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Cinéfago: Retirarse a tiempo también es ganar

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Avengers Endgame | Un caballero y un revólver

     Deje todo y corra a verla
    No se la pierda
   Vale la pena
  Puede verla
 No se moleste
•Evítela como la plaga

El Plato Fuerte

⋆ ⋆ ⋆ ⋆ No se la pierda

Pasó sólo un año pero parecieron cinco. Desde que Thanos cambió el mundo con un sólo chasquido de dedos en Avengers Infinity War (2018), sabíamos que el inicio del final había comenzado, y que Avengers Endgame (2019) no sólo era el final de una historia contada en 22 películas alrededor de 11 años, sino que a partir del minuto 182 nos convertíamos, entre risas y llanto, en testigos de una era que ha culminado, que fue, y que no sabemos si volverá a ser.  

[Aunque todo apunta a que ahora el Universo cinematográfico de Marvel (MCU)  exploraría un equipo femenino, tal y como lo vemos en la mejor escena de Endgame cuando Capitana Marvel comanda un frente de súper heroínas junto con Okoye, Iron Woman, Bruja Escarlata, Valquiria (quizá mi favorita), Mantis, la Avispa, Gamora, Shuri y Nebula <3].

Todo el Power Girl

El MCU tuvo una década en curva de aprendizaje que tras muchos aciertos y errores supo aplicar y equilibrar, reservando, algo que parecía imposible, lo mejor para el final; no sólo rellenado espacios vacíos que habían quedado como la ausencia de Ojo de Halcón o de Ant-Man en Infinity War, o haciendo que personajes secundarios como Nebula o Natasha (Viuda Negra) pasarán a un primer plano mediante el acto de sacrificio que las redime, sino dotando a cada uno de sus súper héroes de la dimensión dramática, cómica y/o de acción exacta que se requería para hacer de este final algo épicamente inolvidable.

Y cómo no, si a lo largo de la cinta la historia ofrece al espectador momentos que asombran para bien o para mal: un Thanos decapitado y muy pasivo, un Iron Man con síndrome de Casandra (“Si te digo, no sucederá”), un Capitán América digno del martillo Mjolnir, un Thor con panza cervecera (excelente escena final con Star-Lord) , una Viuda Negra olvidada por todos aquellos por los que murió (“No juzgo a las personas por sus peores errores”), una Capitana Marvel que aparece justo cuando nadie se acordaba de ella, un Spider-Man que al reaparecer conmueve tanto como cuando desapareció, un Loki con una presencia tan mínima que todo indica que sólo fue para deleitar la pupila de las fans, un Ojo de Halcón que hace justicia por propia mano casi al puro estilo de Thanos (¿no merecía morir él en Vormir?), un Doctor Strange que abre portales espacio-temporales convenientes y que con un solo dedo y una mirada dice más que cualquier diálogo, una Nebula que nos demuestra que nuestro oscuro pasado no impide un lumínico futuro, un Ant-Man que comprueba que el tamaño sí importa, un Máquina de Guerra que al igual que Pantera Negra, Okoye y Falcón sólo cumplen con la cuota racial, una Pepper Potts tan indiferente con la muerte de Tony que parece ¿no amarlo? Un Bucky Barnes (Soldado del Invierno) que sólo avienta unos cuantos balazos, un Anciano (Tlda Swinton) que nos explica con gemas y manzanas cómo funciona el flujo temporal, un Hulk que ha logrado combinar su fuerza con la inteligencia de Bruce Banner, y un Harold “Happy” Hogan con la peor escena de la película: cuando después del tunel  lo único que se le ocurre decir a la hija de Tony Stark es que si quiere comer hamburguesas; vaya forma de dar un pésame.

“Te amo tres millones”.

Aún con sus huecos de guion, Avengers Endgame resulta una pieza de entretenimiento puro al apostarle no sólo a las secuencias de acción como su columna vertebral, sino ejecutando en el primer tercio de la cinta un tono lacrimoso y melancólico que dotan a la trama de un sistema nervioso que enfatizará lo emocional, al ver cómo los personajes padecen durante cinco años la ausencia y su derrota en contraposición con un Thanos orgulloso de lo que hizo (“Soy inevitable”). En un segundo tercio la película apostará por un tono más cómico a cargo de Thor (en modo Lebowski) haciendo de su autocompasión un motivo recurrente de chiste, aunado a un siempre impertinente pero cómico y eficaz Ant-Man, que junto con el humor ácido de Rocket, harán que las penas con risas sean menos.  Anudando a esto  Endgame apuesta por los viajes en el tiempo como la llave que abrirá el candado dramático, herramienta que le permite retomar escenarios vistos en otras películas del MCU: Nueva York 2012, Asgar 2013, Morag y Vormir 2014, y si no fuera suficiente, New Jersey 1970, provocando nostalgia en el público que recordará haber visto esos escenarios en películas pasadas, y euforia entre los fans que sabrán con exactitud a qué parte de la línea de tiempo Avengers pertenece cada contexto; que dicho sea de paso, presentará las paradojas propias que todo viaje en el tiempo requiere: un futuro que no debe modificar el pasado pero que al menos logra reconciliarse con él: Thor y su promesa a su madre Frigga, Tony y sus palabras con su padre Howard Stark, Gamora y su hermanamiento con Nebula, o Cap y la posibilidad de poder vivir la vida marital que siempre quiso con Peggy Carter. (¡Viva el tradicional modelo familiar!).

Así pues, el último tercio del filme enfatiza la batalla más esperada por el público, que gracias a unos barrocos pero depurados efectos visuales, logran poner ante los ojos del espectador la lucha más épica que el cine de súper héroes haya conocido hasta hoy, y que sólo unos cuantos habían visto en comics. Ni un ápice le sobra a toda la secuencia final, 21 películas fueron suficientes para entender en un solo cameo el súper poder de cada uno de los que se dan cita en esta afrenta, haciendo que todo lo acumulado en estas 21 aventuras previas culmine con otro, simple pero significativo, chasquido de dedos, que no sólo vencerá al enemigo (¿o sea que matar impunemente a “los malos” sí está bien?), sino que vengará a los caídos y culminará con una batalla que inició hace de 79 años cuando (cronológicamente hablando) en 1943 apareciera el Capitán América: el primer vengador. Un chasquido de dedos que culmina una epopeya, pero sobre todo, que sella toda una época.

“Vengar a los caídos” .

Tampoco es que Avengers Endgame sea lo mejor que le haya pasado al cine, pero su características como fenómeno cinematográfico sólo se equipara a lo sucedido en su momento con Tiburón o Star Wars,  donde la gente se apropiaba de un filme ya sea haciendo interminables filas o comprando todo tipo de suvenires. Así que la hazaña de contar una historia en una veintena de películas a lo largo de una década en una época de sobreproducción de películas chatarra, era quizá la mejor y más redituable estrategia de hacer que el público se sintiera parte de algo (o en contra de ello, que siempre es una forma efectiva de publicidad), representando en el consumo de la industria del entretenimiento actual, queramos o no, parte del Volksgeist («espíritu del pueblo») cultural y económico que ha marcado la primera parte del siglo XXI, y por el que seremos recordados.

El Postre

⋆ ⋆ ⋆ ⋆ No se la pierda

El mítico actor Robert Redford escogió Un caballero y un revólver como la cinta que sellaría su legado actoral, así que mientras unos lloran por un superhéroe de metal que conocieron hace apenas 11 años, unos más se despidieron este fin de semana de un histrión, de los pocos que quedan, que dio vida a la pantalla grande desde 1959. La despedida fue doble, pues hay quienes lo vimos el mismo fin de semana tanto en Avengers Endgame (2019) en su papel de Alexander Pierce (que ya había interpretado en 2014 en Capitán América: El Soldado del Invierno), como en el personaje del famoso ladrón Forrest Tucker en Un caballero y un revólver.

No de en balde  Redford escogió a Tucker como su último personaje, pues cumple con todo el aire elegante, caballeresco y encantador que también han caracterizado al actor californiano, pero lo más curioso es que Redford parece gozar el estar bajo la piel de alguien que no precisamente promovió los valeres más edificantes de la época, lo que le permiten mostrar su capacidad actoral sin la preocupación de tener que hacer una película pretenciosa, pues de entrada la historia de Tucker ya es bien sabida, así que lo importante no es el destino, sino saber disfrutar el trayecto. 

El último disparo actoral de Robert Redford.

El director David Lowery (A Ghost Story, 2017) aprovecha a su actor y propone una narrativa que se centra en el ocaso del ladrón, justo en la coyuntura en la que tras varias años de robos y 18 históricas fugas de cárceles como Alcatraz o San Quintín, Tucker parece encontrar en Jewel (Sissy Spacek) una oportunidad de sentar cabeza y culminar sus días con la tranquilidad que a veces puede ofrecer la vejez; y que justo cuando parece haber evadido a ley y haber encontrado la estabilidad del amor matusalén, al igual que el Sargento William James en Zona de miedo, hay algo que la vida convencional no le ofrece y que en su caso sólo encuentra en la adrenalina de robar un, dos, tres, cuatro bancos, eso sí, sin disparar una sola bala.

Lejos de dramatismos o fatalidades, Un caballero y un revólver nos presenta una historia que apuesta por a una dirección sobria pero eficaz, y una actuación sencilla pero sabía, apostando más por una secuencia de escenas en flashbacks que recopilan algunos fotogramas de películas del propio Redford, que secuencias de acción que se podrían esperar del subgénero de películas de robos. Así que no importa si estamos ante la mejor película o la mejor actuación de Robert Redford, o no, lo relevante es que fue la historia que él eligió para despedirse, algo que muchos no saben o pueden hacer. Estamos frente al ocaso de una estrella de la que vimos su luz y su ocaso, una estrella sabe que retirarse a tiempo también es ganar.

NOTA: Un caballero y un revólver sólo estuvo una semana en cartelera, pero este Cinéfago considero necesario escribir algo al respecto, pues las películas al igual que la personas, un día están, y al otro día te enteras que se han ido.

*Cinefágo: El que tiene el hábito de comer y devorar cine.

#NosVemosEnElCine




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