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Literatura zapoteca, ¿resistencia o entropía?

ARACELI MANCILLA ZAYAS*

1.-Resistencia lingüística: una batalla nacional

En este libro la poeta Rocío González realiza un análisis que me parece muy necesario. Su contenido me atañe porque desde hace algunos años he dedicado parte importante de mi tiempo a la edición de libros en lenguas originarias de Oaxaca, y el zapoteco es una lengua entrañable para mí, a pesar de que no la hablo ni la leo, pero puedo decir que la entiendo emocionalmente.

Por otro lado, el libro de Rocío se refiere a problemáticas que viven no sólo la lengua zapoteca del Istmo sino todas las lenguas mexicanas.

Desde su mismo título este ensayo nos plantea lo que sucede con ellas, es decir, la labor de resistencia que implica hablar, escribir y, en resumen, vivir en una lengua originaria. A la vez, perfila lo que enfrenta en la actualidad cualquiera que se decida a realizar literatura en su lengua nativa, que se resume en asumir el reto de superar numerosas dificultades a la hora de escribir en ella, la principal de todas, quizá, conocerla a fondo y dominar su gramática; después, persistir en la creación a pesar de los limitados recursos con que se cuenta en estos momentos para que se difunda y conozca lo escrito en lenguas distintas al español.

A modo de respuesta sobre las posibilidades que hay frente a este desafío, Rocío nos da el estimulante ejemplo de cuatro destacados escritores zapotecos originarios de Juchitán, quienes con su quehacer literario nos demuestran lo que se está haciendo ahora mismo y lo que se puede hacer en adelante para que las lenguas oaxaqueñas no solo resistan sino amplíen, en una vía de afirmación y crecimiento, el horizonte que ya tienen.

26425585589_ea9d83ef8f_h2.- El mestizaje como estrategia de sobrevivencia

Desde mi punto de vista una de las aportaciones más destacables de este libro, a la comprensión de lo que la resistencia lingüística y cultural significa para los pueblos originarios de México, consiste en la reivindicación que hace del mestizaje como una estrategia de sobrevivencia.

Esta reivindicación pasa, en este estudio, por hacer un recorrido de lo que ha sido en la historia de nuestro país el encuentro cultural de dos mundos tan disímbolos como lo fueron el de la España de la época de la Conquista y el de los pueblos mexicanos prehispánicos. Se hace aquí un repaso preciso y bien documentado del tránsito que ha seguido, en particular, el zapoteco ––una lengua predominantemente oral, de orígenes muy remotos y que tuvo una escritura jeroglífica en la antigüedad precolombina–– antes de pasar a ser una lengua escrita en caracteres alfabéticos latinos, a partir de la Colonia.

El libro nos recuerda las profundas diferencias existentes en la concepción del mundo entre los habitantes de los pueblos originarios y los conquistadores españoles, y los momentos de especial acercamiento, gracias al estudio de las lenguas y la creación de vocabularios destinados a la evangelización que hicieran algunos misioneros, en el caso del zapoteco el fraile Juan de Córdova, por ejemplo; o las situaciones de pérdida de antiguos saberes, al borrarse el significado de conceptos del universo indígena a consecuencia de la manipulación religiosa o la mera ignorancia.

Con estos antecedentes, la autora nos acerca al pensamiento de filósofos contemporáneos ligados a la Universidad Nacional Autónoma de México, como Samuel Arriarán, Mauricio Beuchot y  Bolívar Echeverría, quienes, asumiendo las divergencias entre las concepciones de vida occidental y la de los pueblos originarios, han propuesto, sin embargo, repensar el mestizaje latinoamericano para enfrentar la complejidad multicultural actual, donde las comunidades mexicanas que hablan lenguas nativas se encuentran, con otras similares del mundo, en la situación más desfavorable posible, dentro de la sociedad globalizada, pues el estado de bienestar social se ha perdido sobre todo para ellas, ante la disolución del estado-nación en manos del capitalismo. En este sentido el fenómeno migratorio es un factor de reconfiguración de la identidad que este libro observa y toma muy en cuenta.

Al revisar el mestizaje que vivimos, este estudio nos hace ver cómo en el Nuevo mundo se dio una modernidad alternativa muy diferente a la europea, dentro de la cual los conquistadores españoles y los pueblos originarios tuvieron que encontrar la manera de dialogar y resolver las tensiones de su convivencia, complejas y singulares, para así poder sobrevivir, unos a una España que cada vez se hacía más lejana, y los otros al poder colonial.

Surgió entonces lo que, siguiendo a estos pensadores actuales que cita la autora, se nos da a conocer como ethos barroco,  o un modo de ser barroco del que derivó una enorme riqueza artística, literaria y cultural que tiene su prolongación en la actualidad.

Si el mestizaje activo, en su ethos barroco, fue una estrategia de sobrevivencia en la época colonial, existe en el presente la propuesta de recuperar un anhelo de diálogo, tolerancia y conciliación, al replantearse el mestizaje de nuestros días. Esta propuesta pide repensar el mestizaje viéndolo desde su sincretismo, desde lo híbrido que postula, pues de hecho vivimos también en estos momentos un mestizaje activo, en movimiento, actuante y visible en múltiples manifestaciones culturales.

Se puede desprender de este libro que si el mestizaje no acabó en el pasado con la cultura indígena, no tendría por qué acabar con ella ahora. Por el contrario, la modernidad alternativa que se expresa en el mestizaje mexicano, sostenida en la marginalidad desde la Colonia, ha encontrado en la actualidad espacios donde expresarse, que son justo los que nos hace ver la autora a través de cuatro escritores zapotecas.

Por mi parte, siguiendo este orden de ideas considero que tal mestizaje tendría que pensarse a partir de su vivencia directa por parte de los pueblos originarios, y no como una identidad creada por el Estado a la manera de un proyecto político que norme e imponga sus cualidades y características, como ha ocurrido en determinados momentos históricos y como de hecho ocurre de alguna manera en nuestros días, en la práctica pública, cuando se establece una manera de considerar lo “indígena” y se pretende fijar sus rasgos y hacerlos homogéneos.

La misma autora propone ––siguiendo al filósofo francés Francois Lyotard, y situándose en la posición de cualquiera que quisiera realizar un relato de vida–– que si los usos discursivos son generadores de poder, entonces hay que contarnos historias que nos hagan sentir poderosos y aptos en nuestra cultura. Hay que hacer discursos donde digamos quiénes somos y cómo queremos ser. Para ello nos anima a saber llevar el discurso a nuestro favor utilizando las herramientas del lenguaje, es decir, la lectura y la escritura.

3.- Malintzin: una figura controversial e inspiradora

Unida a esta reivindicación del mestizaje como una estrategia de sobrevivencia, en este libro se retoma, de una manera con la que coincido plenamente, la figura de Malintzin, la celebre intérprete de origen náhuatl que medió en la Conquista. Desde la visión de este ensayo Malintzin fue una figura crucial para reconciliar los lenguajes de los que era intermediaria, en una situación particularmente difícil y peligrosa. Logró, con su habilidad e inteligencia como traductora, ofrecer una tercera visión de las cosas donde los mundos con los que alternaba tuvieran cabida.  “Tendió puentes a indígenas y españoles y los obligó a volverse diferentes de lo que eran,” ha dicho de ella el filósofo Bolívar Echeverría.

Se nos expone aquí que Malintzin encarnó un espíritu tolerante y abierto a lo distinto; una actitud que en muchas culturas se considera peligrosa y fomenta la xenofobia. Hizo una labor de mestizaje que en este libro se entiende como “la afirmación de lo propio en la asimilación de lo ajeno”.

Si bien, como lo dice la autora, Malintzin es una figura problemática gracias a la leyenda de traición que pesa sobre ella, es valioso que se enfatice la trascendencia del trabajo que realizó, pues ahora mismo la traducción y el fomento del bilingüismo son un tema central al hablar de la literatura en lenguas originarias, como también lo es la urgente creación de instituciones de educación superior donde se enseñen las lenguas nativas del país.

4.- La alteridad necesaria: el “yo soy otro” de Rimbaud

Finalmente, al inducirnos a la apertura del diálogo, a la responsabilidad ética y a la comprensión, conocimiento y acercamiento con el otro, en este caso con quienes piensan, hablan, escriben y viven en otras lenguas, en este ensayo Rocío González  se pone en todo momento del lado de los pensadores de la alteridad; es decir, de quienes como Kapuscinsky y  Emmanuel Lévinas asumen que el reconocer al otro, valorar al otro, al que es en mayor o menor medida distinto a nosotros, no nos priva de nada, por el contrario, enriquece y embellece este mundo que sólo es posible gracias a su diversidad.

El ejemplo vivo de esto son los poetas Irma Pineda, Dalthon Pineda, Natalia Toledo y el narrador Gerardo Valdivieso, de quienes se hizo una selección de textos que se disfruta hasta la médula por su calidad, y porque viene acompañada de una semblanza entrañable de cada uno de los escritores, con la que se confirma lo que desde la reflexión expone y propone la autora en forma inteligente y atinada.

*Texto escrito por la poeta Araceli Mancilla Zayas a propósito de la presentación del libro “Literatura zapoteca, ¿resistencia o entropía? A modo de respuesta: cuatro escritores binnizá”, Un estudio de Rocío González, presentado en la reciente Feria Internacional del Libro Oaxaca 2017. 

 




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