OAXACA, Oax. (sucedióenoaxaca.com). – Las vidas de Elena indaga en el duelo de una madre por la muerte trágica de su única hija. Prácticamente sola en un país que no es el suyo, Elena confía ciegamente en las recomendaciones de su terapeuta —aunque también rival y amiga. Sumida en la más honda depresión, un insólito accidente en el aeropuerto despertará el hilo de una intriga con Lina, una mujer en donde encontrará un espejo de la vulnerabilidad en la adultez, aunque también un paso necesario para el renacimiento del deseo, el sexo, la ternura y la comprensión de que su hija solo sigue viva en su memoria.
Se trata de una historia original: Al inicio de la novela la hija de la narradora muere trágicamente. La incertidumbre, el desasosiego y el suspenso por una vida carente de sentido dotan a la historia de fuerza narrativa y originalidad.
Su forma es seductora: Los capítulos, breves e intensos, alargan el suspenso: la sensación de “tener que seguir leyendo” está potenciado por la estructura del libro. Cada segmento deja algo inacabado, obligando al lector a descubrirlo después.
Su personaje es insólito: La narradora es una mujer que encuentra, en plena adultez y a través de una tragedia, una oportunidad para enfrentarse a la sexualidad, la incertidumbre y la ternura.
Una novela con múltiples temas: Es una obra que trata la resignificación de la memoria, la importancia de la amistad y la reconstrucción de la identidad en la adultez.
Jorge Volpi, acerca de esta novela: “En una suerte de cuaderno íntimo entre Ámsterdam, Madrid y Palermo, Elena, la protagonista de esta brillante novela de María Fasce, dibuja sus numerosas vidas marcadas por la pérdida de su hija Irene y su propio extravío.
Ilustradora de profesión, asocia cada ciudad, cada encuentro, cada emoción con un color, como si el mundo sólo pudiera comprenderse a través de la mirada. Con una prosa de delicado lirismo, Las vidas de Elena es una hermosa exploración del tránsito de la oscuridad y la luz”.
Dolores Reyes opina que es “una novela en donde la lengua se abisma una y otra vez hacia lo indecible y sale airosa de ese desafío”.
Rodrigo Fresán destaca: “Qué fina elegancia para contar lo más tremendo. Una Jean Rhys argentina”.
