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Las mujeres y Tamayo / Una mirada de Tamara León

TAMARA LEÓN*

Para J. Tostado

No es desconocido que la obra creativa del maestro Rufino del Carmen Arellanes Tamayo (Oaxaca, 1899 – Ciudad de México, 1991) fue enriquecida e inspirada por una de sus mayores aficiones: la admiración y conservación del arte prehispánico. Como gran conocedor de la estética precolombina, claramente la vemos representada en todas sus creaciones.

Deidades prehispánicas, hombres y mujeres de la nueva era, el dios de la dualidad, mitos de figuras que son simultáneamente femeninas y masculinas son simbolismos que se hacen presentes de manera figurativa en la iconografía de Tamayo pero también en sus colores, en sus formas y en sus texturas.

Las diosas se hacen presentes. También la primera mujer en formas geométricas definidas por blancos, negros, símbolos femeninos asociados a la luna y a la noche más otros símbolos masculinos atribuidos al sol. Esta simbología confluye en el origen de todas las cosas, en un principio dual, el masculino y femenino donde que nacieron los dioses del mundo con los hombres junto a las mujeres.

En la obra de Tamayo también vemos asociados los colores con los mitos y las personas. Así, el negro, el azul, la noche, la mujer, el rojo, el hombre y el día se mezclan para construir sabiduría. La luna y el sol, la noche y el día son elementos que anteceden a todas las cosas que conocemos.

La presencia femenina en la obra de Rufino Tamayo es figurativa y también la encontramos en los símbolos y colores que el artista plasmó en su vasta obra durante toda su etapa productiva.

Cinco mujeres artistas son quienes participan en la exposición, convocada por la curadora y promotora de arte Nancy Mayagoitia, Homenaje a Tamayo, para conmemorar 30 años de la muerte del maestro oaxaqueño, en el que 30 artistas plasman su admiración por medio de sus creaciones y técnicas en sandías, elemento característico de la obra del maestro, con medidas de 2 metros de ancho por 110 de alto con una base de 45 centímetros.

Fotografía: Vittorio D’Onofri.

Fotografía: Vittorio D’Onofri.

En una rebanada de sandía la artista Miriam Ladrón de Guevara (Ciudad de México) contiene la inmensidad del mar, entre pulpos, helechos y corales hay una mujer, una pescadora acompañada por la luna y su conejo, no sabemos si la luna es un reflejo o es la diosa que bendice la pesca. Del otro lado de la sandía, con una técnica impecable, la maestra habla con símbolos: vaginas, semillas, creadoras del mundo entero.

Fotografía: Vittorio D’Onofri.

Fotografía: Vittorio D’Onofri.

Ana Santos (Oaxaca, 1978) recuerda las palabras del maestro Tamayo: “el arte es universal y el artista debe tener libertad” en un claro homenaje invocando la obra “Perro ladrando a la luna” o todas sus versiones y ahí están esos símbolos de los que hablamos, una presencia femenina en el cielo, en la noche, con esos negros que unen constelaciones animando el espíritu. Del otro lado, vemos la obra interdisciplinaria, con símbolos compartidos entre figuras y palabras enriquecidos con las texturas que acostumbra la artista desde sus primeras intervenciones en espacios públicos.

Fotografía: Rubén Tenorio

Una mujer en un baño de luna es la obra con la que la maestra Josefa García (Guerrero, 1965) hace presente la simbología de Tamayo. La luna, la noche y el sueño se mezclan en esa mujer primera, la mujer del origen del mundo y de sus cosas que se baña de coral para vestir con su rebozo de niebla.

Fotografía: Rubén Tenorio.

María Rosa Astorga (Chile 1966) nos ofrece abiertamente esa dualidad que mencionamos. Si, a la sombra de los árboles también se encuentra la oscuridad de la noche, esperando a que la rompa el día. El sol y su luz para ofrecernos la certeza de las cosas del mundo, que están y estarán cada día, todos los días en que el sol aparezca para complementar la vida, completar lo que existe del universo enriquecido con la dualidad de la vida y de la muerte, de lo humano y lo irreal.

Fotografía: Vittorio D’Onofri.

La obra de Ivonne Kennedy (Oaxaca, 1971) es una rebanada de sandía que podemos ver por muchos lados: nos muestra a la mujer plenamente conectada con ella misma en comunión con la noche, sentada en la luna, figuras impecables bellamente distribuidas en una rebanada de sandía, en un todo. Escritura de las diosas, constelaciones suspendidas en la bóveda.

La colaboración de artistas mujeres en el Homenaje a Tamayo 30 años, 30 artistas, es bastante afortunada. La obra del maestro Rufino Tamayo muestra la presencia femenina constante, el complemento del hombre, la fuerza de la dualidad que hacen a un artista completo, universal.

*Tamara León es poeta, curadora y crítica de arte oaxaqueña. 

Nota de la Redacción: La imagen de portada del maestro y Olga Tamayo disfrutando de sus sandías, es una cortesía de Sergio Santamaría. 



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