FERNANDO AMAYA*
Veo en tu rostro pintada la historia de tu vida, Camilo Luis. Los años en qué señalaste la ruta para que estuviéramos plantados donde ahora estamos, sin menoscabo de temor o de duda. Sabe Dios que nunca pensé que fuera a conocerte en la placa de una imagen que te reproduce tal cual fuiste, con toda tu experiencia, con todo tu valor. Me veo a mí en la prominencia de tu nariz y en la angostura de tu entrecejo, y no dejo de preguntarme si heredé algo de tu valentía y de tu voluntad. Tus ojos escudriñan el futuro, Camilo Luis, quizás me vean atentos para cerciorarse de que no he depuesto tu bandera de honradez y rectitud.
¿Qué hay detrás de esa mirada, Camilo Luis? La experiencia de una vida de refriegas y combates, luchando por la soberanía de nuestro territorio oaxaqueño, a las órdenes de Apolonio Ríos, Enrique Brena y Guillermo Meixueiro, desde la retirada de Pochutla, hasta el triunfo de Los Cuerudos en Miahuatlán; por cierto, en esa última batalla no pudiste estar, pues te estabas recuperando de seis heridas de bala en el plexo solar después de sobrevivir a un fusilamiento. No estuviste, querido padre, pero te sustituyó tu hijo, mi abuelo Alberto Luis a la edad de doce años. Alberto, con quien hacías la ruta del mezcal desde San Juan Lachigalla hasta Candelaria Loxicha en tiempos de tregua y armisticio.
Qué te cuento, Camilo, estos días son duros; la perfidia, los delatores, usurpan el poder. Como cuando ustedes regresaron triunfantes después del Acuerdo de Coatecas, y quienes medraron a costa de ese triunfo, se entronizaron y dejaron al pueblo de nueva cuenta en el abandono. Pero yo no te invoco para darte una queja; no, yo quiero enaltecer tu legado, decirles a los míos que también son tuyos, que habremos de armar un pedestal con tu memoria para jamás caer en el juego perverso de vendernos al mejor postor; esa enseñanza tiene más fuerza que el hecho de que te citaran los libros de historia, o de que se alzarán monumentos en tu honor.
La vida nos dispersó por diferentes rumbos, Camilo Luis; pero hay un destino cierto en nuestros ires y venires por el Valle, la Sierra Sur, la Costa y el Istmo; ese destino obedece a un compromiso con tu ejemplo, y aquí se queda ampliamente con los Luis que prevalecen y se mantienen incólumes ante cualquier tentativa de agravio o acoso. Eso lo ven tus ojos, pues desde tu edad escudriñan el futuro y vamos naciendo de tu fe en el respeto y la lealtad. Somos tu sangre, Camilo Luis, somos esa sangre imbatible, valerosa e incorruptible que derramaste en el campo de batalla y frente al paredón que se empequeñeció ante tu figura rebelde e indócil. Seguimos por ese camino, Camilo Luis “El Chigalluno”, el camino que nos mostraron tu ejemplo, tu valor y tu vida.
*Fernando Amaya es poeta, narrador y cantautor originario de la costa oaxaqueña.