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Seis mexicanos, uno oaxaqueño, relatan su cuarentena en España

FERNANDO P. ARDERIUS

OAXACA, Oax. (sucedióenoaxaca.com).- Era mediados de marzo cuando el que escribe estas líneas se encontraba pasando unos días de vacaciones en Puerto Escondido.

Con una cerveza en playa Coral, estaba leyendo algunas noticias de mi España natal que empezaban a perturbar mi tranquilidad. No imaginaba lo que nos tocaría vivir. De eso hace ya dos meses.

«En un principio lo que escuchaba y veía por noticias e internet me sonaba algo muy ajeno para mí, me sentía »alejado» del peligro, cosas que pasaban en China. La verdad nunca fui tan consciente hasta que vi lo de Italia, que luego se vio reflejado aquí. Más que el virus, la incertidumbre venía de no saber qué iba a pasar despué,s y qué era lo que teniamos que hacer», explica Esteban Román Mejía, arquitecto de 31 años originario de Ciudad Juárez, afincado en Pamplona, Navarra.

Desde el primer caso confirmado de COVID-19 el 31 de enero,  los enfermos por coronavirus no dejaron de aumentar. Fue el 13 de marzo cuando el presidente español Pedro Sánchez (PSOE) anunció que se decretaba el estado de alarma en el país.

Si salías de tu domicilio en un «desplazamiento no autorizado sin circunstancias concurrentes» , te arriesgabas a una sanción de mínimo el equivalente a 15 mil pesos que podían llegar incluso a ser 27 mil. En un mes, las propuestas de sanción ya rozaban las 600 mil.

«En las primeras semanas y en las semanas del pico [se llegó al máximo de 950 muertes solo el 2 de marzo] el ambiente era sumamente enrarecido, se sentía una fuerte desconfianza hacía los otros y, creo, eso hacía que no fuera agradable salir. Ese ambiente influyó en que las salidas mermaran mucho», cuenta desde Barcelona el profesor universitario oaxaqueño Raúl Navarro Zárate, de 38 años de edad.

«Los días más difíciles eran cuando ansiedad, estrés y tristeza te ganan hasta explotar el llanto; la incertidumbre de no saber cuál es nuestro siguiente plan, si regresamos o no a clases, si nos quedamos en España o nos regresamos a México… Lo único que nos detuvo era el riesgo de contagiarnos en el camino y llevar el virus a nuestros familiares», explican Merit Arias y David Lobato, ambos de 32 años y estudiantes de máster en Barcelona.

«Al principio salíamos nada más para tirar la basura enfrente de nuestro edificio, solo podían salir personas con perros y nosotros no tenemos. A partir del 2 de mayo se pudo salir una hora al día a hacer deporte al aire libre, aprovechamos y salimos diario por las mañanas o noches a correr», cuenta esta pareja de la Ciudad de México.

Por suerte, parece que las estrictas medidas comenzaron a funcionar, y el lunes 19 de mayo se llegó al mínimo de 59 muertes en un día, con un total de 27 mil 709 fallecidos totales a principios la semana pasada en España a causa del Covid-19. Por ello, se han ido relajando las limitaciones y se está produciendo una «desescalada» en ellas para alcanzar la denominada «nueva normalidad».

Una nueva realidad que tendrá nombre de crisis sanitaria, social y económica. El Producto Interior Bruto de España ya ha caído un 5.2% en el primer trimestre de 2020 y los datos de la Encuesta de Población Activa del 28 de abril son los peores desde 2013, con una tasa de desempleo del 14.41%, seis décimas más que el trimestre anterior, llegando a un total de 3 millones 313 mil desempleados.

Uno de ellos es Jalil Majul, natural de Taxco. «Mi futuro profesional está en un punto muy delicado porque soy musicoterapeuta y profesor. La musicoterapia va a ser difícil de ejercer después de esto de forma presencial. Pienso que, en general, el psique de las personas es muy frágil en estos momentos y creo que de pronto va a comenzar una campaña feroz de publicidad de recuperación que va a hacer que la gente se olvide rápido de las lecciones que nos ha dado esta situación», argumenta este joven de 30 años residente en Madrid.

«Aterrada» por su futuro profesional también se muestra Montserrat Homs, de 28 años, afincada en Madrid junto a su marido oaxaqueño. «En España antes de esta crisis todavía se sentía la crisis pasada. Es difícil encontrar trabajo en tu área. Tienes que comerte prácticas aún con experiencia profesional y formación académica de posgrado. Supongo que intentaré buscar opciones, pero también estoy abierta a mudarnos a otros países», explica esta joven de Guadalajara que tras haber contraído el Covid-19 se ha recuperado.

«La enfermedad sí existe y no, no es una gripa. Me gustaría decirle a los lectores mexicanos que se cuiden. Que si pueden quedarse en casa se queden, es un esfuerzo colectivo y civil. Que si pueden ayudar a alguien más a comer que lo hagan. Que no se mortifiquen demasiado, que de esta crisis salimos todos juntos. Que aprovechen el tiempo para hacer las cosas que siempre quisieron hacer y no podían por falta de tiempo. Que no se preocupen del futuro, sí será difícil pero pasará, como todo. Que quieran mucho a quienes quieren. Y que agradezcan mucho por lo que tienen», concluye Montserrat.




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