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Cinéfago*: “Disculpen las molestias, esto es una revolución”

JOSUÉ SALVADOR VÁSQUEZ ARELLANES

La tortuga roja | Dunkerque | La guerra del planeta de los simios | Retrovisor | Baby Driver

El Entremés

⋆ ⋆ ⋆ ⋆ Deje todo y corra a verla

El Studio Ghibli es una casa de animación oriental, y hay quienes señalan que incluso es la casa de animación más importante del mundo.

Esto a propósito de que éste miércoles 8 de agosto, como parte de la cartelera de Oaxaca Cine, se proyecta en el Teatro Macedonio Alcalá, la película La tortuga roja. Película de animación sobre un náufrago que llega a una isla inhabitada, que tendrá un encuentro con este quelonio, y que llama la atención por contar una historia a través de sólo imágenes, sin ningún diálogo, y que reflexiona sobre los actos del ser humano en este planeta.

No se la pierda, es una película que ya debió haber llegado a cartelera comercial pero que en vez de eso tenemos su antípoda, algo llamado Emojic: La película. Vea La tortuga roja, y haga que lo que queda de este verano valga la pena, y disfrute de una de las películas de animación que junto con La vida de Calabacín, se volverá de sus favoritas en el año. Ambas por cierto, nominadas a mejor película animada en los pasados premios Óscar. Ya que si no alcanzó boleto, o no pudo ir, la puede ver en líena aquí. #DeNada

Y ya que hablamos de cine de animación, el próximo fin de semana, 11, 12 y 13 de agosto, estará en cartelera de Cinépolis la película Your Name, la cual Cinema Red describe como: “un ánime de primerísimo nivel realizado con dibujos a mano y una imaginería visual delirante para narrar una historia fantástica de amor juvenil con resonancias universales”. Así que haga un hueco, que por cine no paramos.

El Plato Fuerte

⋆ ⋆ ⋆ ⋆ Deje todo y corra a verla

Pues la expectativa era alta, y al parecer Christopher Nolan lo logró: se ha ganado su lugar en el historia del cine como uno de los mejores directores del mundo (¿harán cine en otros planetas?) y de la historia, no sé si de fines del S.XX, de inicios del S.XXI, o de todos los tiempos. Lo que sí es que Dunkerque es una obra maestra de la que se habla, y se seguirá hablando por una largo, muy largo tiempo.

Lo interesante es que a pesar de todo, Dunkerque también divide opiniones, y hay quienes consideran que es buena pero no es lo mejor que haya en cine bélico, que es un poco ambigua, y que a pesar de tener una de las mejores producciones de los últimos años, no cuenta como tal una historia, y que al final termina siendo algo convencionalmente sentimental.

Anécdota: este cinéfago armó un combo y primero vio El planeta de los simios: La guerra, y después en la noche se chutó Dunkerque. No sé si fueron esas dos horas y media de la película anterior, el que que por la emoción de verla se me haya olvidado comer, o no sé qué, pero la música de Hanz Zimmer en Dunkerque que nunca de los nunca para, comenzó en algún momento a taladrarme la cabeza que comenzó a dolerme, pero lo bastante tolerable para terminar de ver la película sin problemas.

Es decir, aunque se podría pensar que la música dirige o condiciona lo que puede o debe sentir el espectador en ciertas escenas, lo cual es un recurso común y poco ingenioso en varias películas, en Dunkerque lo que genera la banda sonora de Zimmer es hacer del fenómeno de la guerra algo omnipresente, algo incesante, algo latente que al menor pretexto se hace manifiesto. Y es que según se entiende, es lo que padecieron los soldados varados en Dunkirk antes de ser evacuados con la Operación Dinamo, día y noche vivían con el miedo de poder ser emboscados y aniquilados por el ejército nazi, que es el gran enemigo invencible en esta película. Así pues, la música nunca fue tan tangible para poder representar ese monstruo llamado guerra, miedo, muerte, pero también lucha, fe, “victoria”.

Aunque Dunkerque es una película con una historia real sobre un evento bélico de la Segunda Guerra Mundial (lo digno es que nunca se vendió así, es más, le apuesto a que muchos ni sabíamos de dicha batalla), ese es sólo el pretexto para poner en pantalla uno de los mejores rompecabezas fílmicos. Dunkerque es como querer armar un rompecabezas de 500 piezas de una obra abstracta de Jackson Pollock, donde la única pista es el cielo, mar y tierra, que son los ejes narrativos de este tríptico cinematográfico simultaneo.

Dicho rompecabezas tiene el sello de Nolan al hacer del tiempo algo paralelo, algo proporcional, simultáneo pero diferido. ¿Se acuerda de El Origen (Inception)?, pues algo así, sólo que ese rompecabezas aunque posiblemente tenía más piezas, ya sabíamos que imagen, surrealista, buscábamos. O de Amnesia (Memento), donde el rompecabezas, un tanto realista, se armaba del final al inicio.

Tal y como se lo dije a un amigo, tampoco esperes un ‘soldado Ryan’, pues aquí el enemigo no son los malos, el enemigo es la incertidumbre, es el hambre, es la espera, el anhelo de estar en casa la que no está tan lejos pero que en medio de la guerra se torna tan imposible. Y la misión no es salvar a un solo soldado, sino a 4000 mil, eso sin tomar en cuenta a los franceses que los ingleses menosprecian sin impórtales su suerte. Es decir, en medio de la guerra el patriotismo no siempre es humano. Porque verbigracia, si usted estuviera en medio de una guerra, ¿a quién salvaba, a un mexicano o a un estadounidense? #HaVedaaa

Lo interesante de este rompecabezas es que además está hecho de manera artesanal. Llámenlo ortodoxo, nostálgico o necio, pero el que Nolan haya decidido filmar en 70 mm para incluir más imagen, que haya mandado a fabricar barcos en vez de usar Pantalla Verde (Green Screen), y el que haya utilizado 6 mil extras en vez de digitalizarlos, hablan de su compromiso con el arte de hacer cine, más que su interés con la industria para vender cine.

Acabo de hablar con mi amigo, un espectador “promedio” de cine (si me reclama me daré cuenta que sí me lee como dice hacerlo cada 15 días), y me dice que Dunkerque se le hace caótica. Pues claro, en medio de la guerra lo que reina es el caos, donde nada parece tener sentido, mucho menos la vida, ni mucho menos la muerte. Lo que concluimos es que seamos espectadores de a pie o no, Dunkerque es algo que hay que ver hoy por hoy, y que pasado el tiempo cuando hagamos una revisión de las películas bélicas, Dunkerque destacará dentro del montón, o al menos ameritará una mención aparte. Sino es que un nuevo rompecabezas, o una nueva guerra, se estén gestionando justo ahora, en un tiempo-espacio futuro paralelo, alterno, inevitable.

El Postre

⋆ ⋆ ⋆ No se la pierda

Pues con La guerra del planeta de los simios, “concluye” la nueva trilogía de una de las franquicias más exitosas del cine. Concluye entre comillas porque rumoran que se volverá una nueva saga con otras dos entregas. Pero en lo que el futuro nos alcanza, hablemos de lo que nos deja este tercer capítulo del nuevo (anti) héroe del cine de acción y que no precisamente es antropomórfico: César.

Si es fan y le ha tocado ver las 9 películas de esta franquicia: El planeta de los simios (1968), Regreso al planeta de los simios (1970), Huida del planeta de los simios (1971), La rebelión de los simios (1972), Batalla por el planeta de los simios (1973), El planeta de los simios (2001), El origen del planeta de los simios (2011), El amanecer del planeta de los simios (2014), y La guerra del planeta de los simios (2017), compartirá la emoción de ver como esta historia se renueva y resulta pertinente hoy más que nunca.

Sino es fan, no se preocupe, chútese los videos en YouTube EL PLANETA DE LOS SIMIOS | REVIEW (1968 – 1973) y Lo que debes saber antes de ver EL PLANETA DE LOS SIMIOS: LA GUERRA | #Mefe. Así 49 años de saga resumidos en 18 minutos, lo tendrán listo para disfrutar de esta última entrega que ha sido calificada como el mejor cierre que pudo tener esta nueva trilogía. Además que la historia de por sí ha tenido un cierto encanto no sé si por el uso de viajes en el tiempo, o por esa extraña curiosidad que nos imprime el pensar en que nuestros antepasados son producto de la evolución de los simios.

En trama La guerra del planeta de los simios sigue siendo la misma, la guerra entre simios y humanos ya es inevitable, y mientras los humanos que sobreviven a la pandemia buscan para tratar de aniquilar bélicamente a los simios, estos segundos sólo buscan un habitad nuevo en el que puedan (sobre) vivir en comunidad y en relativa paz lejos de la humanidad cada vez más hostil.

Lo interesante de La guerra del planeta de los simios es que a diferencia de la saga de los 60-70’s, donde odiábamos cómo (mal) trataban a los humanos, 40 años después parecemos estar más del lado de los simios, e indignarnos ante el odio y violencia ejercidos contra ellos, porque a diferencia de los humanos que portan armas y demás infraestructura bélica, estos simios parecen pelear con sus pocos recursos por una legitima causa comunal: la convivencia en paz.

En ese punto es donde la película es más pertinente que nunca, porque para dimensionar los horrores de la guerra (contra el narco por ejemplo) en contra de la misma humanidad, y ni si quiera en otro país sino en el nuestro, basta ver los documentales Tempestad y La libertad del diablo, y entender que la muerte, el hacinamiento, la tortura y los desplazamientos de familias o comunidades enteras y/o minoritarias por culpa de la guerra, no es una ficción, sino que son más tangibles y más vigentes que nunca en México, y no se diga en el resto del mundo.

El personaje de César es efectivo porque es revestido bajo esta aura de caudillo mesiánico que a todos y más a los latinoamericanos nos fascina. César es el elegido para dirigir a esta comunidad de simios que sólo buscan la paz en la tierra prometida, que se encontrará después de atravesar un desierto. No sabemos si será un viaje de 40 días, 40 noches, 40 años, pero lo curioso es que La guerra del planeta de los simios se apropia de estos elementos bíblicos pero sin hacer alusión directa a ellos, sólo insinuándolos para que inconscientemente el espectador los reconozca y se conecte con ellos a través de la historia.

No me cree, échele un ojo nuevamente a César: veremos cómo es apresado, técnicamente crucificado, y cómo se le ofrecerá agua para ser hidratado. A eso agréguele el simio (apóstol) que lo traiciona, el simio (que lo negó, no sabemos si tres veces) y que en el último momento se arrepiente y muere porque ve la fe de César; el coronel que funge como sumo sacerdote, ciego por su propia fe; y el simio que será el Josué (sucesor de Moisés) de este éxodo simiesco.

Todo esto, bien o mal, están perfectamente soportados por la magnífica actuación de Andy Serkis quien interpreta a César. Nooo, que los efectos de motion capture[i] hacen todo el trabajo; nooo, que qué complejidad tiene el interpretar a un chango marango… créame, no lo digo yo, lo han dicho varios críticos, Andy Serkis merece sino es que un premio, mínimo si una nominación por el gran trabajo de actuación interpretativo-gestual-corporal que hace para darle (larga) vida a César, el nuevo Marcos de S. XXI.

Lo interesante es que tal y como lo menciona Fernanda Solórzano <3, es divino cuando los avances tecnológicos hacen que la trama, o en este caso, el personaje de la historia, se eleven de forma cualitativa y no sólo aparatosa, que muchas veces intentan “disimular la falta de ideas” dentro del universo de la historia (Tansformers: el último caballero). Este no es el caso; César es el claro ejemplo de cómo tecnología y arte si pueden convivir mutuamente en un producto de calidad que puede llegar a los grandes públicos y ser disfrutable y al mismo tener varias lecturas.

Qué más decir. “Simio Malo” es el personaje cómico que hará que nos distraigamos de la tensión para nivelar el tono de la historia, y aunque todo parecía que apuntaba a ser el bufón de la saga, el personaje logra mantenerse en los límites adecuados para no convertirse en el Jar Jar Binks de la saga. ¿Qué más? Ah sí, que también logra mezclar elementos del western.

Lo que siento que no está bien resuelto el inicio y la fuga de los simios. El inicio porque desde que tienes que contextualizar a tu espectador con tres párrafos de texto, demeritas el lenguaje del cine: acciones, imágenes. Para leer mejor leo la sinopsis. Y la fuga de los simios porque desde que un soldado baja y se encierra en la celda de los simios, como que dudas… ahora, que nadie se dé cuenta que César no está en su celda, o que de los cientos de soldados sólo uno se percate que todos los simios han escapado, hacen que esta parte de la historia se sienta como la menos trabajada, pero que dabas por hecho que tenía que suceder; así que dices, veamos cómo acaba todo esto. Ah, y que un elemento natural surja como la salvación inesperada de los simios ante un nuevo ejército de humanos, parece un giro un tanto fácil sino es que común. De ahí en fuera, todo lo demás gira bien.

Es decir, hay un mix de elementos bíblicos, de una cierta visión social de la guerra, de uso de tecnología combinada con una excelente interpretación, más elementos de un género tan antaño y clásico como western, y además una historia que funciona para todo el público… pues al parecer el verano está resucitando, o al menos se está redimiendo, después de un viacrucis de malas y malísimas películas: Transformers… la recién estrenada Valerian, y la ridícula Emojic #WTF. Qué hicimos para merecer esto. #JustosPaganPorPecadores Así que lo del César, al César.

Ya por último, diviértase con la parodia de El planeta de los simios hecha en Los Simpson, y Baile sin César #DéjenmeBailar

La Gula

⋆ ⋆ ⋆ No se la pierda

Cosa curiosa, el postre duró más que el plato fuerte, peso así pasa con esto de la cinefagia. Así que en lo que traen la cuenta, ahí le va: en un rato libre que tenga, chútese el audio de Retrovisor: las Películas de la Semana, primer semestre de 2017. Con Sergio Huidobro. Es una especie de lo que debió haber visto hasta el momento en lo que va de 2017. Aunque sólo la mencionaron brevemente, me chuté Un monstruo viene a verme y créame, de lo mejor que he visto este año. Anda en Netflix, en línea aquí (Opción 2 + ►), o con el dealer de películas de su preferencia. Ya después le platico con calma de ella, porque me acuerdo, y quiero llorar.

La Sobremesa

  • No se moleste

Y ya para irme a dormir. Tuve la oportunidad de ir al preestreno de Baby Driver, la cual tenía buenas expectativas por anunciarse como fresca y por tener a Kevin Spacey en su reparto. Pues no, ni eso la salva. Es como un Rápidos y furiosos para adolescentes, donde veremos una trama floja que se trata de compensar con autos a toda velocidad, más autos y por qué no, todavía más autos corriendo rápido y haciendo maniobras, en medio de una lluvia de balas.

A eso súmele una onda amorosa edulcorada, una cierta moraleja de que “el crimen no paga”, para terminar literal con un arcoíris. En fin, lo único rescatable es el padecimiento de Tinnitus del chico, el padrastro sordomudo, y esa nostalgia compartida por los cassettes y quizá por los iPods ahora que ya descontinuados. De ahí en fuera no se pierde de mucho.

#BonAppétit

*Cinefágo: El que tiene el hábito de comer y devorar cine. #SeValeLaGula

[i] técnica de grabación en la que el actor interpreta personajes que son animados digitalmente




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