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«La tierra que nos separa»; presentan poemario de Nallely Tello

Hueles a alfalfa recién cortada

Nallely Tello

La noche anterior a la mañana en que Nallely Tello presentó La tierra que nos separa (Colectivo Editorial Pez en el Árbol, Dilema Editorial-es y Casa de las Preguntas, 2020), su libro de poemas en el parque El Llano, pude leer esta oración en El sentido de la vida, de Terry Eagleton (Paidós, 2008): “Sólo es posible tener superficies si hay profundidades con que contrastarlas”.

Lunes, 15, agosto. 10:30. En el camión que me llevó de San Martín Mexicapam –San Martín por la Secundaria– al Seguro Social, una joven leía un libro, tras la ventanilla y pude ver la ciudad bulliciosa y haragana. A esa hora de la mañana apenas abrían las tiendas, instalaban los puestos callejeros. Por la Central se registraba poco tráfico; agarré con las dos manos la mochila, adentro traía un pomo de Mezcal Agua del Sol, tres cuartos de mezcal elaborado con agave Tobasiche karwinskii, de la maestra Berta Vásquez, de San Baltazar Chichicapan.

Antes de las 11:00 El Llano estaba lleno de deportistas urbanos, mujeres y hombres que a esa hora de la mañana salen a trotar alrededor de la estatua de Benito Juárez. 11:05.

  1. ¿Qué hago acá?

Un grupo de niños cruzó como una ráfaga de viento fuerte por un costado del jardín, sólo alcancé a escuchar la risa loca de los patines.

Habrá que tragar saliva.

En la cuarta de forros del libro de poemas de Tello, Israel García Reyes escribió: “El lector presenciará la purificación por el dolor que nos propone Nallely, quien nunca es condescendiente ni disfraza lo que tiene que decir, por atroz que suene. Por eso hay que revenirnos y plantarnos bien; tragar saliva”.

  1. El poema y los asuntos de la magia

Será cosa de magia o de milagro, en Oaxaca, en los Valles Centrales, durante la presentación de un libro de poemas ocurre lo que debe ocurrir, la mañana corre sobre el canto de los pájaros y las aves se transforman en palabras. Los mismos pájaros aceptan convertirse en lenguaje retórico guardan silencio mientras un grupo de personas sentadas bajo el toldo del Festival Literario suspiran, emocionadas. Aves y gente soportan el ruido de los camiones que transitan por la Avenida Juárez, mientras los niños ríen, en patines.

  1. Las palabras que pintan cuadros

¿Por qué pinto este cuadro? Para hacer cotidiano el instante de la mañana en el espacio público de la ciudad, el sitio de los deportistas, las y los lectores, los libros y la risa de infantes que purifica el espacio público que tan contaminado lo deja la política de los políticos y la política de los gobernantes. En este tiempo en que los gobernantes aparecen en las redes sociales como rockstar, cuando no nos levantamos de la resaca de la Guelaguetza, se levanta la voz de la poeta Nallely:

“Es septiembre, mes nueve./Toco mi sangre, la huelo, la pruebo con mi lengua,/le he perdido el asco./Pujo, orino, excreto,/pongo mis manos y recibo lo que soy,/mis miedos se cumplieron:/aparecen canas, me duele el costado,/devuelvo el estómago./Todo en mi cuerpo tira hacia afuera./Me nazco”.

  1. Poesía y terquedad

11:.40, mes ocho, agosto. Será que la poesía es pura terquedad, ganas de estar y de quitarse los ojos (de alguna manera los poetas son pájaros que emiten de mejor manera el canto con los ojos destripados). En El Llano se escuchó a la poeta Nallely Tello contra la voluntad de los necios que, a dos años de no vernos, no saludarnos, no darnos abrazos, insisten en defender su pedacito de mierda, su fama.

  1. La lectura como puente para superar abismos

Regreso a casa, San Martín fortalecido. En una parte del camino sonrío, el maldito Terry Eagleton tiene razón, “no hay superficie sin abismos”.

Salud por tu libro de poemas, maestra Tello.

Larga vida para los lectores de poesía.



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