FERNANDO AMAYA*
Los poetas mueren de olvido,
de niebla, de rasquiña.
Involucionan a mar, a sopa, a calenda.
Bien que pudiera uno estar triste
por la muerte de un poeta equis,
de burdel, de sonaja, de antología.
Pero la perra tristeza
no arriba como debiera,
con alas blancas, con sombras de draga oculta pero evidente.
Cae pesado saber que ha muerto
un poeta de mi territorio,
ignoro si era comunero
o prefería pagar predial en la luna.
Que si hablé con él, que si
hubo algún trato
de mono a mono,
supongo que no;
pues, si vino a practicar el nudismo
en mi patio, lo ignoro, no me enteré.
Por eso, hoy convoco
a quienes sí lo hicieron,
para que le lleven mis exequias
consistentes en un plato de frijoles,
una barcina de cantos
y un hato de totopos de cuarenta agujeros.
Salud por Salud, por sus sueños postergados y sus rebeldías,
por no ser blaseño como
yo hubiera deseado,
y por estas ganas de ponerme a llorar
que no se calman con lo dicho,
lo escrito y lo declamado.
Salud por todos los poetas;
pero hoy, especialmente,
salud por Salud.
Fernando Amaya es poeta, narrador y cantautor oaxaqueño.