
3. ¿Cómo dialoga mi pintura con mi poesía?
Ambas comparten una certeza, el territorio es un cuerpo vivo.
En mis textos digo: “Oaxaca es un territorio que respira en plural (Oaxaca merece ser contada, ser cantada)”.
En mis cuadros, ese plural se vuelve color, textura, grieta, sombra; sintaxis desde donde se intenta hacer la vida.
La pintura es la parte táctil de mi poesía; la poesía es la parte respiratoria de mi pintura.
Mis piezas no buscan representar Oaxaca, buscan habitarla.
4. ¿Qué lugar ocupa el periodismo en mi vida?
El periodismo fue mi manera de entrar al mundo sin pedir permiso. Me enseñó a mirar, a preguntar, a desconfiar de las versiones oficiales. Me dio la disciplina del dato y la intuición del contexto.
Pero también me mostró la contradicción, un territorio con 3.5 millones de habitantes que conviven con el abandono mientras se financia la fiesta.
Mi periodismo no es neutral, es un periodismo que escucha a la comunidad antes que al poder. Es un periodismo que sabe que la verdad no siempre está en los documentos, sino en la voz de quienes guardan silencio.
5. ¿Qué sostienen mis statements artísticos?
Mis statements son brújulas. No explican la obra, la sitúan.
En ellos afirmo que el arte no es un objeto, sino un acto territorial. Que pintar es una forma de tequio. Que escribir es una forma de memoria comunitaria. Que el artista no es un individuo aislado, sino un puente entre la experiencia y la palabra.
Mis statements sostienen que el arte debe tocar la tierra, no solo los reflectores. Que la estética sin territorio es decoración. Que la belleza sin comunidad es mercancía.
6. ¿Qué significa crear desde los 62 años?
Significa haber sobrevivido a mis propias versiones. Significa haber entendido que la madurez no es acumulación, sino depuración. A los 62 años ya no busco reconocimiento: busco resonancia.
Mi obra ya no quiere impresionar, quiere acompañar. Quiere abrir espacio para que otros hablen, para que otras memorias respiren, para que otras voces se vuelvan visibles.
7. ¿Qué pregunta me sigue persiguiendo?
La misma que atraviesa mi poesía, mi pintura y mi periodismo:
¿Cómo se crea desde un territorio que ha sido históricamente abandonado sin convertir ese abandono en folclor?
Esa pregunta es mi motor. Es mi ética. Es mi forma de estar en Oaxaca sin traicionarla.
8. ¿Qué espero de mi obra en este momento de mi vida?
Que sea útil. Que sea puente. Que sea memoria. Que sea territorio. Que sea un acto de resistencia y de ternura.
Que quien la lea, la vea o la escuche sienta que Oaxaca no es postal ni espectáculo, es un cuerpo vivo que merece futuro.