Parto de esto: cualquiera puede llegar a ser un buen escritor: cualquiera, escribir carece de mérito humano, los escritores somos malas personas.
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La madrugada avanza, el frío come los huesos, muerde las entrañas. Me pregunto qué es aquello que me levanta de la cama y me ordena escribir
Nada.
Lo tengo claro: cada día crece en mí el deseo de saber qué tanto resiste mi voluntad, mi cuerpo esta terquedad que me lleva a escribir.
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Lo dijo Bukowski, mantén tranquilo lo tranquilo.
Avanza la madrugada. ¿Cuántos días de encierro llevo en esta habitación? No lo sé, tampoco me interesa llevar la cuenta de las horas, los días de mis esfuerzos en este infierno.
Solo entiendo que esto me tocó hacer, y lo hago.
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Lo dijo mi hermano mayor Nacho Ortiz, hay que ser tercos, hay que ponerse a prueba. Tener el gusto, saborear este pervertido gusto por arriesgar el físico, desafiar a las condiciones climáticas, ponerse en riesgo. Este es el hecho: habrá que meter palante, arriesgar la existencia, morirse de algo.
Entiendo que haya gente que escribe para publicar, de esos hay cientos, miles (en este país publican hasta los miserables políticos, el gobierno).
Quiero saber de alguien que decida hacerse escritor para probar la carencia, la vida precaria; para enterarse qué tanta miseria, qué tanta hambre está dispuesto a soportar.
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Qué escriban y publiquen los débiles, los que carecen de voluntad, los mediocres, los que buscan algún interés con las letras.
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Lo dice la noche y las estrellas que están arriba de mis hombros, me lo confirma el frío y el aullido de los perros ladran en la calle acosados por sombras y difuntos; lo dice la madrugada y lo dice la delincuencia que nos trae a mal vivir: escritor lo llega a ser cualquiera, cualquiera, incluso un ladrón, un traficante de licores, los abigeos. Cualquiera (así lo dice el maestro Faulkner).
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Escribir no tiene ningún mérito, por estos tiempos el mismo gobierno te paga por escribir; hacerlo está al alcance de los miserables (paremos ya con esto de mirarnos el ombligo, de repetir palabras sin sentido, de contemplar nuestra vidita que palpita entre el desempleo y la burocracia).
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Arriesgar el físico es lo importante, saberse vivo, ponerse en peligro, tentar el hambre y ser creativo pocos, muy pocos (sostener el ánimo hasta levantarte de la cama en la madrugada tiene mérito; pero aquello que se produce con esa voluntad a nadie le importa, a pocos, a muy pocos les interesa.
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Escribir novelas, cuentos, ensayos, artículos de fondo, poemas en verdad a nadie interesa, son actividades propias del grupito de miserables desadaptados, los cobardes. Paremos ya pues con esa actividad propia de ladrones, traficantes de licores, abigeos (así lo dijo el maestro William Faulkner).
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Siento frío.
Busco mantenerme más allá de los ladrones, los traficantes, los abigeos.
¿Qué tan resistente soy?, luego de tanta vida vivida qué tan vivo estoy.
Nunca llegaré a saberlo, pero será más mi duda si me resisto a hacer bien aquello que me tocó hacer en esta vida.