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Mujer Colibrí… el poema

“No hay un sol de los muertos”.

MARÍA ZAMBRANO, La Tumba de Antígona

Yo también tengo derecho de bailar con el Colibrí,

pero he reparado en las tumbas deshojadas:

ausencia de clavel/ falta de gerbera/ geranios inconclusos

flores con lágrimas marchitas.

 

Llegamos a las tumbas deshojadas.

Llegamos como cadáveres descompuestos.

No recordamos si hubo peritaje.

 

Un añejo miedo se abalanzó sobre nuestra lluvia

y fuimos poblando calles y lotes baldíos y

ciudades  que cayeron en la somnolencia

de la destrucción.

 

Llegamos a la tumbas

después de que nos insultaron.

Llegamos a la tumbas cuando empezábamos a tener conciencia

de nuestra propia flor

de nuestra propia piel.

Mujer Colibrí, resguárdate de las bombas en forma de estupro.

 

Nos exilian a la muerte,

mientras otras mujeres danzan

con el luto de las que no pueden hallar a sus hermanas.

 

Mujer Colibrí,

que  tus piernas talladas por la nueva Ismene

guíe a nuestras madres para encontrar nuestros

cuerpos.

 

Una palabra de cinco letras

hace que nos golpeen,

manos oxidadas en nuestros cuerpos.

Una palabra de cinco letras

hace que nos secuestren

que nos violen.

Se empecinan en que olvidemos

lo que Hécuba nos dijo se llama Dignidad.

 

Mujer Colibrí, con la exuberancia de tus senos

con la cadencia al fumar tu puro, haznos un réquiem.

Mujer Colibrí, tú sabes que no hace falta que escriba: “Nos están matando”.

Escribe partículas de nombres,

átomos de montañas.

Nos dieron a beber la pócima del antiplacer

para que cupiera en nuestra muerte la derrota.

Mujer colibrí, tú con el sexo lleno de néctar

canta para tus hijas y hermanas muertas.

En la estación del tren justicia te estaremos esperando.

que el Colibrí te acompañe a propalar

que nuestra muerte es una tragedia.

 

¿Señas de identidad?

Los sueños.

Para ellos nuestra identidad es la nueva luna que deben soterrar

 

Mujer Colibrí, que los dedos con los que tocas tu piernas sean con los que teclees nuestros nombres:

Luna

Agua

Estirpe

Vida

 

Mujer Colibrí, que nuestros pasos no se vuelvan profecía de la muerte

que en la tela de araña quede atrapado el significado del feminicidio.

 

Mujer Colibrí, recuerda el poema de Vallejo.

Ahora las combatientes somos otras.

Y otra petición, Hermana Colibrí:

que en tus orejas pendan los aretes

con la inscripción de nuestro nombre.

 

ROCÍO GARCÍA REY




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