ARACELI MANCILLA ZAYAS*
Este libro lleva tal título quizá porque es cierto que la aparición de un poema es como el de una luciérnaga que entra en la mente-corazón, lo que da lugar a la razón poética (concepto acuñado por la pensadora María Zambrano). La palabra lleva a un conocimiento filosófico desde la poesía. Algo se ve, se descubre o se revela con una mínima luz, de ahí pasa a la escritura, a la forma que le da el poeta. Mucho oficio se requiere para lograr que pensamientos profundos alcancen el tamaño de un haikú, esa forma japonesa de tres versos y diecisiete sílabas que llegó a la tradición de la literatura mexicana a inicios del siglo XX, en 1919, de la mano de un poeta que no olvidamos: José Juan Tablada. Algunas y algunos nos iniciamos en nuestra niñez en la lectura de poemas breves con los pequeños grandes hallazgos de este autor. Uno de mis favoritos es el siguiente: “Es mar la noche negra; la nube es una concha; la luna es una perla”. Este poema forma parte del libro UN DíA…poemas sintéticos, publicado por primera vez en Caracas, Venezuela.
Bajo ese recuerdo, con gusto recibo estas bacuzaguí, o luciérnagas, como se traduce la palabra al castellano, poemas de mínima luz de Víctor Terán, que al leer y releer me transmiten, en su intensa brevedad, esa emoción, idea o imagen que refulge y queda impresa en la mente como un destello para la reflexión y el gozo. Lograr esto no es tarea sencilla. Hay que trabajar con la precisión de un orfebre, como dice Jorge Magariño en el prólogo, para lograr las pequeñas joyas que nos obsequia el poeta Víctor Terán en este libro.
Dividido el poemario en tres partes, la primera lleva en castellano el subtítulo “Serpientes de luz”, un bello difrasismo que alude, en su origen en lengua diidxaxá, al relámpago. En este caso, la introducción es fiel a lo que encontraremos. Relámpagos que abarcan “lo infinito asido en la mano”, como el orientalista R.H. Blyth definió al haikú, según dejó dicho José Emilio Pacheco. Esto se expresa en treinta poemas que conjugan tradiciones juchitecas, cual el robo de la novia; sabiduría ancestral con relación a la manera de asumir vida y la muerte; visión cosmogónica ligada al sol padre, e incluso análisis literario. No falta la dosis de humor. En uno de estos haikús aparece el relámpago como el guiño de un ojo que la coqueta bóveda celeste hace a los hombres. En alguno más, el cultivo del maíz, el trabajo en la milpa, trae la dicha al hogar.
De este apartado selecciono el que sigue:
Liipe’ nga goqui,
cadi gusa’cu’ diuxi,
bizá’ yu’du’ xtiu’.
“Tú eres la divinidad,
no creas que es dios,
sal a construir tu reino”.
También me sumo a la verdad y al acertado homenaje que rinde el poeta a Cervantes, en el siguiente:
Biyubi xmane’
Sancho, ne guxo’ñenu,
ma zé’ ndi’ gabiá’.
“Busca mi caballo,
Sancho, y huyamos,
El mundo ya no tiene
compostura.”
La naturaleza, en cuya unidad con el ser humano insiste el haikú, según reafirmó el mismo José Emilio Pacheco en su libro de traducciones japonesas titulado Bajo la luz del haikú, aparece también en los relámpagos del poeta Terán:
Bibi’xhi’ guibá’
nexhe’ dxaga caxana:
nisadó’ bani.
“Cielo volteado
en actitud de parto:
mar océano”.
Este poema me dejó pensando en varias implicaciones posibles: me sugiere la aparición de la vida acuática y terrestre en los orígenes del mundo; también el movimiento incesante del universo submarino. Calma y tempestad en la superficie.
“Capullos de luz” es el subtítulo del segundo apartado del libro. En él los poemas tienen la forma de otra composición poética japonesa, la tanka. Con cinco versos, destacan aquí el erotismo, la sensualidad, el amor y el sentimiento de orfandad. El poeta aborda también preocupaciones sociales y políticas, como la migración, el consumo de drogas y la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa.
Escojo dos poemas de este grupo:
Gubidxa ne beeu
nandasaaca’ ma xadxí,
lii ne naa deru’
neeguepe’, ne mápeca
nalu’ guichagananu.
“El sol y la luna
llevan años acosándose,
tú y yo apenas
dos días, y ya te mueres
por juntarnos.”
Y:
Gudana’ nabe,
nabe nachonga yaga,
nadipa’ xhiiña’.
Beuu ri’ni’ huaxa riluí’
lú be ne ladxidó’ be.
“Toqué su mano,
su mano callosa
y fuerte de campesina.
Luna tierna, sin embargo, es
su mirada y corazón.”
En el primero aprecio la analogía del movimiento de los astros con el cortejo amoroso; en el otro, el contraste entre la aspereza terrenal y la ligereza lunar que crean la tierna imagen compasiva.
El último apartado del libro, “Pájaros de luz”, escrito en verso libre, se concentra en reflexiones sobre el proceso erótico amoroso, el sol, la noche y nociones como la verdad y el miedo; también en la situación del mundo, y la naturaleza de Dios y de la muerte.
Dos poemas:
Diidxa’
Diidxa’ ruyubi
gaca’ nandí’,
guiní’ diidxandí’.
Dxi laa riní’
ruyubi cadi
gusiguii.
Nga runi,
gasti’ diidxa’
huandí’,
guirá’ diidxa’ nuu
rusiguii.
LA PALABRA
La palabra intenta
siempre ser certera,
decir verdades.
Cuando habla
procura no
mentir.
Por eso
no hay certezas
solamente
incertidumbres.
—
Y éste:
Lii
Ca bisilana’ cha’hui’ bizalulu’,
guie’ xiñá’ rini guidiruaalu’,
ca xuba’ huiini’ quichi’ láyalu’,
ca guitu bidola xhídxilu’,
ca beelaxiaa dxitaxa’nalu’,
guendaxunu ladeñeelu’,
guie’xhuuba’ naxhi xquéndalu’,
ruuti yaa ca naa.
TÚ
Tus ojos nobles de capulín,
el tulipán encendido de tus labios,
los granos de maíz blanco de tu dentadura,
las calabazas redondas de tu pecho,
la carne algodonosa de tus caderas,
el mamey de tu entrepierna,
el oloroso jazmín de tu ser,
me matan sin piedad.
El primero, en su aparente sencillez, anuncia la imposibilidad de la palabra para fijar una idea en forma definitiva. El segundo expresa, a través de un brillante juego de metáforas el gozo carnal del cuerpo deseado.
Las cualidades de sugerir significados por omisión, de incorporar el paisaje, el cambio estacional y la naturaleza con su flora y fauna, propias de las formas japonesas de composición elegidas en sus dos primeros apartados por el poeta Víctor Terán, se cumplen, adoptadas a su cultura binnizá, sin dejar de incorporar la tradición literaria universal, pues hay aquí referencias a temas de Ovidio, Goethe y del Conde de Lautréamont.
Es reconocido que la brevedad, en prosa o en verso, no hace menor ninguna expresión literaria; en contrapartida, exige detalle puntual y agudeza; desechar envolturas innecesarias. Bacuzaguí alcanza, en conjunto, esta afortunada realización, en deleite de sus lectores.
La hermosa edición en diidxaxá se acompaña de la traducción al castellano y al inglés de los poemas, esta última realizada por el traductor y poeta David Shook. Da gusto ver esta bella publicación trilingüe publicada en una editorial oaxaqueña (FR Editor, Oaxaca de Juárez, 2025), acompañada por las delicadas y elocuentes ilustraciones de portada e interiores del artista Tomás Pineda Matus.
*Araceli Mancilla Zayas es poeta y editora oaxaqueña, autora de libros como La mujer del umbral (2016), Brazos del tiempo (2017), El último río (2019) y La casa del Ciervo (2022), entre otros.