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«La pandemia dejó claro que no podemos vivir sin arte»: Nathanael

OAXACA, Oax. (sucedióenoaxaca.com).- No, no estaba equivocado el director del Instituto Intercultural Calmécac (IIC) cuando decidió apostar el todo por el todo a un sistema pedagógico musical en, desde y para la comunidad.

No estaba equivocado el maestro Natahanael Lorenzo Hernández cuando optó por dejar su atril como flautista de la Orquesta Sinfónica de Oaxaca para dedicarse a componer música tradicional y a formar niños y jóvenes que hoy alimentan no solo a la banda filarmónica del IIC, sino también a otros proyectos bandísticos como el de San Baltazar Guelavila, San Pedro Tepalcatepec, San Juan del Río, San Pedro Quiatoni, Zoogochí Ixtlán y Guadalupe Victoria Mixe.

No se equivocó cuando decidió hacer «gozona» y llevar su música, sin retribución económica alguna, a su propia región y a otras más alejadas, aún cuando brindar conciertos en salas y teatros de las grandes ciudades es lo que reditúa ingresos para sacar adelante a su institución.

La pandemia del COVID-19 vino a confirmar que las comunidades oaxaqueñas aman y protegen a sus músicos, y se lo demostraron durante la emergencia sanitaria,  llevándoles alimentos para sobrellevar el confinamiento y la suspensión de festividades y conciertos.

El director, arreglista, compositor y educador musical, originario de Nejapa de Madero, dio su testimonio durante su participación en el Primer Seminario ResiliArt, el Arte es Resiliente, rumbo a la Conferencia Mundial Sobre Políticas Culturales y Desarrollo Sostenible #Mondiacult2022, que llevará a cabo la Unesco en la Ciudad de México en septiembre próximo.

En el centro cultural Corazón de Guaje, creado por el artista plástico Luis Zárate, y bajo la organización y conducción de la arquitecta Paulina Ávila, representante de ICOMOS México en Oaxaca, se realizó dicho seminario el pasado martes 22 de febrero, encabezado, de forma virtual, por Saúl Alcántara Onofre, presidente de ICOMOS México.

El Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, ICOMOS por sus siglas en inglés, ha sido el organismo designado por la Unesco para desarrollar los seminarios ResiliArt, preparatorios para la #Mondiacult2022, y fue el que decidió que estos se inauguraran en Oaxaca con cuatro creadores de la entidad, dos hombres y dos mujeres: Abigail Mendoza, maestra cocinera tradicional; Karina Sosa, escritora y editora; Remigio Mestas, maestro del textil; y Nathanael Lorenzo Hernández, músico y compositor tradicional.

«Mi primer atril, mi primer instrumento, me los dio la comunidad; mi primeras presentaciones me las dio la comunidad. De ahí que en el Calmécac, las y los alumnos primero tocan en servicios comunitarios para poder participar después en conciertos en salas y giras», manifestó el maestro Nathanael.

«Lo primero que pensé cuando inició el confinamiento fue que la pandmeia no tocara nuestra mesa. Le llamamos a la gente con la que habíamos ido a dar gozona, años atrás, y así fue como hasta nuestra puerta llegaron: un carro con seis costales de maíz, una camioneta llena de leña, chile, frijol, maíz. Pero eso no hubiera pasado si no supiéramos compartir nuestra música con las comunidades», agregó el compositor de «Vernácula» y «Amor de montaña», dos de sus más conocidos temas.

«El Calmécac no solo superó la pandemia, sino creció, porque la comunidad salio a abrazarnos y decir: el Calmecac en nuestro.  Si algo quedó claro es que necesitamos a los demás y creo que el sistema político debería ver de pies a cabeza y con ojos bien abiertos a sus artistas, porque son importantes. El arte nos libró de la locura y nos enseñó qe no podemos vir sin arte. Sin arte hubieramos enloquecido en el encierro», enfatizó.

Y al hablar de comunidad no se refirió únicamente a los pueblos de Oaxaca, sino también a las personas que han hecho comunidad con el IIC: donadores que aportan becas para estudiantes, personas conectadas a sus conciertos virtuales, «ese público que sabe que Nathanael no solo es el que dirige conciertos y está en los escenarios, sino que tiene una labor pedagógica, y nos ha hecho más conscientes de que tenemos que reforzar aun más nuestra pedagogía musical basada en la vida comunitaria, porque las comunidades nos mantuvieron de pie. La comunidad nos abrazó y nos hizo salir adelante en esta pandemia», expuso.

Por eso aprovechó la ocasión para demandar a los gobiernos la modificación de leyes en materia de cultura, «hacer leyes más inclusivas y menos extractivas; más sensibles al arte. Que premien la trayectoria artística comunitaria, no la frivolidad. Hubiéramos enloquecido sin arte, sin cine, durante la pandemia. La cultura nos dio respitación boca a boca a la humanidad», sostuvo.

Y a las organizaciones internacionales como ICOMOS y la Unesco, les pidió trabajar en una política de acercamiento y vinculación de creadores comunitarios de diversas partes del mundo «que andamos en esta vía, para reforzarnos entre todos y compartir no solo experiencias, crear intercambios, eso sí agradecería».

A pregunta de una asistente al seminario, el maestro Nathanael explicó que  la gozona es un tipo de moneda en Oaxaca, «que forma parte de nuestra formación pedagógica y por lo general la llevan a cabo las bandas municipales cuando los pueblos intercambian música en sus fiestas. Es una diplomacia entre una y otra comunidad. Nosotros aunque no somos una banda municipal, cumplimos con labores comunitarias,  y hemos practicado la gozona en nuestra comunidad y en la región, y eso fue como comprarse un seguro de vida para el IIC,  porque cuando revisamos los pueblos con los cuales habíamos hecho gozonas, y les escribimos o les hablamos por teléfono, aunque habíamos ido hace cinco o seis años, nos enviaron chile, frijol, café, así fue como nos dijeron: sigan haciendo música, porque los oaxaqueños tenemos corazón fiestero».

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