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A veces despierto con canciones

“Podría usted”, escribió Mr. Jefferson

“Encontrarme un jardinero

Que sepa tocar el corno francés…?”

EZRA POUND, Cantares completos (Canto XXI)

Habrá que descolocar para salir de esta emergencia. El adolescente leopardo, entre delgados pinos, come aire, husmea; tarde de agosto, antes de las fiestas de Asunción de María allá, en mi barrio Santa María Reoloteca, Tehuantepec; Paul Auster dice en Ciudad de cristal, “el escritor y el detective son intercambiables”. ¿Quién recuerda los días de la Jornada Nacional de la Sana Distancia? Nadie, todos queremos olvidar; jaguares pues, al atisbo.

Para estar al alba no habrá nadie mejor que Pound, el demente de Santa Elisabeth; hay autores que uno recuerda con el tiempo, hay autores que se olvidan y el tiempo llega de pronto a refregarte las letras pasadas en tu jodido rostro; el tiempo aprieta, acosa, campean contagios y fallecimientos, desesperación (puedo ponerme amarillo, escribir, la gente muere en el mercado, las calles; prefiero hablar de la higuera centenaria de derribó la tromba); tarde de agosto, etc.

Luna patria de pobres, puntual.

Luna de arena, anónima.

Agua puerca y luna,

Sombra de aguacero y grito.

La luna trae desgracias, dicen.

Habrá que salir de lo colocado ordinario para salir de esta emergencia. “Lo que me interesaba de las historias que escribía no era su relación con el mundo, sino su relación con otras historias”, dice Paul Auster, certero; voy y vuelvo, me oculto, espero -no espero nada. Corrijo: habrá que aprender de Pound, que lo acusaron de traición a la patria, lo metieron en un carro con rejas, lo declararon loco y lo arrumbaron por diez años en Santa Elizabeth-entre los locos Pound hizo su taller de poesía, recibía alumnos, dictaba cátedra -desde siempre desconfío de la cátedra y los catedráticos.

Aguardo la hora del grillo, su lento cigarro.

Luna sobre de relámpagos,

Filosa arena oscura.

Luna que hiere y abre y vuelve

Para recoger mi sangre.

Luna de los insomnes,

Gota de zinc. agua que no cesa,

Gato enamorado.

Busco amparo entre libros, autores de otro tiempo; relaciono, leo, hago mi presente, busco las letras que sobrevivieron a la guerra, la locura, leo a Pound, a sus enamoradas que fueron grandes poetas, que dictaron cátedra en universidades inglesas, que elaboraron los tomos de su biografía u lo rescataron de Santa Elizabeth -para que se concrete el amor alguien tendrá que venir a rescatarte.

Perro que ladra y muerde.

Oscura luna, certera.

Cargada de arroyos y presagios,

Jinete que cabalga hasta el alba, cargado de apuros

-hay ruidos, pasos, temores, aliteraciones.

San Martín por la Secundaria. Dice Auster, en Ciudad de Cristal: “Dado que no se consideraba autor de lo que escribía, tampoco se sentía responsable de ello, y por lo tanto no estaba a defenderlo en su corazón”; Bebo por las mañanas jugo verde, lento jaguar, compro verduras, aguardo. Está claro, no hay relato sin la defensa de una teoría del relato; avanzo.

Madre que huye y recuerda y regresa

y huye y olvida y vuelve.

Como enamorada que busca en la habitación desconocida

Su rebozo, a tientas.

 

Alba de mis ojos, luna.

Patria de la fiesta, luna.

Solidaria que cabalga ausente de jinete, y espera.



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