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Ni migrantes ni la Guardia, sino la seguridad nacional de EE. UU.

Fotografía: EL PAÍS

El endurecimiento de la Guardia Nacional en la zona fronteriza Guatemala-Chiapas no responde a un espíritu represor que bien conoce Porfirio Muñoz Ledo cuando avaló la represión diazordacista a estudiantes en el 68, sino que se deriva del acuerdo secreto del canciller Marcelo Ebrard Casaubón con el gobierno de Trump para correr el muro fronterizo estadunidense hasta el Suchiate.

Y aunque en ese acuerdo hubo cesiones de soberanía, en el fondo la crisis migratoria del año pasado y del actual significa una crisis de seguridad nacional estadunidense y mexicana y mixta. Ninguna persona puede cruzar de manera violenta la frontera de México e ir a solicitar asilo a los EE. UU. Los que están esperando cita en la frontera mexicana y los que quieren cruzar Chiapas sin legalidad no tienen la más mínima posibilidad de obtener asilo estadunidense.

Eso sí, las alarmas de seguridad nacional se prendieron en México y los EE. UU. por el grado de violencia migrante para ingresar a México atacando a la Guardia Nacional. El pánico gubernamental en los EE. UU. por el terrorismo yihadista aumentó después del ataque estadunidense contra el general iraní Qasem Soleimani y loa misiles de Irán e Irak contra posiciones militares estadunidenses en esas naciones.

La solidaridad mexicana con los migrantes debiera también incluir la variable del plan mexicano de apoyo al desarrollo en Centroamérica con más de 50 millones de dólares para promover el empleo y bajar la migración. Pero esas inversiones requieren de tiempo y paciencia para comenzar a impactar en la población migrante. Además, no se tienen indicios que los presidentes de Guatemala, El Salvador y Honduras estén interesados en atender sus crisis de migrantes, porque no sólo se trata de puestos de trabajo y atención a la pobreza, sino de la creciente ola de delincuencia, criminalidad y narcotráfico que está capturando los Estados centroamericanos.

En este contexto, los propios migrantes están siendo engañados por grupos sociales, políticos y delictivos vendiendo la esperanza de un asilo en los EE. UU. que nunca se otorgará en las condiciones de invasión. Y falta por saber de dónde han sacado los migrantes pobres el promedio individual de alrededor de 20 mil dólares –alrededor de 400 mil pesos mexicanos– para comprar su viaje y su visa.

La crisis migración-aranceles estallada por Trump en el primer semestre de 2018 exigió un enfoque de seguridad nacional de México respecto de los EE. UU., pero el canciller Ebrard sigue sin entender la lógica de la geopolítica bilateral. Existe la percepción de que Ebrard es un estratega geopolítico, pero en el Colegio de México se interesó sólo por la democracia mexicana en el siglo XIX. En realidad, Ebrard es un político pragmático con mayor capacidad para inventar problemas que para resolver las crisis.

La nueva oleada de migrantes centroamericanos de estas semanas ha sido azuzada por organismos activistas de derechos humanos sin explicarle a los solicitantes de asilo que todo país tiene reglas de acceso migratorio y que lo peor   es dar muestras de violencia intolerante contra las instituciones de seguridad. Los solicitantes que cruzaron la frontera atacando a la policía migratoria estadunidense en automático verán negada cualquier visa, sin importar el tamaño de la inseguridad en sus países.

La estridencia del diputado multipartidista Muñoz Ledo en la Cámara careció de una reflexión estratégica para proponer una salida diplomática y se concretó a acusar a la Guardia Nacional, sin entender que este organismo también tiene funciones de defender la seguridad nacional ante la invasión fronteriza de civiles violentando la soberanía de la república.

Y lo paradójico de la caravana centroamericana actual es que sus integrantes pudieron haber ingresado sin problemas por la puerta migratoria y obtener una visa que les exigirá la migra estadunidense, pero los lanzaron a la violencia de la que ya tomó nota la seguridad fronteriza de los EE. UU. para negarles ingreso.

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Crisis en El País. De acuerdo con el sitio http://.okdiario.com, el fondo buitre Melqart Asset Managment sigue comparando acciones de Prisa-editora del periódico español El País, ante su crisis financiera, y ya tiene el 3.58%. Los fondos buitre carecen de espíritu empresarial y sólo quieren quebrar empresas para ganar dinero. Por ello al interior de Prisa-El País crece la incertidumbre… y el fantasma de la quiebra.

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