DONALDO BORJA*
Un buen paseo por el Centro Histórico de Oaxaca, nos hace conectar con aquella idea de la novohispanidad, es decir, con el arte en general que se produjo durante el período de la colonia española (1521-1821), desde luego, hay ciertos sinsabores en ello, de lo cual, no es el caso traerlos a colación. Sin embargo, si algo tiene el Centro Histórico de Oaxaca es que en sí mismo es un tesoro lleno de arte que ha inspirado a otros artistas como José María Velasco cuando pinta “Catedral de Oaxaca” de 1887, por poner un ejemplo. Ya más entrado el siglo XX, aparecieron otros genios de la pluma, la danza, la arquitectura y otras artes, haciendo que, todo el estado, se convirtiera en una joya en sí misma… con tendencias europeas. Pero, arte al fin de cuentas.
Así, el paseo dominical o entre semana —propio de los transeúntes que muy velozmente caminan rumbo a sus trabajos— tiene como trampantojos los bellos edificios coloniales: El Palacio de gobierno, la Catedral, el templo de Santo Domingo, la Compañía de Jesús, y un sinfín de lugares que entre dejan ver la presencia del espíritu humano. Hay quienes se han osado en decir que Oaxaca es como España, téngase en cuenta el caso de la influencer Ceci de la Paz, quien se atrevió a tal osadía. Y es que, por mucho que la hija se parezca a la madre o que las hermanas se parezcan entre sí, ambas son seres individuales, diferentes, con personalidad propia, aunque con ligeros rasgos semejantes.
En el caso de Oaxaca —tomando muy apecho la referencia de Eduardo Galeano en El libro de los abrazos— los nadie, esa clase suburbana que habita en ocasiones a la orilla de la banqueta, que aprovecha plantones en las inmediaciones de la Alameda de León y parte de la Plaza de Armas de la ciudad, que están vestidos con rasgos indígenas, pero se volvieron unos versados en la venta de productos —algunos de estos, tristemente, importados de China y con bordados de maquinaria— los cuales quieren vender como piezas de arte para los extranjeros que se maravillan, como en la película de la India María, La delicias del poder de 1999, cuando a modo de sorna, unos extranjeros quieren crear un parque de diversiones en Teotihuacan.
Y desde luego, otra parte de los nadie, son creadores originales, abandonados, tirados al olvido, sin ningún patrocinio de los Medici de Oaxaca, esos olvidados que, en talleres ocultos, se vuelven piezas de un museo viviente. Galeano les declama en una prosa poética a modo de sentencia: “Que no son, aunque sean. / Que no hablan idiomas, sino dialectos. / Que no profesan religiones, sino supersticiones, / Que no hacen arte, sino artesanía. / Que no practican cultura, sino folklore.” A esos, ocultos, metidos bajo las piedras, hermanados de la historia, se les condecora con títulos nobiliarios nunca existentes: ‘los hacedores de cultura’, ‘aborígenes culturales’ o una ‘especie propia’ del Serengueti de la cultura digna del lente de la cámara de unos extranjeros que pareciera que visitan uno de los tantos territorios de la indian reservations en Estados Unidos. ¿Por qué no llamarlos artistas si sus manos pintan una realidad reinterpretada? ¿Por qué llamarlos músicos populares si sus melodías, también, son equiparables a las grandes obras artísticas? ¿Ya olvidamos aquella frase lapidaria de Juan Gabriel en Bellas Artes en 1990 cuando decía: “La música es la música […]. Como los mejores momentos de Europa, de México, en los tiempos más bellos de ayer y de hoy […]. Así como Mozart, Beethoven, Bach, Tchaikovski […] Porque ellos también pertenecieron a una música popular y ahora son clásicos. No es que yo me compare con ellos, sino que ellos algún día, fueron alguien como yo”? Parece que los hombres “hacedores de cultura”, están condenados a desaparecer en la ignominia y la indiferencia porque su arte, no es arte, sino artesanía.
Alguna vez había escuchado que Oaxaca es rico en cultura, pero, que carecía de arte, porque sus grandes artistas —al menos la mayoría— tuvieron que emigrar, y sólo unos pocos, entre ellos, los canónicos, recordados por los mayores y los jóvenes adultos, ya que, para las generaciones actuales, estos no figuran en Facebook ni en Instagram. Cultura y arte son dos realidades con las que pervivimos. El Diccionario de la Lengua Española dice en su primera acepción que cultura es: el “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico”. Históricamente hablando, esta definición se traza en la línea de la naciente burguesía de la época de la Ilustración. Por otro lado, el mismo Diccionario menciona que cultura es: el “conjunto de modos de vida y costumbre, conocimientos y grados de desarrollo artístico, científico, industrial en una época, grupo social”. En esta acepción tanto la antropología como la sociología se vinculan. De algo se está seguro, para el pensamiento clasista, la primera noción de cultura no es para los nadie.
Esas manifestaciones primarias de conocimiento y de desarrollo, evocan a modo de catálogo las primeras culturas y civilizaciones en Mesoamérica. ¿O no suena a modo semejante que Tlatilco y Cuicuilco sean culturas y no civilizaciones, porque el desarrollo tecnológico e industrial en estos grupos sociales no era avanzado? ¿No tienen, los nadie, la misma connotación museística de poseer una cultura llena en folklore, pero carente de un cultivo del “espíritu humano”? Para los nadie, la Ilustración, quizá, nunca llegó. Y tuvo que haber un mestizaje de ascensión. Los artistas oaxaqueños, tuvieron que subir y apropiarse de la cultura burguesa eurocentrista, para, como el liberto de la caverna de Platón, conducir a los nadie a la cima de la civilización. Nuestros artistas fusionaron su cultura con la cultura edulcorada de la Ilustración.
Así, el arte “autóctono” o indígena, ese menospreciado y socavado, llamado, en ocasiones, artesanía —porque se produce en serie— se ha convertido un símbolo de los sibaritas extranjeros. Piezas de adquisición a bajo costo, como extraído del subsuelo y colocado en una vitrina como triunfo de alguna excavación arqueológica o de una simple caridad cristiana. Los nadie, “que no hacen arte, sino artesanía”, dice Galeano, son esa pieza memorable que se ahoga en este museo de arte novohispano llamado Oaxaca. Hasta los primeros evangelizadores supieron inculturar el conocimiento novohispano y dejar bellísimas obras de arte. Pero, resulta que los gobiernos de México, iniciando por aquel que es llamado el “Benemérito”, hizo el primer abandono de los que, por más de tres siglos, sustentaron la economía de la Nueva España. El golpe más fuerte fue con la implantación del neoliberalismo con fines modernistas y el exceso de cultura burguesa que metió debajo del petate la pequeña basura que sólo servía para denotar que México es, también, una decadencia, mandando al traste los rasgos culturales heredados de las civilizaciones mesoamericanas.
Caminar por el Centro Histórico de Oaxaca, nos lleva a toparnos con piezas vivas. Fuera de la arquitectura colonial o el arte clásico. Oaxaca deja entre ver el vestigio más vivo de los que, condenados hacer los nadie, vivirán hasta el momento en el que la cultura ilustrada reconozca a la cultura de la cual hemos sido herederos de Mesoamérica. No es sólo una reivindicación, es más bien un cambio de paradigma, que lleve a una reinterpretación del otro, de tal modo, que en aquellos paseos de domingo o entre semana, también, no sintamos parte del ambiente museístico de lo que sucede en Oaxaca.
Donaldo Borja. Estudió la licenciatura en Filosofía en el Instituto de Estudios Superiores Tomás de Aquino (IESTA) y actualmente estudia la Licenciatura en Historia en la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Ha publicado cuentos, ensayos y artículos. Ha traducido algunos poemas del poeta Óscar Oliva del español al latín. Ha participado en el programa colectivo Carruaje de Pájaros en la radio de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH) de 2016-2018. Fue coordinador de la prensa escrita en el Centro Internacional de Prensa (CIP), durante la visita del Papa Francisco a México 2016. Creador y director del programa de Radio y Podcast Tertulias en la azotea dependiente de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO). Ha sido profesor los niveles básico, media superior y superior.