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Cinéfago / Hay de venganzas a venganzas: El cliente – Animales nocturnos

JOSUÉ SALVADOR VÁSQUEZ ARELLANES

El entremés

El viernes pasado Oaxaca Cine proyectó El cliente | The Salesman, (2016), del director iraní Asghar Farhadi. Si no pudo o no quiso asistir porque no pudo o no se quiso enterar (algo improbable en esta era de los medios), ¡arrepiéntase y aborrascase!, se perdió una de las mejores y extraordinarias películas de este año, y posiblemente de los últimos tiempos. Ruegue, ruegue porque esta joya logre llegar a cartelera.

Y si se considera un (respetable) amante del cine, haga todo lo (im) posible para verla y hágase un favor en su vida como espectador; hágale un regalo a su espíritu. Empeño mi palabra que no logrará despegarse de la butaca y que no podrá de dejar de pensar en ella por días, o por el resto de su vida; al menos como espectador.

Si pasa lo contario, léalo bien, éste cinéfago deja de publicar. Apúntela, aún es tiempo de tener un buen propósito de año nuevo.

El plato fuerte

La nocturnidad se refiere al ciclo de comportamiento en que un animal es más activo durante la noche que durante el día. Los seres humanos estamos más familiarizados con los seres vivos diurnos, mientras que los animales nocturnos son nocturnos o para evitar a sus presas o para que sus presas sean más vulnerables. Así mismo, muchos animales nocturnos desarrollan los sentidos del oído, el olfato y la visión que se adapta a la oscuridad.

Ahora, imagine que va en medio de la carretera con su familia y que de pronto un viaje que se dibujaba tranquilo, se ve perturbado por otro auto en el que viajan tres tipos; todo esto claro, en medio de la noche, cuando unos son más vulnerables y otros se sienten más fuertes por conocerla, por vivir en ella, porque es la hora ideal para que algo no se vea.

A Tom Ford (Single Man, 2009) le toma menos de veinte minutos para mantenernos a la expectativa de lo que puede pasar en un historia que está dentro de otra historia, el llamado meta relato. Lo curioso es eso, que todo parte de una novela que se está leyendo, y damos por hecho que lo que vemos es lo que lee Susan (Amy Adams), lo que marcará desde un inicio la relación que habrá entre el plano de lo escrito con lo vivido, entre el plano de lo ideal con lo real.

La estructura narrativa en que está contada la historia permite ir conociendo, de forma inversamente proporcional, cómo será el desenlace de la familia atormentada en medio de la noche, y el inicio de una relación que parece haber terminado hace 19 años. Y en concreto, lo que nos alentará a seguir viendo la historia es para enterarnos de la forma “brutal” en la que Susan terminó a Tony (Jake Gyllenhaal), y los posibles motivos de por qué Tony le dedica ahora está su primera novela pese a estar separados.

Así que flashbacks, cortes abruptos de los hilos narrativos, que serán intercalados y aderezados con música de suspenso, serán recubiertos por una estética casi impecable en donde se hace una mofa obvia de la clase aristócrata contemporánea, de sus filias y comportamientos algo extravagantes, sino es que raros; como si la idea fuera que los “animales” diurnos son más sintéticos de que los nocturnos, aunque los diurnos sean más simpáticos y elegantes que los otros. “Nuestro mundo es mucho menos doloroso que el mundo real”, confiesa uno de los personajes.

Aunque no es necesario obviar estos contrastes cuando se pretende hacer una “crítica” de ello, pareciera que el director está empeñado en que lo entandamos así casi de forma didáctica, lo que hace recordar la estética impostada que usa Nicolas Winding Refn en Demonio Neón. Pese a ello, la historia se desarrolla fluidamente y lo mantienen a uno lo suficientemente interesado para llegar al final y conocer el desenlace de ambas historias.

Por otra parte, ya casi rayando en el melodrama, si alguna vez ha sufrido alguna ruptura amorosa, o recuerda cómo fue el primer amor y la ruptura de éste, es otro elemento que nos permitirá llegar al final y saber qué pasa cuando dos exesposos, (ella curadora de arte contemporáneo, él ahora escritor consumado) se citan de nuevo tras 19 años de separación; el con una novela dedicada a ella y ella con problemas en su perfecto matrimonio. Porque “cuando tienes a alguien lo debes hacer funcionar, no sólo lo desperdicias”.

Quizá esto hace que el final mismo posea un elemento incoherente (al menos para este espectador). No le daré spoiler, sólo preste atención a la información que se le da a Susan en el minuto 3:40 del inicio; pareciera un tanto absurdo entonces que teniendo esa información y un iPhone última generación, ella ante la presente situación, no la ocupe. Al menos que esté nuevamente resignada a su triste pero glamuroso destino, acompañado de un siempre elegante old fashión.

El postre

En El Cliente lo que veremos no es una venganza, al menos no convencional, ni tampoco una redención, pero la forma en que se ‘amarra’ el nudo del conflicto y del desenlace, lo incitarán a no querer dejar de ver hasta el final para liberarse de toda esta tensión que le transmite esta historia humana y visceral. Aunque tampoco espere un final convencional.

Por su parte, Animales Nocturnos parece mantener latente el tema de la venganza todo el tiempo, pero pese a lo que usted pueda esperar donde la venganza se vuelve un acto no tan fácil, o más complejo de lo que parece, donde el protagonista se cuestiona o se convierte en alguien totalmente distinto lleno de instinto, en esta ocasión la venganza se resuelve de una manera convencional pese a tener un buen detonante en la expresión: “¿Qué tan serio pretendes que se haga justicia. Qué quieres que le haga a Ray?”.

Querido lector(a), debo aclarar que me hubiera encantado hablar más sobre la película El cliente | The Salesman, pero la ética de éste cinéfago le impide hablar de películas que usted no pueda conseguir para confirmar o refutar lo que aquí se escriba. Por eso es que se tratará de escribir siempre de películas que estén a su alcance al menos en cartelera.

@josuevasare

Cinefágo: El que tiene el hábito de comer y devorar cine. #SeValeLaGula

 




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