Se siente un poco triste, desolado el territorio.
Se fueron los locos, las moscas de los locos, las piedras, el aire, el sol de los locos. Se llevaron el territorio. Quedó el vacío. Tarará-tarará-tararí. Ellos tuvieron la forma de nombrar, de decir, de aparecer países, rostros, historias. Magos, demiurgos, tramposos. Los locos estaban cargados de historias, nos hicieron a su modo. Se fueron ya, nos quedamos solos. Queda el territorio sin decidores, sin nombradores. Los locos no tuvieron manera para corretear la luna, los luceros, los arroyos, los ríos. Los locos a media ciudad se hicieron a la mar, le dieron palabras, descubridores. El mar habla como ellos, nunca se calla, el mismo mar flota la flota con narradores. Y esos locos con esas naves en esas aguas descubrieron continentes, territorios, amores, islas: ciudades, la noche, los astros. Las estrellas, sus luceros. Se fueron ya. Si, uno se siente triste, un poco triste, un mucho triste. Solo, abatido, sin locos. Qué ingrato es cuando fallecen los escritores del continente.
Un poco triste, mucho.
Letras por la muerte de Bryce