La exposición se inaugura este viernes 6 de febrero a las 19:00 horas en calle 5 de mayo número 413 en el centro histórico
OAXACA, Oax. (sucedióenoaxaca.com/vía COMUNICADO).- Tras una larga vida útil industrial, descontinuada y arrumbada en una bodega de París, se hallaba al punto de ser vendida como chatarra, ser desmembrada en partes o simplemente fundida.
Pero el destino le tenía preparada una mejor existencia a la “J Voirin” fabricada en Paris en 1909, hecha en principio para imprimir papelería comercial como publicidad y etiquetas donde quizá lo más cercano al arte eran las partituras musicales o las caricaturas políticas de algún periódico.
Sucedió que el maestro impresor Bramsen después de haberle dado un segundo aire en su taller Clot, Bramsen & Georges, reutilizándola esta vez para menesteres artísticos, sabía de su existencia y de su triste derrotero si nadie hacía algo por ella, lo que le recordó a su querido aprendiz Francisco a quien llamó a México. De reconocido espíritu inquieto Limón no tardó en convencerse de emprender la aventura de traer aquella impresora litográfica. ¡Claro! había que afinar unos “pequeños” detalles; subirla a un barco en Havre y atravesar el océano Atlántico, bajarla en el puerto de Veracruz y de allí transportarla en tráiler, cargarla en grúa y encontrarle un lugar que le resistiera sus ocho toneladas y donde cupieran sus extraordinarias dimensiones, había que cumplir con permisos, papeles, burocracia…pero todo es posible cuando hay voluntad y así “La Máquina” finalmente llegó a su destino: la Ciudad de Oaxaca de Juárez, la tierra prometida para resucitar como el “Ave fénix”.
El ahora bien apreciado armatroste halló lugar, nada más y nada menos que en la zona centro, al lado del hermoso templo Novohispano y barroco de Santo Domingo de Guzmán, bajo las copas de unas frondosas palmeras datileras de la calle Gurrión, frente a la plazuela empedrada de “El pañuelito” donde nunca falta la cultura viva; calendas, músicos, desfiles de novios, teatreros. Al taller se entra por la calle peatonal que lleva por nombre “5 de mayo”, que, paradojas de la vida, es la fecha en que los mexicanos conmemoran haber triunfado en la batalla que expulsó a los franceses invasores que al igual que “La Máquina” pero 150 años antes entraron y salieron por Veracruz.
Desde que llegó “La Maquina” se ha convertido en la anfitriona principal de este lugar, tan es así que le ha dado el nombre al espacio, que por cierto, si algo pudiera faltar es la casona donde alguna vez habitó el consagrado artista oaxaqueño Rodolfo Morales.
Acompañados de ese espíritu artístico que también se respira en la ciudad, dibujantes de distintas generaciones, géneros, culturas, oaxaqueños y fuereños de México o de allende las fronteras, somos convocados a crear junto con ella y el equipo de impresores dirigidos por Polo, quienes le echan a andar su pulso mecánico, la aceitan, le abren y le cierran llaves, la ajustan. Una vez preparada es admirada por locales y hasta por turistas, mientras trabaja su imponente fuelle como de locomotora y sus rodillos se bañan en tintas de color. Por sus prensas pasan las piedras previamente graneadas y luego trazadas con paciencia o impulso expresionista según el artista en turno, con detalle sutil propio del lápiz graso más fino o manchada por el golpe cargado que salpica con un pincel remojado en tusche.
Todo lo anterior se conjuga con la maestría de los talleristas que acidulan, tapan con goma arábiga y humedecen la piedra y los pliegos uniendo la inspiración de las musas con el trabajo de la manualidad humana y la fuerza de engranes, el soporte de la plancha, la presión de la prensa para lograr el siempre prodigioso momento de la reproducción material del arte sobre papel.
En esta exposición “10 Colectiva de individuales” los artistas le rinden homenaje a este espacio taller y galería de gráfica y le dan un respiro a la máquina J.Voirin y a sus acompañantes prensas de litografía y de grabado manuales, a las que también se les aprecia. Como si se tratara de sus contemporáneos modernistas, estas obras que se exhiben hoy son originales y conservan la manufactura directa en lápiz o pigmentos a pincel, aunque en sus procesos creativos, se haya echado “mano” de máquinas, como la inspiración de una fotografía emanada de una cámara o el haber pegado algún collage.
De nuestra creatividad dependerá que la piedra siga girando en tiempos de la Inteligencia Artificial.