Florencia Etcheves

«La cocinera de Frida», Nayeli, tenía que ser tehuana: Florencia Echteves

OAXACA, Oax. (sucedióenoaxaca.com).- Cuando Diego Rivera retornó de Europa para participar en la «revolución cultural» que llevaría el arte a todos los rincones de México,  a él le tocó llegar a un rincón llamado Tehuantepec, tierra paradisiaca donde, a decir del artista, de existir las diosas del Olimpo, serían tehuanas.

Fue esa experiencia la que influyó para que la pintora Frida Kahlo, su esposa, adoptara los huipiles, enaguas y rebozos que formaron parte de la vestimenta que la caracterizó hasta el final de sus días.

Y tales fueron las referencias que llevaron a Florencia Etcheves (Buenos Aires, Argentina, 1971) a decidir que Nayeli, protagonista de su nueva novela, La cocinera de Frida, fuera una joven tehuana quien, luego de huir de su hogar, en una noche de Vela, llega a Coyoacán en la Ciudad de México, predestinada para su encuentro con Frida Kahlo, allá por el año 1940.

Todo en ella resultaba extravagante ante sus ojos. La falda larga de color verde intenso, con la enagua de volado de encaje qe cubría sus pies y el huipil blanco con hojas bordadas, la hizo sentir por unos minutos en Tehuantepec. Pero las tiras de cuero con hebillas plateadas que rodeaban el torso de la mujer y su andar destartalado causaron en Nayeli una gran curiosidad.

-Me sucedes tú – contestó la mujer con una sonrisa, a la que de inmediato siguió una pregunta-. ¿Eres real?

-Sí, claro. Bueno creo que sí lo soy -dijo levantando el hombro derecho-. Mi nombre es Nayeli Cruz.

-La mujer repitió el nombre varias veces. Lo hizo en voz baja, como quien quiere que las letras se impriman en el cerebro, y respondió lo que Nayeli no había preguntado.

-Mi nombre es Frida Kahlo. ¿Quieres venir a mi casa a jugar con mis muñecas?

Nayeli frenó el impulso de aplaudir. Nunca había tenido una muñeca propia; en su casa solo hubo una de trapo y paja, la que compartía con Rosa.

Vía zoom, Sucedió en Oaxaca conversó con la autora de novelas como La Virgen en tus ojos (Planeta, 2012), La hija del campeón (Planeta, 2014), Cornelia (Planeta, 2016) y La Sirena (Planeta, 2019), para contarnos cómo se cocinó La cocinera de Frida (Planeta, 2021), que el próximo 01 de diciembre se presentará en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

-¿Cómo decides que Nayeli Cruz sea una «tehuanita»?

-Estuve instalada en México a fines de 2019 para investigar un poco para el rranque de la novela, y decido que Nayeli sea de Tehuantepec, porque podría haber sido de Coyoacán, de la Riviera Maya, qué se yo, pero me interesó particualrmente que fuera una tehuana cuando empecé a leer una biografía de Diego Rivera. Me fascinó una parte cuando a Diego, que vivía en Europa, lo invitan a volver a México a participar en la revolución cultural, para llevar el arte mexicano a cada rincón del país. Diego vuelve, y entre los rincones que visitó estuvo Oaxaca y Tehuantepec. Cuando Diego llegó a Tehuantepec quedó impactado y dijo que si el paraíso en la tierra existe, es Tehuantepec. Y si hay diosas del Olimpo viviendo en esta tierra, son las mujeres tehuanas.

A mí eso me encantó, y después empecé a investigar la vida de Frida y veo que esa ropa, huipiles y faldas fabulosas, eran trajes típicos de tehuana; hay personas que pensaban que era un disfraz de Frida pero en realidad era algo más profundo, ella quería ser esa diosa de las que hablaba Diego. Por eso quise que Nayeli fuera tehuana, por ese vínculo que se gesta entre las dos mujeres nacidas en lugares distintos.

-¿Cómo logras retratar fielmente a Nayeli, su cultura y tradiciones zapotecas; estuviste en Tehuantepec?

-Yo desconocía absolutamente todo lo que tenía que ver con estas mujeres y cómo sus vestimentas son un lenguaje. Cuando estuve en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en 2019, encontré material en la revista «Artes de México» sobre las mujeres de Tehuantepec, y me parecieron tan fascinantes que quise delinear al personaje de Nayeli como una tehuana.

Uno de mis mayores miedos a la hora de enfrentar este desafío fue que la novela transcurre en un país que no es el mío, en un pueblo que no es el mío, en una época que no es la mía; mi mayor miedo con esta novela era México, porque si bien yo me tomé el trabajo con mucha responsabilidad y respeto, no quería que una argentina les viniera a contar México a los mexicanos. ¡Una locura, de ninguna manera! Al contrario, ustedes me contaron México a mí y traté de retratar eso lo mejor posible. ¡El libro ustedes me lo regalaron a mí! Pero suele suceder que aunque una le ponga el mejor empeño puede fallar el verosímil, si me leen argentinos, colombianos, uruguayos, no es lo mismo que la mirada de una mexicana o un mexicano. El hecho que me digas que te parece verosímil me emociona, es una las metas que yo tenía.

-¿Has tenido relación o contacto con mujeres del Istmo de Tehuantepec?

-Cuando estuve en la FIL en 2019 traté de saber mucho sobre las tehuanas. En el stand de la revista «Artes de México» me fueron recomendando libros. Para armar el personaje de Nayeli hice mucha investigacion periodística, iba a los museos, a la Casa Azul, al Anahuacalli, a la casa de Trostky, y hablaba mucho con las trabajadoras de los museos. Les preguntaba: cómo fue la primera vez que entraste acá, qué sentiste, y eran muy impactantes los testimonios que luego se los ponía a Nayeli. Y también usé mis impresiones porque fui una forastera que conocía a Frida, por supuesto, pero nunca me había interesado mucho. Solo sabía que sufría por Diego y por sus heridas del accidente, pero cuando empecé a leer más me quedé de una pieza, me sorprendí porque nunca imaginé que era muchísimo más que su relación con Diego, y descubrí con los ojos vírgenes, como los de Nayeli, ese universo.

-¿Y la parte argentina de Nayeli, cómo la fuiste construyendo?

-Ahí estuve más cómoda. Decidí que Nayeli se fuera para Argentina porque yo necesitaba un lugar de reposo. Cuando me quedé confinada en México, estuve viviendo en Coyoacán, iba y venía en el transporte público y todo era una aventura para mí. Cuando empecé a escribir, sentí volver a lo conocido y claramente me pasó, cuando ecribía desde México era como lanzarme a la aventura, y cuando escribía desde Argentina sentía como volver al refugio. Pero me quedó en la cabeza que México es una aventura, una fiesta y una tradición; la historia muy en carne viva. Definitivamente es la novela que más me ha costado escribir.

-Como que La cocinera de Frida se antoja en una película…

-¡No sabes las ganas! Hay una idea alrededor de la novela que podría ser. Varios de mis libros están en Netflix y estamos trabajando para otra plataforma. Durante 25 años trabajé en la televisión argentina y tengo una forma de escribir muy visual. Yo me crié en un estudio de televisión. Me han dicho que tengo una escritura muy visual y eso ayuda un poco en lo que vos me decís. Cuando escribo, veo imágenes. Esta novela en particualr es muy visual porque México es muy visual, sus costumbres son muy visuales.

Imaginate, Frida Kahlo es inoxidable, es fascinente, incluso en países que no entienden el español. Es fascinante por su aspecto, por su ropa de tehuana; yo como una loca quería estar vestida de tehuana. Es sumamente visual, las mujeres en una vela, con esos trajes, esa música, esa pasión, elegancia, ese lenguaje.  Yo si tuviera que ver una serie con estas premisas me tiro de cabeza. Espero que los productores piensen lo mismo.

-Tendrías que venir a presentar La cocinera de Frida a Oaxaca y, por qué no, a Tehuantepec…

-Tengo muchísimas ganas. Ahora presento la novela en Bogotá el 23 de noviembre y después viajo a Guadalajara para presentarla el 01 de diciembre en la FIL, y tal vez el año que viene, que va a salir la novela en Europa, me podría dar una ecapadita a Oaxaca, porque es la casa de Nayeli.

-Una cocina muy rápida la tuya. Empezaste a escribir en 2019 y la novela se publicó en 2021. ¿La historia se apoderó totalmente de ti?

-Es una novela muy latinoamericana. El confinamiento en Argentina me ayudó a estar muy concentrada. El confinamiento era atroz, solo salía a comprar cosas, estaba terminando el guion de «Pipa» para Netflix. Terminé la última versión de «Pipa» y me encerré con una valija enorme de documentos que me traje de México, hasta pagué sobrepeso, y me ponía a trabajar de 10 a 14 horas por día, entre la lectura del material y la novela. Tal vez sin el confinamiento no le habría puesto tanta atención.

Mi cabeza estaba en 1939 en México. Pude escribir bastante rápido, muchas horas al día, y cuando estamos en proceso de escritura tal vez no escribimos todo el tiempo, pero todo el tiempo estamos pensando en la novela.

-Tu novela sucedió en Oaxaca…

-¡Claro, obvio. Es para ustedes!



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