comida 070

Calle de Las Rosas

Con los románticos se inicia, así,

la canonización de Don Quijote

FERNANDO DEL PASO / Viaje alrededor de El Quijote

 

– ¿Tendrá diez?

Frente a la cerca de láminas -al inicio de la loma que lleva a la Colosio, en San Martín- una mesa de patas cojas, calzadas con retazos de ladrillos; al frente de la mesa, el cartel con letras deslavadas, protegido por una bolsa nailon: “Favor de traer cambio y tapabocas”.

Mediodía de un martes cualquiera, puede ser lunes o domingo, martes o viernes; hora de las tortillas, la calle de Las Rosas reverbera con su pavimento abierto -obras de ampliación de la red con tuberías para el agua potable-, los muros que protegen las casas forman un embudo que se alarga, con la parte alta abierta para dejar mirar el cielo barrido de nubes; la calle de Las Rosas, a la hora de la comida, está desierta.

Por últimas fechas de pandemia, algún aspirante a candidato que ya le conoce el modo electoral a la ciudad repartió roscas de reyes –“si ganas San Martín, ganas la elección”. Diez meses de pandemia, calles vacías, la gente gobierna sus incursiones por las horas de la comida; en el almuerzo, la comida. Por estos días una alumna de Bellas Artes, madre soltera, subió un post a sus redes sociales: “Me acaban de asaltar”.

– ¿Hizo clayudas? Me aparte veinte.

Digo diez meses de pandemia, pero puedo decir mil años de emergencia; desde las faldas de Monte Albán -colonia Margarita Maza, segunda sección- se pueden ver algunos árboles que se levantan y crecen contra toda probabilidad: fraccionadores y pastoreo, cotidiana quema de pastizales los amenazan.

A las dos de la tarde la calle arde de silencio, corre un viento frío, al pie de la loma existe un micro clima: en la calle sol sin medida; a la sombra, frío intenso. Las calles de San Martín no son sitio para viejos, las afecciones pulmonares amenazan. No son para viejos por el clima, no son para gente de mediana edad por la inseguridad. La alumna de Bellas Artes, en su post donde denunció la inseguridad, escribió: “Seis de la mañana, salgo al trabajo, me quisieron quitar el celular, pero no lo traía”.

Arde la calle de frío y de sol, la gente enloquece; en estos diez meses de pandemia, una joven mujer, en la banqueta de la tienda del pastor, intentó quitarse la vida, cortó sus venas, pudieron socorrerla, en la calle quedó por muchos días el cúter ensangrentado.

– ¿Trae cambio? No hay cambio.

La gente humilde guarda las medidas sanitarias, imagino que no es por conciencia ni por cierto grado de civilidad, “al protegerte tú nos proteges a todos”, lo hacen porque en la radio escuchan hablar del uso del tapabocas. Por las calles de San Martín la voz de Humberto Cruz, el conductor de uno de los noticieros radiofónicos de la ciudad, forma parte del paisaje sonoro.

Como los cohetes, o las detonaciones.

En la colonia Presidente Juárez se supo de muchos muertos por Covid-19; una mañana, una tarde, los cohetes invitan a velorio, “pobre”; en la señora de las tortillas encontré la forma efectiva para difundir las medidas para evitar contagios: tortillas y carteles.

– ¿Supo que se murió el suegro del pastor?

Me pregunto si el gobierno municipal, la dirección de Economía, tiene el censo de las pequeñas empresarias que se dedican a comercializar el producto de sus manos, las tortillas; un censo de las señoras que hacen tortillas para que, en ese espacio, se difundan las medidas que previenen los contagios Covid-19. Imagino que vendrá el tiempo que, en la difusión, apliquen binomios, alimentación-información.

Comer es la primera dicha, más próxima, palpable, que el estar vivos.

Con la emergencia sanitaria el gobierno se inmovilizó; se encuentra detenido, son las mujeres, desde la vida cotidiana en los primeros días de enero las que emprenden formas de difusión que alertan de la pandemia. .

– Diez, por favor.




There are no comments

Add yours