Toledo CASA 2006 b

Intentaba escribir poemas para impresionar a mi padre

OAXACA, Oax. (sucedióenoaxaca.com).- Este es un fragmento de una entrevista realizada a la poeta Natalia Toledo, que forma parte del libro inédito “Aproximaciones a la desmesura del alma”.

Siempre fui una niña un poco solitaria, a pesar de que en Juchitán es muy difícil ser solitario porque el patio de una casa comunica a otros patios de otras casas y siempre hay niños del barrio con quienes jugar.

En mi caso si yo quería jugar con los niños de mi barrio tenía que hablar zapoteco y tenía que compartir mis juguetes que eran juguetes extraños para  ellos porque me los enviaba mi papá que vivía en París, algo que me determinaba porque tenía juguetes que venían de otro país, y eran muy interesantes a los ojos de los niños juchitecos, pero yo nunca fui una niña egoísta, entonces mi casa siempre estaba llena de niños o me iba a jugar con ellos a la calle o a sus casas.

Así viví hasta los ocho años de edad, después me fui a la ciudad de México. De la Séptima Sección de Juchitán pasé a la Colonia del Valle con mi abuela paterna y mi tía Graciela Toledo que es la hermana menor de mi papá y tiene una galería.

Cuando me fui a esa casa mi existencia cambió. Tuve que aprender a vivir de otra forma porque me di cuenta que esa parte de mi familia, aunque venía del Istmo de Tehuantepec, ya había aprendido a vivir de otra manera, ya no tenían todos los rasgos de la cultura istmeña, no eran tan istmeños como mi mamá o como mi abuela materna, así que llegué a sentirme sola y con pocas ganas de comunicarme, porque no me nacía, aparte de que no hablaba muy bien el español.

Mi papá vivía en Nueva York, me escribía cartas, me enviaba postales de pinturas, dibujos que él veía en los museos o a veces citas de algún poeta.

Un día yo viajé al lugar donde él estaba viviendo y me di cuenta que todas las cartas que mi papá recibía de todas partes del mundo, de sus amigos, de sus familiares, las leía e inmediatamente las rompía y las tiraba a la basura, entonces yo dije: a este señor no le pienso volver a escribir si va a romper mis cartas, y si le escribo lo tengo que hacer de una manera muy interesante para que no las rompa, para que las lea y las guarde, de lo contrario el destino de mis palabras será el bote de la basura.

Intentaba escribir poemas para impresionarlo, para que él dijera: qué hermoso piensa mi hija y aunque lo que escribía era una bola de tonterías, no me arrepiento porque así nació mi gusto por la poesía.

 El apellido Toledo es muy común en el Istmo de Tehuantepec y pasa desapercibido, pero en otros lados mucha gente me pregunta si me pesa el apellido y es comprensible que me lo pregunten porque Francisco Toledo es quien es, aquí y en todas partes.

Pero puedo decirles que no me pesa el apellido porque elegí un oficio que no tiene nada que ver con las artes plásticas, si yo hubiera sido pintora tal vez me pesaría el doble porque aunque fuera la mejor, todo mundo diría que quise ser como mi padre.

Yo escogí la palabra, la poesía, que es un arte bien difícil, difícil porque no se puede vivir de ella, así que he vivido de otras cosas: de la cocina, por ejemplo, vendiendo comida típica de Juchitán en la Ciudad de México, esto sí me ha dado para comer y realmente soy poeta por amor a la palabra, y amo a mi padre y no me pesa el apellido, me favorece en cierto sentido porque como la gente lo quiere, ese amor hacia él se extiende hacia mí.

Se siente bonito tener un papá importante y digo, no vengo de cualquier señor, mi mamá tuvo ese buen gusto y la felicito, ja ja ja, pero no pasa nada, él y yo llevamos una relación común y corriente de padre a hija y eso sí puedo decirlo, lo mucho o poco que he logrado como poeta lo he conseguido solita.

De Francisco Toledo puedo afirmar que es el antipapá, nunca me ha sobreprotegido, a mí me encantaría en el fondo del alma que lo hiciera, pero él no es así.

Un día él me platicó esto, creo que para que yo no me sintiera mal, me contó que unos paisanos fueron a pedirle unas becas y él les dijo: lo único que les puedo dar es papel o una de mis pinturas  porque dinero ni a mis hijos les doy. Pero claro que Toledo es muy generoso, y eso todos lo saben.

 




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