ECUESTRE 1

Presentó Fernando Aceves Humana su Carpeta Ecuestre

OAXACA, Oax. (sucedióenoaxaca.com/vía COMUNICADO).-  Este miércoles se presentó en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) la Carpeta Ecuestre, compuesta por cuatro litografías del artista Fernando Aceves Humana, y texto del escritor Pablo Soler Frost, diseñada por la editorial Gatopardo e impresa en su totalidad por Daniel Barraza y su equipo de impresores del Taller La Buena Impresión en Oaxaca.

La presentación estuvo a cargo de Alejandro Legorreta, Daniel Barraza, Pablo Soler Frost y Fernando Aceves Humana, moderada por la escritora Karina Sosa.

La conexión y amistad de Fernando Aceves con los caballos, datan de su temprana infancia en el criadero de su familia, desaparecido hace décadas tras fallecer su abuelo.

Las imágenes ecuestres que vemos en esta carpeta son resultado de una estancia en el Rancho Santa Rosa donde también realizó una serie de dibujos y óleos conviviendo con las manadas de caballos y registrando a cielo abierto sus conductas sin la presencia humana.

Las litografías, óleos y dibujos preparatorios muestran la vida cotidiana del rancho y la admiración del pintor por la conexión mental y física entre jinete y caballo durante los entrenamientos de salto. Una experiencia entrañable en una tierra que ha visto nacer a al menos quince generaciones de equinos.

En el texto de Pablo Soler Frost encontramos estas referencias literarias que completan la emoción de las litografías:

“El caballo sigue allí, para quien lo busca. Es cierto que han dejado de ocupar vastas extensiones de la realidad, vastas ex-tensiones de la imaginación. Son pocos los seres humanos que aún se dedican a ellos, que los conocen, que los tienen como compañeros del día a día. Son pocos los símbolos en los que perviven, rarísimas ya las expresiones en nuestra lengua que a ellos se refieren: hoy en día una persona puede pasar toda su vida sin oír ni ver ni montar o conducir o abrevar un caballo, cuando antes estaban por todas partes y eran (menos en los lugares en donde no los había, fuera Venecia -Lord Byron tuvo que dejar sus corceles en el Lido- o el Ártico) prácticamente omnipresentes. De Darío el Persa, a quien coronó un relincho a su primera aparición, sobrenatural casi; en América, donde algunos de sus cráneos terminaron empalados en el tzompantli del Templo Mayor; de la indignación de Nietzsche frente a un hombre que azotaba a su jamelgo o el júbilo cuando se anunciaban los ganadores del Derby o en Longchamp, los caballos nos acompañaban todo el tiempo, desde el nacimiento hasta la tumba. Estaban enjaezados a nuestros destinos”.

Y sobre las litografías refiere: “La pintura también sigue allí. Como los caballos, es cierto que ha dejado de regir el inmenso espacio que le era propio, para ir cambiando, menguando, empequeñeciéndose o irse guardando, aceptando a veces matrimonios de conveniencia con otras artes que han adquirido preeminencia. También hoy en día la gente habituada al consumo de las imágenes puede vivir sin ver jamás una pintura ni detenerse morosamente en ella ni relacionarla ni colegir su importancia ni traerla al caso (…) Lo ecuestre precisa de amplias llanuras: es un arte de vastos horizontes. Los lienzos y los dibujos de Fernando Aceves Humana proveen esto. Son el espacio necesario para el cabrioleo del potrillo o las figuras de alta escuela, el lugar idóneo para un animal que pide y que brinda tiempo, como la pintura misma. Se pinta con los ojos, haciendo transcurrir los dedos sobre el papel, obligándolos a seguir lo que el ojo ve: en este caso, que se monta con el pie del corazón”.

El escritor nos advierte en esta Carpeta Ecuestre –la equitación y la pintura– son artes que parecen venir de otro planeta, pues provienen del pasado. “Pero el futuro se compone también de pasado. El hecho de que aún existan y sean del agrado y del interés de muchos hace suponer que el tiempo es una materia mucho más compleja y alambicada y disímil de aquello que acostumbramos llamar con ese nombre. En este tiempo conviven todos los tiempos. Por lo tanto, es un espacio donde también hay caballos y jinetes”.

El Rancho Santa Rosa ha sido el promotor de este proyecto, junto con la editorial Gatopardo para la edición y el diseño de los textos.



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