FERNANDO AMAYA*
Barro, de Barrita y Rodrigo, es una dupla de músicos conocedores y eficientes que arman un repertorio con temas propios y de otros autores, con el que cautivan al oyente más indiferente y empecinado. Erick y Rodrigo decidieron sumar sus habilidades para gestionar esa música indócil y atávica con la que son capaces de distraer a la hidra del aburrimiento y a la esfinge de los sentidos sofocados.
Erick, con estudios formales, pero con espíritu bohemio, apoyado en samplers y loops, activa su guitarra electroacústica para desplegar las bases rítmicas y los fondos armónicos de una variedad de temas sorprendentes e interesantes. Rodrigo, aparece en escena con su atavío rococó, violín en mano, para desgajar desde su voz preludios y cánticos con el rango vocal que lo habilita para matizar falsetas y vibratos.
Del rock al candombe, del blues al bolero, del montuno al huasteco, hay una fina red que perfila el mapa genético de nuestra música afro-indígena-hispana, que se forjó en un renacimiento propio a partir de los idas y vueltas de los galeones y carabelas, y ya en esta tierra sobre la marea de nuestros vaivenes migratorios que enriquecieron y potenciaron una música de difícil catálogo, pero de fácil asimilación. El trabajo de Música de Barro, de manera intencionada o no, se explaya sobre ese trajín de búsqueda y propuesta. Hay interés por crear y recrear, y se cuenta con habilidades y pertrechos para sembrar y cosechar los gladiolos y azucenas de ese canto florido.
“Barro de fe, barro de amor, vibrando santa melancolía”, cita la canción de Juan G. Vasconcelos y Samuel Mondragón dedicada al Cántaro de Coyotepec. Si nos preguntaran de qué material está hecho Oaxaca, sin dudar responderíamos que de barro; el marrón de Atzompa, el negro de Coyotepec, el gualda de Tiltepec e Ixtaltepec. La música del barro que puede sonar en los cántaros usados para transportar agua, mezcal y otros líquidos; el de los apaxles, el de las chirmoleras y el de las chocolateras, el de las ocarinas y flautines que solazan la alegría de los niños en la fiesta patronal. En fin, el barro, custodio de nuestra mística y de nuestra identidad.
En estos tiempos de gentrificación, rapiña y penuria, cuánta falta nos hace volver los oídos a lo nuestro. Ahí está Música de Barro, desde el territorio invicto de los juglares y los aedos. El trabajo empeñoso y estimulante de nuestra dupla, los recomienda. No se vayan de Oaxaca, mejor quédense a escuchar la sesquiáltera de Música de Barro. Ya está puesto el templete, ya está montado el audio, las luminarias cuelgan en lugares estratégicos, Erick y Rodrigo se disponen a compartirlos su música, su arte y su fandango.
*Fernando Amaya es poeta, narrador y cantautor originario de la costa oaxaqueña