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Eternamente Pablo | La columna sabatina de Ernesto Reyes

ERNESTO REYES | II y última parte

Aquella tarde primaveral de 1985, Pablo Milanés explicaba que entre 1965-1966 había empezado a componer canciones con una nueva óptica totalmente politizada, haciendo conciencia no solo de su realidad, sino de lo que estaba sucediendo en el mundo. Algo que más le sensibilizó, fue la guerra de Vietnam. Y el primer tema de compromiso político, fue una canción dedicada a este pueblo:

“Yo vi la sangre de un niño brotar/ Yo he visto un niño llorando a su suerte y me pregunto por qué tanta muerte/ tanto dolor/ tanto napalm/”.

Luego se empeñó en trabajar en lo que sería el movimiento de la nueva trova, con otros jóvenes, particularmente Silvio Rodríguez con quien, en épocas posteriores mantuvieron posiciones divergentes en torno a Cuba. Silvio muy ortodoxo; Pablo mucho más crítico, como había sido en su adolescencia, cuando Haydeé Santamaría lo rescató para encauzar sus inquietudes por medio del arte. Sería en la Casa de las Américas que había creado un centro de la canción, a raíz del Festival de la Canción Protesta 1967, donde Pablito hallaría su medio natural.

“Entonces, era el medio ideal, y ahí pudimos dar muchos recitales, con el apoyo de Haydeé Santamaría, una heroína de la Revolución muy inteligente, muy sensible, una dirigente de la cultura cubana y latinoamericana que dirigía el trabajo de Cuba hacia Latinoamérica. Posteriormente, con Alfredo Guevara, en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, a través del Grupo de Experimentación Sonora. Ambos han sido los dirigentes de la cultura cubana más claros sobre el trabajo que se debía hacer, desde el punto de vista de la cultura popular”.

La nueva trova nace con la figura del Che como referente, quien encarnaba todas las virtudes que aquellos jóvenes querían asumir, soñando que sería la canción para el hombre nuevo, para un mundo nuevo. La nueva canción sentó las bases para un nuevo sonido o “sonar” de la música popular cubana, impregnando a la misma cinematografía. Se le pregunta:

-¿Pablo, ustedes han cantado alguna canción criticando algunos defectos o problemas de la revolución o del sistema socialista?

-Sí, lo hemos hecho; Silvio lo ha hecho, en algunas oportunidades lo seguimos haciendo Yo tengo una canción (Acto de fe) que dice:

“Creo en ti/ porque dándome disgustos/ O queriéndome mucho/ Siempre vuelvo a ti/ Creo en ti/ Lleno de contradicciones/ presto a soluciones/ siempre creo en ti”.

Nosotros criticamos, pero a partir de una posición desde adentro, no criticamos desde una torre de marfil, del tipo que no participa y que es capaz de juzgarlo todo, desde otra posición superior, y entonces decir que los inferiores lo están haciendo mal y que él considera que deberían hacerlo mejor. Nosotros somos partícipes de esa realidad y nos vemos en el derecho de criticar lo que nos parezca malo, pero a su vez nos estamos criticando a nosotros mismos. Yo creo que es muy justo, muy honesto, nuestra forma de decir, de criticar, pero también es un deber y un derecho que tenemos. Tengo otra canción (No vivo en una sociedad perfecta):

“No vivo en una sociedad perfecta/ yo pido que no se le dé ese nombre/ si alguna cosa me hace sentir ésta/ es que la hacen mujeres y hombres”.

“Es decir, debemos ser sensibles a equivocarnos. No es una justificación, pero sí es una manera humana, de decir que quienes están haciendo la revolución son personas, no son robots, no son gente sin alma, sin sentido”.

Perteneciente a la Agrupación de Conciertos de la Habana, del Ministerio de Cultura -a cargo entonces de Armando Hart Dávalos- entidad que negocia los contratos artísticos para entregarlos al Estado y no para beneficio personal de cada cantante, Pablo Milanés evocó cuando el brasileño Chico Buarque de Hollanda necesitó de una botella completa de ron para calmar sus nervios, en un festival habanero. Además, elogió el ritmo y calidad de la orquesta de Juan Formelll y Los Van Van.

El encuentro con periodistas latinoamericanos y del Caribe, de los cuales tres éramos mexicanos, tocó variados temas. La grabación y una foto de Félix Arencibia me acompañan en mis recuerdos sobre este ser extraordinario, fallecido el pasado 22 de noviembre. Antes de despedirse brindamos con cachaza, un aguardiente llevado por el carioca Joao Freitas Neto. Y se fue, en medio de una gran camaradería, interpretando «Yolanda», canción de amor dedicada a su primera esposa:

“Si alguna vez me siento derrotado/ renuncio a ver el sol cada mañana/ rezando el credo que me has enseñado/ miro tu cara y digo en la ventana/ Yolanda/ Yolanda/ eternamente Yolanda”. Eternamente Pablo.

@ernestoreyes14



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