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En la noche un camino

-Quería verte y hablarte; aquí estoy.

JUAN CARLOS ONETTI / La vida breve

Para Memelito

La última noche de junio sobre la ciudad se dejó caer el aguacero. Trajo recuerdos de la infancia; su sonido me despierta. Con la lluvia puedo mirar el reflejo del agua; en la noche un camino. La lluvia me guía, el conocido sonido del agua derramada me lleva. Piglia dice que el lector olvida el nombre del autor, el título del libro, el texto mismo; afirma que sólo se recuerda la atmósfera en que se hizo la lectura. El origen; una tierra, los libros cargan en sus hojas el aire, la temperatura. “El arte es el pensamiento por medio de imágenes”, dijo Potebnia en Notas sobre la teoría de la literatura; leo junto al sonido de la lluvia, ¿por qué el sonido de la lluvia me trae la dicha? “No hay arte y, en particular no hay poesía, sin imagen”. Las frases resbalan en la noche del aguacero, hasta que llega Shklovsky con sus lanzas, El arte como artificio: “Esta frase, que puede ser dicha por un bachiller, representa también la opinión de un sabio filólogo que la coloca como punto inicial de toda teoría literaria.

I

Borracho hasta quedarse sordo. Mi sobrino José me cuenta de su deseo de abandonar la bebida; “por un tiempo”, dice, “mientras recobro fuerzas”. José es un veinteañero que bebe y se mantiene taciturno, “la vida trae demasiado estruendo”, dice. Cae la lluvia, recuerdos tiempos pasados, imagino que José perdió toda paciencia por las ilusiones de esta vida. Sí, hay gente que desespera y busca el agua.

II

La tarde llega con alborozo; las calles del barrio hacen esquina donde dobla el viento de noviembre. El muro corre tras el cigarro; hay dicha al recibir en los labios el frío viento de la tarde; algo del pasado hay en la calle. Los papeles dicen de la infancia, la ruta de los camiones. Con el frío y la lluvia la ciudad se mira distinta, otra.  Hay alborozo en habitar el sitio con que uno soñó.

III

El viento lleva el olor de tus piernas al monte; estoy de vuelta en esta playa, luego de treinta años. Soy un viejo amigo del viento, lo conozco, lo saludo. Él, géneros, besa mi frente. El viento gusta contar una por una las hojas de los árboles, avariento. El viento, gran tímido, busca esconderse bajo tu falda. El viento es un viejo amigo, abraza con fuerza mi pecho. El viento levanta polvo en la calle, golpea puertas y ventanas, las piedras. El viento masca con fruición las hojas secas del almendro, perdido de sus sentidos; sobre el párpado cerrado -el quedo suspiro de las adolescentes-, brinca, el viento.

IV

El Puma es un pumante. En la calle se escucha decir que las cosas llevan su tiempo, que el amor, la mujer, la bebida llevan su propio tiempo en relación con el cuerpo y el camino de los cometas. En la calle todos llevan prisa. Las personas que te quieren dicen que escuches a tu cuerpo, que obedezcas. El alma inquieta causa sordera a la razón; en cuestiones varias, el amor, el dinero, la bebida. Que escuches la voz tu cuerpo, piden los que te quieren, que oigas el regurgitar lento de lo indispuesto y sepas tu tiempo. Que aprendas a decir no, y sepas la hora en que has de parar. Como si el bueno y sano anduviera con muletas, bastón; inutilizado por tu aliento. Todos caminan la avenida como sordos o locos o ciegos, entre aparadores y escaleras; padrotes. En los andenes, los torniquetes, miran, hablan, intentan dar alcance a su imagen reflejada en las vitrinas de los aparadores; zona de ascenso y descenso, empujados por la ausencia. Recomienda una voz bien intencionada, la del buen samaritano, que escuches del futuro de tu vida. Y sepas; hay tanta gente que le interesa no saber. Por comodidad o hastío. Puma es sordo del oído izquierdo, el tío Puma. Por eso no escucha nada. Menos cuando se trata del alcohol y el dinero, las mujeres. Él las prefiere flacas. El Puma es una bestia salvaje que se deja llevar por los instintos; por la tarde, la madrugada, sale al barrio. Cuando lo conozcas sabrás; las cosas pardean a media luz; cuando el entorno cargue datos generales te darás plena cuenta. Cuando se habita el silencio y la gente no escucha nada. O el puro estruendo. Y ese ruido extravía los pasos del que anda entre el amor, la copa, el baile; las orejas. Sobra decir que un pumante es el viejo que no escucha razones; sólo sigue los argumentos de su brazo que busca remedios; sólo habita el instinto y la sangre, la pupila y el impulso, cierta forma del relámpago.

V

Shklovski: “La poesía es una manera particular de pensar: un pensamiento por imágenes; de esta manera permite cierta economía de fuerzas mentales, una “sensación de ligereza relativa, y el sentimiento estético no es más que un reflejo de esta economía”.

VI

La última noche de junio sobre la ciudad, etc.



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