FERNANDO AMAYA*
A Toño Amaya, in memoriam
Porque me preguntan por ti y yo casi enmudezco. Tengo que decirles que tu vida fue azarosa e impredecible, desde niño, desde esos albores inolvidables por hermosos, pero también por dolorosos. Tengo que decirles que te lloro todos los días, hermano, pues tu valor siempre estuvo por encima de tus temores, aunque esto te hiciera, algunas veces, confundirte o errar. Porque eso eras tú, precisamente un ser humano que tocó fondo varias veces, pero que salió a flote, aunque correr los riesgos me parece que siempre fue un detalle de tu vida.
Nos inventamos un mundo igual para todos, hermano, coincidimos en la lucha por la defensa de nuestro territorio comunal y en la lucha magisterial también, fuimos una dupla muy estimada por algunos, pero también desestimada por otros. El plano de la diplomacia me lo dejaste a mí, y el de la confrontación directa (a veces necesaria) tú te hiciste cargo. Cuando sabíamos que la cosa se iba a poner picosa, los amigos me decían “tráete al Toño”; a veces tu sola presencia disuadía a los que intentaban romper la inercia de una reunión en donde los antagonismos afloraban hasta el nivel de las amenazas y los forcejeos.
No te quiero hablar de lo que ocurre ahora hermano, es justo que descanses en paz, pero si tengo que decirte que mientras no se cumplan las expectativas de una patria igual para todos, la lucha sigue; mientras la inercia de casi un siglo siga prevaleciendo, y con ella la rapiña y el desdoro, la lucha sigue; pues reivindicamos la memoria de muchos compañeros que se quedaron en el camino por la traición y la falacia de otros.
Recuerdo tu empeño en hacer que todos los compañeros viajaran en automóvil; si el cupo de un bocho es de cinco, tú lo atiborrabas con diez; si la camioneta podía cargar diez personas, tú le metías veinte, el caso es que nadie tenía por qué hacer gasto para trasladarse a alguna movilización en la cabecera municipal o incluso más lejos. Lo compartías todo con lo demás Toño Amaya, la comida, la ropa, tus muebles, tu espacio de vida, y tu tiempo para armar estructuras y ocuparte de ellas, aunque nunca con la condición de hacerte de alguna candidatura o de algún puesto.
Te fuiste de esta vida sin nada, Toño Amaya, así como nos vamos a ir todos aún cuando acumuláramos lujos y bienes. Lo que sabemos es que partiste con la expectativa del deber cumplido, aún seguimos aquí, en la franja costera, sin que alguna propuesta gubernamental o privada nos haya despojado y desalojado; bien dijo un compañero cuando en una reunión se estaban refiriendo a ti por tus defectos y errores: “sí, Toño es todo eso, pero agradézcanle que seguimos aquí gracias a su necedad y empecinamiento y a que no se vendió al mejor postor por temor o por ambición”.
Hace cinco años partiste, hermano, un 11 de marzo del 2021; nuestra madre dijo frente a tu tumba, por los riesgos a que te expusiste siempre: “agradezco a Dios que te haya llevado esta enfermedad del covid, hijo, para mí hubiera sido más doloroso que murieras de bala o por otra causa, descansa en paz, hijo, que muy pronto estaré junto a ti, hágase la voluntad de Dios”.
*Poeta, narrador y cantautor originario de la costa oaxaqueña.