Hace tiempo creo que el mes de febrero es un diciembre 2.0. Con el pretexto del amor y la amistad el estómago paga las cuentas, no siempre monetarias, de las tan evidentes y bien mercadeadas muestras de afecto, sin embargo, el trasfondo siempre es el amor, y viene a mí una historia de tal por un par de viejos conocidos, protagonistas de un real cuento de amor.
Un frío corazón puede malinterpretarse, abrirse al entendimiento de cada quien, en este caso, se lo garantizo, es completamente diferente.
Sinaí y Erick son dos personas a quienes el significado de las palabras amor y dedicación siempre harán referencia. Los conocí en una feria de emprendedores, siempre con una sonrisa en el rostro y desde la primera palabra sientes su amabilidad, sientes un apapacho, y te comes un corazón. Le aseguro querido lector que no se trata de una historia de canibalismo, por el contrario, el topping de sus creaciones siempre lleva un pequeño corazón de galleta.

Me contaron en una ocasión que desde que se conocieron se enamoraron y estaban seguros de que harían lo mejor el uno por el otro, que serían esa increíble historia de amor, que se abrazarían en cada saludo, se apapacharían con la mirada.
Producto de su amor tienen dos increíbles hijos, niño y niña, sus clones por decirlo de cierta manera, los cachetes de su madre y la mirada de su padre, pero la creatividad y el ingenio de ambos. Juegan y se divierten y son su prioridad, el top de sus esfuerzos.
Producto de su amor, y no solo entre ellos, sino el amor a sus raíces, a sus padres y a salir adelante es lo que me tiene ante ustedes escribiendo hoy. Lazduá es una empresa familiar, una nevería tradicional para ser más exactos, en la que el corazón es helado pero los sentimientos son ardientes, puros y sinceros. Siguiendo la tradición heredada de sus padres, Erick, en complicidad con Sinaí, erigieron algo nuevo, innovador, pero a la vez único y tradicional.
La primera nieve que probé de ellos fue de zarzamora con queso crema, básicamente un untuoso pay hecho nieve, helado, perfecto. No había vez que no los encontrara y no pidiera un vasito a tope con este contenido. Me declaro un romántico empedernido y me enamoré de este sabor de inmediato, aunque con el tiempo fui tentado con algunas otras de sus creaciones, y no me arrepiento de ello, hoy no podría definir un solo ganador.

Durante las calurosas primaveras y los desafiantes veranos las nieves Lazdua están en boca de todos, son lo mejor, no existe similar. El limón cremoso, el maracuyá en su punto, la de vino tinto con arándanos es un manjar, pero lo mejor, a mi forma de verlo, es cuando la nevera termina. En otoño se antoja algo más caliente, un chocolate quizás, con un pan de yema y el invierno no se diga, sobre todo si el día se antoja nublado y frío, lo que entendemos por corazones helados realmente, es el momento apropiado para disfrutar de un buen helado, de una nieve.
Cada momento en que los visito da la casualidad de que llueve, hace frío, o corre un viento tremendo, y lo agradezco enormemente. Prefiero que haga frío para disfrutar de una buena nieve, tal como prefiero tomar un buen café a punto de hervir en un verano en la playa, o en el abrazador calor del desierto, apuesto a que usted que me lee puede que le resulte extraño, pero son placeres que pocos entienden, y si usted es de los míos, lo entiendo perfectamente mientras sonríe y asiente con la cabeza.
Erick me contaba una vez mientras me aventuraba a probar cada sabor que tenían disponible en lo que propiamente llamamos una degustación, que sus padres le enseñaron el oficio y que él sin duda lo heredará a sus hijos. Y no porque sea una imposición sino porque uno debe amar lo que hace, como ama lo que come, o ama a quienes le acompañan.

Lazduá está por eso adornada con hermosos y variados corazones de hojalata, en una céntrica calle de Tlacolula de Matamoros, a unos 30 minutos bien pisados de la ciudad. Si usted ha respetado las reglas de lo que es amar a distancia entiende que el viaje siempre lo vale para llegar a donde tu corazón se siente a gusto y feliz. El corazón y el estómago, entiendo yo, son dos de las cualidades más complejas de contentar, no se satisfacen fácilmente y no hacen match con cualquiera.
Las manos que obran con amor hacen posible ese amor en quienes de una forma u otra consumen aquella obra.
Hoy en día el amor está en crisis, se ocupa el término para todo y no se ama de verdad, no se procura ni se construye, es tan pasajero como un estado de Instagram y desaparece en cuestión de horas. Con esto en mente, me es extremadamente grato cuando el ingrediente principal, el proceso largo y bien sudado, el sabor está bien aderezado con amor, y es que ¿quién no se enamora por el estómago?