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Masino tenía un empleo

Masino había dicho: -Turín me tiene harto.

Vámonos con los palurdos.

CESARE PAVESE / La Langa

1

Wislawa me enseña el silencio -se diría que es una aparición.

En la sombra de la tarde saca su lengua, mira al cielo,

camina hasta el zaguán.

Cuando la miro pienso que un recuerdo grande que se le olvida la atrapa,

le impide salir del patio.

Persigue a una mariposa, lenta, muy lenta

como si nunca quisiera atraparla.

Me pregunto si alguien tiene el rumbo de la tarde.

 

Monte Albán, polvo de oro, tigre invisible.

Wislawa pasa, se detiene, vuelve, corretea las palomas.

No me muevo, temo interrumpir a la abeja

que se afana sobre la flor.

2

La lectura de Pavese esta noche de agosto trae de vuelta el aire limpio que respiré allá, en la infancia, en barrio Santa María. Mal consejero este agosto, tiene libros que pesan. Con la lectura de agosto vuelve la chica que amé, morena ella, cabellos hasta los hombros, ojos claros, senos luminosos, fragantes, repletos de adolescencia. La lectura de Pavese esta noche de agosto me deja alegría de fiesta, la noche de mi barrio, repleto de cohetes. Agosto, a mediados allá, en Santa María.

3

En Oaxaca me encontré con el poeta Juan Bañuelos.

Agosto vuelve, su voz de borracho habla junto a la ventana.

Juan llegó a la ciudad por su poesía, obsequió amistad.

Pasamos la tarde en remembranzas,

él con su voz de riguroso chiapaneco,

yo con mi cara de istmeño.

¿Cuántas historias cabrán en el caballito de mezcal?

Hablamos de gente muerta, alegre.

A la tarde atravesamos el zócalo, cielo de zafir.

Juan de guayabera estricta,

yo con mi ropa de triste.

Lo acompañé a leer poemas en Santo Domingo,

saludamos a Guillermo Fernández,

Juan le dijo: “en Casa del Mezcal encontré a este pavesiano”.



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