Para Bulmaro, en su día de cumpleaños
Bestias domesticadas, sí.
El sol cae a plomo por estos días de febrero,
pero en mi corazón está el tiempo
de las fiestas de diciembre,
el olor del humo de los cohetitos.
Vivir a contrapelo, sí, con esta soledad
de proceso creativo y hambre,
pan duro y desvelos,
retortijones y pesares.
Nadie está obligado a nada,
eso es cierto,
pero para mí que la maldita muerte
te obliga a probar que estás vivo,
te obliga a decir qué tanto puedes soportar
la existencia en los extremos
en esta vidita nada,
aburrida,
sin dios y sin diablo,
sin los amados fantasmas
ni ventanas dónde ir a reclamar
la mala calidad del producto,
donde no se aceptan reclamos,
devoluciones.
Salida la mercancía, x.
Y te quedas con el paisaje
repleto de elefantes y jirafas,
marmotas,
monarcas,
millonarios,
bestias domesticadas que aprenden
a fingir la alegría
(la otra forma de estar muerto)
y te integras al paisaje,
lo quieras o no.