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En el Jardín Azul de tu extravío

OAXACA, Oax. (sucedióenoaxaca.com).- El poeta vuelve a la canción como vía corta para dar vigencia a la poesía en tiempos convulsos para poetas y lectores; Hernán Bravo Varela, Juan Villoro y «El Caudillo del Son», Guillermo Zapata, se presentaron la noche del miércoles en el teatro Macedonio Alcalá, con el espectáculo de música, poesía y lecturas denominado En el Jardín Azul de tu extravío, homenaje a Amado Nervo.

De Hernán Bravo, coordinador de Periódico de Poesía de la UNAM, se conocía ya su preferencia por las vanguardias sudamericanas en la poesía; de Juan Villoro, su trabajo escénico, de «El Caudillo del Son», su preferencia por hacer canción de protesta la vida pública del país.

En el escenario se hizo el recuento histórico, la influencia del poeta nacional Amado Nervo con autores de la lírica de renombre como Ramón López Velarde, y de cómo ese gusto por “lo cursi”, lo desbordado de imágenes y pasiones, influyó en el cancionero nacional durante la primera mitad del siglo pasado, en compositores como Guty Cárdenas o «El Flaco de Oro» Agustín Lara, el músico poeta.

El Alcalá se llenó de acordes de la vieja trova, de canciones que ponen a la mujer en el pedestal y la señalan “ingrata”, “falsaria”; “vende caro tu amor, aventurera”.

La estrategia funcionó, de lo que se trataba era de dar vigencia a partir del espectáculo de aquella poesía de Nervo: “Vida nada me debes, vida estamos en paz”, en tiempos donde la preceptiva de los jóvenes poetas es atacar todo tipo de lirismo –o invocar la lírica militante.

En tiempos donde la poesía es cuestionada por poetas y editores, “la poesía no se vende”; cuando es mal visto expresar “sentimientos profundos” a cualquier edad; cuando hay una crisis de lectores a pesar de las campañas de promoción del libro y la lectura, aparecieron Hernán, Juan y El Caudillo con una propuesta agradable por informal: hay que atreverse a ser cursi.

Se leyó vida y milagros Amado Nervo, poeta nacional, y gloria de las letras de Latinoamérica, fallecido en Montevideo, Uruguay, cuando desempeñaba una representación consular; aquel poeta que causó tumultos durante el traslado de su féretro al país –todos salían en extraño cortejo, a celebrarlo con sus poemas en cada puerto que tocó el negro barco que lo trajo a México, dijo Juan Villoro.

De los poetas muertos se olvida el nombre, y qué bueno, quedan sus versos; pero en caso de Nervo, se olvidaron verso y nombre, y los tiempos modernos agregaron algo más: el repudio a su poesía por defender a una cultura patriarcal, machista.

Y así, en tiempos de la Cuarta Transformación, de aquella polémica declaración presidencial que reza: “el crimen organizado también es pueblo y no se le reprime”; de la pinta de mujeres al Ángel de la Independencia como protesta por el acoso y violación que sufren por parte de los policías de la CdMx, el poeta cantó un repertorio cursi.

La poesía volvió a tener vigencia a partir de la canción popular –en el principio fue el canto-, “hay que atreverse a ser cursi”, dijo Villoro y el poeta Hernán cantó, “me importas tú, tú que escribes muy bonito, para ti soy libro abierto, escribe en mí te necesito”.        




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