DONALDO BORJA*
La más bella de las solemnidades —canta el Pregón Pascual, un cántico que se remonta al siglo IV d. C.— es: esta noche, la noche de la Pascua de Resurrección. La Teología cristiana católica coloca la Resurrección de Cristo como el punto medular de su Fe que, de modo singular, terminó afectando a toda la historia del ser humano. Y bajo esta razón, Pablo de Tarso dirá: “Si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe” (1 Cor 15, 14).
[1]Con la llegada de los españoles en 1492 se abría al mundo precolombino una visión que en sí misma era un totum revolutum. El “encuentro” —si el término lo permite— entre ambas culturas, llevó a la primacía de una respecto a la otra. Así, la cultura europea, y con ella su fe, el cristianismo, se imponía respecto a la religión y culturas mesoamericanas —o al menos eso nos han hecho creer. Aunque, es imposible negar la profunda revolución que trajo consigo la llegada de los hombres del otro lado del mar, más que imposición, hubo una fusión genuina que abrió paso, primeramente, al mestizaje ideológico y, posteriormente, al mestizaje racial.
Así, tras la caída de Tenochtitlán en 1521, se irá abriendo el mundo mesoamericano, hasta crear una mezcla homogénea que hoy en día da razón de ser a la gama de tradiciones y ejercicios de piedad que sustentan no sólo la vida religiosa, sino la vida cultural de nuestros pueblos y del estado. Si para los mesoamericanos la religión era el vértice que sustentaba a las diversas civilizaciones, será ahora, el cristianismo el que sustente la vida de toda la época colonial, y desde luego, los tiempos actuales.
[2]En el templo de San Juan Dios, ubicado en la calle 20 de noviembre esquina con la calle de Aldama del centro de la ciudad de Oaxaca, se ubica una pintura que al ojo desconocido puede pasar sin aviso. En dicha pintura se plasma la primera misa celebrada en tierras oaxaqueñas, a la sazón relata el Padre José Antonio Gay: “El ejército invasor [los españoles] se detuvo a la margen del Atoyac [teniendo en cuenta que el cauce del río fue movido posterior a este evento], en el lugar que se ocupa el pueblo de Santa Anita, y debajo de un árbol de huajes, el sacerdote clérigo Juan Díaz, que acompañaba a las tropas expedicionarias, celebró la primera misa que se dijo en Oaxaca” (Historia de Oaxaca, Porrúa, 2024, p. 184).
Con esto, el primer acto religioso se remonta a 1521, pero, será hasta la conquista espiritual, emprendida por Franciscanos y Dominicos que, al menos en Oaxaca, se tendrá una presencia más real de la fe cristiana católica. Así, para 1528, llegarán los dos primeros misioneros dominicos a Oaxaca: Fray Gonzalo Lucero y Fray Bernardino de Minaya. En palabras de Fray Esteban Arroyo, Lucero y Minaya, tuvieron como misión repartir el evangelio en estas tierras, construyendo su primera iglesia el 24 de julio de 1529, el actual exconvento de San Pablo ubicado sobre la calle de Independencia. Fray Gonzalo Lucero, aprendió la lengua de los indígenas, y con ella, la forma de pensar de aquellas mentes que recibían el evangelio.
[3]Es evidente y propio pensar, que los primeros evangelizadores tuvieron que inventar una posible “pedagogía evangélica”. Así, los dominicos, no hay certeza de quién fue, introdujeron las marmotas, en las cuales colocaba dibujos de Jesús, de la virgen María, y estos eran proyectados por una vela que en centro del carrizo se colocaba, de tal manera que funcionaba como un proyector primitivo, hoy, su uso es totalmente diferente, más decorativo de las calendas. También, implementaron el rezo del rosario, y las pequeñas cofradías, como la fundada en 1673 en la parroquia San Bartolo Coyotepec y que pertenecía a la Doctrina de Zaachila Oteozapotlán (Teotzapotlan) de la cual queda memoria en el acta de fundación que se encuentra en el Archivo General del Estado de Oaxaca.
Todas estas actividades genuinas, fueron uniéndose y enriqueciéndose con las tradiciones prehispánicas, hasta formar ejercicios de piedad popular: “El sentido religioso […] [que el] pueblo cristiano ha encontrado, en todo tiempo” (Catecismo de la Iglesia Católica 1674). Con ello, en la historia de la Oaxaca, sumamente unida a la colonización por parte de España, se enlaza con la exaltación de una fe viva que vive en los colores morados y blancos de las cadenas de papel de china; en el color negro de luto y duelo de la Virgen de la Soledad al Pie de la Cruz; en la representación del vía crucis los Viernes Santos, así como las marchas del silencio que salen a manifestar que Jesús ha muerto.
Todos estos colores que se encuentran en los reboZos que cubren las cabezas de las ancianas, los sombreros al pecho de los hombres adultos, no son más que toda la carga histórica que recae sobre nuestros hombros, desde la unión del cristianismo y lo prehispánico, en aquel remoto 1528 cuando llegaron los primeros evangelizadores, que hoy caminan a los 500 años de haber llegado Oaxaca, nos comprueba el testimonio de la Resurrección de Cristo en una predica que vive en la piedad y la cultura.
Donaldo Borja estudió la licenciatura en Filosofía en el Instituto de Estudios Superiores Tomás de Aquino (IESTA) y actualmente estudia la Licenciatura en Historia en la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Ha publicado cuentos, ensayos y artículos. Ha traducido algunos poemas del poeta Óscar Oliva del español al latín. Ha participado en el programa colectivo Carruaje de Pájaros en la radio de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH) de 2016-2018. Fue coordinador de la prensa escrita en el Centro Internacional de Prensa (CIP), durante la visita del Papa Francisco a México 2016. Creador y director del programa de Radio y Podcast Tertulias en la azotea dependiente de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO). Ha sido profesor los niveles básico, media superior y superior.