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Desmesuras del alma

ERNESTO REYES

En una edición que contó con recursos de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Apoyo a Instituciones Estatales de Cultura 2020, la periodista cultural Elisa Ruiz Hernández, acaba de publicar el libro Aproximaciones a la desmesura del alma. Crónicas personales de 10 artistas de Oaxaca.

El texto, de 136 páginas, resultó seleccionado en la convocatoria de la colección Parajes 2020, en el género de crónica, como parte del Proyecto de Fomento a la Lectura y Creación Literaria. La edición no hubiera sido posible sin el respaldo de la Secretaría de Cultura y Artes de Oaxaca.

Esta publicación le será muy útil a las generaciones interesadas en adentrase a la difícil, pero interesante tarea, de diez creadores oaxaqueños que, en su momento y para toda la vida, han aportado talento y esfuerzo en beneficio del mundo cultural oaxaqueño, que finalmente es universal.

En videoconferencia, con aspirantes a comunicólogos del IESO, la maestra Elisa nos ha revelado las vicisitudes que encontró para hacer hablar a personajes que, con solo nombrar a cinco de ellos, ya desaparecidos, producen asombro e interés por conocer el perfil, creativo y humano, que ella traza.

En primer lugar, el maestro Rito Marcelino Rovirosa (1908-2000), compositor de más de un centenar de piezas para banda de música de aliento, entre ellos los arreglos del Fandango y el Jarabe Mixe, que siguen siendo referente de la cultura musical de esta zona. Es la vida más difícil y dramática que se ha conocido de un artista que, antes de aprender el castellano, conoció el solfeo: por hambre, pues cada conocimiento que le aportaba su hermano mayor, era recompensado al pequeño Rito, mediante un pan, una tortilla, un juguetito.

Elisa se detiene en el pintor Rodolfo Morales (1925-2001), a quien Ocotlán de Morelos le debe mucho, pero mucho más Oaxaca, por su generosidad manifiesta en la rehabilitación del ex convento de su pueblo natal y otras que nunca acabaremos de agradecerle. La fundación, que lleva su nombre desde 1992, ha tenido un preponderante papel en el rescate del patrimonio arquitectónico y cultural de pueblos del valle, empezando por su casa, donde funciona hoy un centro cultural de apoyo a la niñez y juventud ocoteca.

Aparece el escritor ixhuateco, Andrés Morales Henestrosa (1906-2008), quien en voz de Miguel Ángel Asturias, citado por Elisa Ruiz, se adelantó en América hispana “a decantar con instrumentos literarios las leyendas de nuestros indios”. Controversial por su vinculación, casi siempre, con el poder en turno, nadie puede negarle el mérito de haber sido de los pocos periodistas culturales y escritores oaxaqueños que hicieron carrera en la ciudad de México, ni tampoco que, al final de sus días, haya donado gran parte de su biblioteca personal, actualmente alojada en la Casa de la Ciudad.

Un juchiteco sin par, que vivió y murió como quiso, y nunca se calló, mucho menos cuando se le negaban apoyos a la Casa de la Cultura que él fundó, con el respaldo de Francisco Toledo, es Federico Pascual Macario Matus Gutiérrez (1943-2009), retratado sabrosamente por la autora. Nos comparte una ingeniosa anécdota, como cuando ya inmerso en el mundo intelectual de la ciudad de México, entrevistó “por hambre”, como colaborador del periódico El Día, al escritor argentino, Jorge Luis Borges, en el lugar que al mejor reportero no se le hubiera ocurrido jamás: en el baño. Eterno buscador de la perfección de un poema, almas desmesuradas como la de Macario, seguirán revoloteando en el firmamento istmeño, y en la pluma de Elisa Ruiz.

La periodista nos da a conocer, en este modelo de semblanzas y perfiles, al estilo de César Güemes, parte de las anécdotas del trovador Héctor Martell (1933-2011), autor de canciones como ésta: “Sé que junto a mi tú eres más joven/sé que en realidad ya soy más viejo/ pero te puedo amar, cuando tú quieras/para hacerte feliz con este amor añejo”. El resto de cinco notables, son: el cineasta Ignacio Ortiz, la cantante Lila Downs, la escritora de poesía en zapoteco Natalia Toledo, el dramaturgo Marco Antonio Petriz y el ceramista CarloMagno Pedro Martínez. Es un libro redondo, de principio a fin, que le hace justicia al periodismo cultural oaxaqueño. Se los recomiendo.

@ernestoreyes14



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