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Después del COVID… Humanizar el futuro

GUILLERMO MARÍN

La pandemia “tocó la Santa Bárbara” de la economía mundial, afectando duramente la estructura del mundo moderno, que se basa en la producción, distribución y consumo de miles de millones de objetos y servicios que son superfluos y llegan a ser dañinos, no solo al consumidor, sino también a las personas que laboran en su producción y desde luego a la naturaleza que está siendo expoliada más allá de su capacidad de recuperación.

El Dr. Ramón Grosfoguel afirma que el capitalismo salvaje no es solo un sistema económico, sino esencialmente, es una civilización. En efecto, en menos de 75 años las formas de vida, las relaciones entre los seres vivos, la enajenación y la deshumanización, la depredación de la naturaleza, el empobrecimiento de gran parte de la población mundial y la contaminación ambiental han alcanzado límites jamás pensados. Al ritmo en que iba el sistema mundial, que, por más reuniones y acuerdos de las grandes potencias para detener la destrucción planetaria, esta iba aumentando aparentemente sin posibilidad de detenerse. La inercia de esta locura era imparable hasta que llegó la pandemia y de súbito la economía casi se ha detenido. Esta maravilla no la hemos terminado de entender.

A pesar de los estudios y las predicciones de la locura humana, en la cual se afirma que, así como íbamos destruyendo y contaminado, la vida humana como la conocíamos, no podía mantenerse más de 50 años. Cada año la riqueza mundial se concentra en un menor número de personas, por consiguiente, la pobreza cada día alcanza a millones de habitantes del planeta. El nivel de consumo y desperdicio de las economías más ricas del planeta crece y la contaminación por la producción de los bienes y servicios para una minoría trae consigo la pobreza, la enfermedad y la desesperanza de millones de personas.

Doscientas empresas trasnacionales han sembrado la pobreza, la enfermedad y la contaminación en el planeta. Las formas más perversas y deshumanizadas para hacer dinero sobre los seres humanos se han puesto en marcha en los últimos 50 años. La alimentación se convirtió en un lucrativo negocio, en base a la destrucción de la agricultura tradicional y el desarrollo de la agroindustria con sus pavorosos mono cultivos, la contaminación del medio ambiente, el despoblamiento de las zonas rurales y, por consiguiente, la concentración de mano de obra barata y consumidores de comida chatarra en los cada día más grandes cinturones de miseria, que viven en torno a los centros urbanos con mayor capacidad de consumo.

Las empresas productoras de alimentos procesados, bebidas y alimentos chatarra, que están perversamente diseñados, no solo para enfermar a los consumidores, sino para hacerlos adictos a estos venenos, han dañado severamente la alimentación tradicional de los pueblos. No solo los hace más pobres y los enferma, sino que los hace adictos a estas drogas tóxicas disfrazadas de comida rápida y barata. Cuando la existencia humana se basa únicamente en la creación de riqueza para unos cuantos, la humanidad y este mundo se han perdido.

La salud se ha convertido en un lucrativo negocio a partir de que el alimento que ingieren los seres humanos es nocivo a la salud, lo que hace un círculo vicioso perfecto; unas empresas trasnacionales dedicadas a la alimentación los enferma y otras empresas trasnacionales dedicadas a la medicina aparentemente los cura de un mal y les crea otros peores. El negocio no es la salud, por el contrario, es la enfermedad a partir de intoxicar y alentar la adicción, tanto a los alimentos como a las medicinas.

En el país, desde Salinas a Peña, los funcionarios y los políticos de la manera más cínica e irresponsable, se dedicaron a entregar a México a las empresas trasnacionales, lo que implica la destrucción de las instituciones, la entrega del patrimonio nacional a través de las corruptas privatizaciones y el desmantelamiento del Estado a través de la corrupción. De Fox a Peña, se desbordó la corrupción y los funcionarios se convirtieron en delincuentes y los partidos políticos en carteles. El crimen organizado creció desmesuradamente, dentro del gobierno, en la iniciativa privada y en los narco carteles asociados con agencias estadounidenses supuestamente para combatir estos delitos.

La educación también se ha convertido, no solo en un negocio, sino fundamentalmente en el medio para deshumanizar y alinear a las futuras generaciones para que vivan para alimentar el sistema sin pensar y protestar. Al igual que la salud, la educación se ha ido privatizando a través de destruir las instituciones y la esencia, valores y filosofía de sus objetivos. La educación cada día se ha enajenado, su objetivo es solo instruir para un supuesto mercado de trabajo inexistente, y se han suprimido los valores y principios en la formación de seres humanos íntegros, equilibrados y consientes. La educación en la que tanto invierten tiempo, dinero y esperanza los padres de familia es un fraude, porque deshumaniza a sus hijos y cada día el mercado de trabajo se reduce y se hace más explotador y mezquino. La educación es un fraude y un cáncer para el país.

El Covid de un golpe desnudó lo que han sido estos gobiernos corruptos, antipatriotas y deshumanizados. El pueblo fue entregado a las empresas trasnacionales de la alimentación y ha dejado a un pueblo enfermo, débil e indefenso. Es lógico que la pandemia sea mortal ante millones de pobres, diabéticos, obesos, hipertensos, enfermos cardiovasculares y desnutridos. Peña entregó más de 300 hospitales sin terminar, pero totalmente pagados contablemente. Destruyeron el Sistema de Salud para privatizarlo.

El Covid no puede ser enfrentado de manera eficiente con un pueblo irresponsable, mal educado, sin valores y sin conciencia, individualistas, consumistas, sin responsabilidad familiar y comunitaria. Las familias presidenciales, desde Fox a Peña, han sido el ejemplo vivo de la deshonestidad, corrupción e inconciencia. La clase política después del Pacto por México, perdió la minúscula credibilidad y la menor honorabilidad.

Esta pandemia ha detenido al sistema y estamos viendo que las actividades no esenciales de la vida humana se están derrumbando. Después del Covid tendremos que cambiar el mundo y nuestra forma de vivir para poder tener futuro, esa puede ser la lección.  El Covid nos obliga a abrir los ojos y la mente, a despertar la conciencia espiritual. No debemos pensar en “volver a la normalidad”, porque esa normalidad nos está extinguiendo como especie, como nación y como individuos.

Esta es una gran oportunidad para replantearnos la razón de la vida, del estar vivos y analizar lo que vivimos y lo que sentimos. Lo cierto es que todos nos vamos a morir de una u otra forma, antes o después, pero todos moriremos, pero, se muere como se ha vivido.

Hay que temerle más a la enferma forma de vida que a la muerte liberadora.

*Presidente de Educayotl A.C. Educar para el futuro con la sabiduría del pasado. www.toltecayotl.org




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