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Diario del domingo

En algún día de la semana última Oaxaca volvió a la página roja de los diarios, atrás quedó el intento de muchos por integrarla, a través de actos, acciones y difusión a la sección cultural. ¿Qué significa esto? ¿Qué implica este hecho para el territorio? En el tiempo de la violencia renace, cobran vigencia dos términos utilizados por la ensayista Cristina Rivera Garza: necropoder y necroescritura.

Podríamos iniciar con repensar la significación de los espacios definidos en el diario: información general, deportes, espectáculos, nota roja; para cada hecho de la sociedad se cuenta con una característica que define la posición en los medios; la información general o política la lee la gente de razón, culta, artistas, políticos, gobernantes, jueces y magistrados; deportes, espectáculos y nota roja cuenta con lectores en las clases populares, dependientas, albañiles, policías, maestros de primaria.

En algún día de la semana un presidente municipal (el territorio cuenta con 570) decide protestar en las oficinas de la dependencia federal encargada de la vacunación contra el COVID-19. Su argumento es válido: la defensa de los derechos de los adultos mayores. En las imágenes que se difundieron en prensa nacional aparece una reja metálica cerrada, la multitud frente a esa reja; tras la reja un hombre armado encañona a los manifestantes.

La prensa es una industria más en una sociedad industrial, defiende sus intereses; para hacerlo, invoca a la libertad de expresión.

Vayamos por partes, dijo el amigo Jack:

El presente para las comunidades que padecen abandono no trae nada bueno, en todos los tiempos llueve sobre mojado; año de la pandemia, año electoral, los abusos e injusticias brotan como hongos bajo la lluvia. ¿Qué trajo de nuevo el regreso a la nota roja? ¿Qué se puso de manifiesto? La narrativa del gobierno.

Breve historia local

Durante el siglo XX el territorio fue espacio “natural” -mirado desde el centralismo- de cataclismos y desgracias, crímenes. La nota roja fue el espacio que gobierno y sociedad eligieron para el territorio de indios analfabetos, campesinos ebrios, la sociedad salvaje. Los oaxaqueños mismos nos acostumbramos a esta difusión, no sólo eso, la aprovechamos para lograr alguna sobrevivencia.

Narcoestado, el narcopoder

De 2006 a la fecha se le considera a Oaxaca como el espacio neutro, ajeno a la difusión de las matanzas; de alguna manera el pensamiento urbano sobre los indígenas se conserva en lo tradicional: somos comunidades “puras”, de provincia tranquila; las entidades del norte, por estos días de reclamos tributarios, exigen que “nos pongamos a trabajar”, que aportemos al presupuesto nacional, que dejemos de representar una carga para las zonas industriales y laboriosas.

En los estados del norte se padecen acciones del narco, consecuencias de su “desarrollo” económico; en los del sur, pobreza y marginación, ni el narco nos quiere.

Los dos Méxicos

En Oaxaca, ante atrasos y marginación, sociedad y gobierno nos integramos al desarrollo cultural porque logramos imaginar otra historia.

En el sexenio de Diódoro Carrasco se pensó en dos vías para combatir la pobreza: binomio cultura-turismo y la industria maquiladora; la súpercarretera acortó la distancia entre Oaxaca de Juárez y la Ciudad de México, apoyó la industria del turismo; el complejo cultural de Santo Domingo, el auge de la puntura, artesanías y gastronomía, del mezcal, fue parte de la visión desarrolladora; la maquila resultó el proyecto trunco, fracasó por la falta de agua y de vías terrestres y aéreas para sacar la producción.

La visión desarrolladora trajo más injusticia para el territorio que, más menos, representa el 25% de la división política de este país; alcanzó para la capital del estado, dejó atrás de 569 localidades -en el territorio se encuentra el municipio más pobre de Latinoamérica, Santos Reyes Yucuná, región Mixteca.

Pobreza como exposición de la curiosidad

Con el auge cultural renació el sistema de castas, la hizo explícita: los ciudadanos de la capital fueron por decreto “cultos”, la gente de los municipios, incultos. Así nos encontró el relevo democrático, el gobierno de la izquierda y la pandemia COVID-19.

La administración federal llegó con su narrativa, “pueblo bueno” contra “conservadores”, “fifís”, “neoliberales”. La campaña de López Obrador en 2018 contó con el apoyo de distinguidos miembros del arte y la cultura local, a dos años de distancia muchos desertan de aquella militancia política.

Pobreza y desarrollo, la otra cara de las elecciones

Desde la cultura se intenta interpretar los símbolos del nuevo gobierno, cuando músicos y pintores, centro culturales y organizaciones de la llamada sociedad civil apenas le habían “agarrado el hilo” al desarrollo de la cultura llegó el nuevo gobierno. Por otra parte, Oaxaca era la sede de la industria de la protesta; líderes históricos, movimientos, corrientes reclamaron a gobiernos locales y federales su parte de la “democracia”.

La narrativa que rebasó por la derecha a la izquierda

Necesitaremos nuevas historias para alcanzar la “nueva normalidad” a la que nos obligó la emergencia sanitaria y económica.

Así nos llegó el COVID-19, en el escenario del discurso, en el eterno terreno electoral. Partidos políticos, movimientos sociales, la vieja izquierda, la APPO, creídos y descreídos del gobierno, opositores velados no atinan a calificar los hechos de lo cotidiano. Aspiran al poder, pero no alcanzan a tener una lectura clara, temen perder sus “espacios”.

¿Qué dirigente de Morena sale a las calles a protestar por la falta de vacunas? ¿Qué sindicato defiende a los médicos? ¿dónde están los beligerantes maestros?

La lectura, el espacio no robado por la política

Y en esta parte de la historia entra Cristina Rivera Garza con el concepto de necropoder (Los muertos indóciles, necroescrituras y desapropiación, 2013). El narrador y ensayista Ricardo Piglia (Adrogué, 1941-Buenos Aires, Argentina, 2017), dice que el estado sustenta el monopolio de la ficción; el gobierno de la república lo sabe, niega los muertos por la pandemia, las masacres, hechos por el crimen, la delincuencia en vías de mantener sus expectativas electorales.

En tanto, artistas y escritures se preguntan: ¿Para qué sirve inventar relatos si el gobierno ya tomó en sus manos las historias de los fallecidos por la pandemia? Los relatos fundan esperanza, las otras historias.

La pregunta vigente es: dadas las cosas, si ya el estado cuenta con el monopolio de la ficción, ¿para qué elaborar ficciones? La invención de las historias se relaciona con el origen de la especie, el origen de la comunidad; es la parte que diseñó la evolución del cerebro humano para alcanzar la sobrevivencia como especie, para evadir la muerte.

Trascender lo individual, llegar a lo comunitario

Leer combate la soledad, que es la parte cotidiana con la que nos amenaza esa realidad llamada muerte: al leer, contra nuestra propia naturaleza, nos convierte en dioses porque alcanzamos por un instante todos los tiempos, la inmortalidad.

 El pensador estructuralista francés Roland Barthes propuso, en 1969, “la muerte del autor”; definió la escritura creativa como “recopilación de citas de la cultura”. En tiempos en que se impone con dureza el monopolio de la ficción, cuando el estado nacional nos niega el derecho a la muerte, Rivera Garza junto con David Markson propone la desmuerte del autor.

El libro Los muertos indóciles cuenta con un epígrafe-invitación de John Berger (Doce tesis sobre economía de los muertos): Tratemos de considerar a los vivos como podríamos pensar que lo hacen los muertos: de manera colectiva. El colectivo se extendería no sólo a través del espacio, sino también a lo largo del tiempo.

La escritura desde la Nota Roja

 Llegaron a Oaxaca en el año electoral los tiempos cargados de imágenes de la violencia, el renacimiento de la nota roja: ¿Qué se puede hacer contra un hombre armado? Pensar en las nuevas formas de organización a partir de la comunidad tantas veces vejada; hablar-escribir desde testigo comunitario como resistencia contra los tiempos violentos.



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