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Nueve de enero

Mi madre muere en este su día de cumpleaños.
Nueve de enero.

Resuenan aún por las calles en esta noche
los cohetes que festejaron Navidad y Noche Vieja.

En nuestra ciudad el frío desciende
desde las cimas de los cerros,
San Felipe, Fortín, Monte Albán,
para morder nuestro cuerpo.

Palabras viejas, éstas mías, en los primeros días
del Año Nuevo.

Muere mi madre allá en las soledades de arena y sal,
miseria y envidia que le tocó habitar.

En estos Valles Helados donde habito con mis hijos
le escribo en la hora de su muerte.

Nada nuevo. Alguien muere.
Una anciana.
Palabras viejas que salen de mi boca,
mis manos, mis ojos.
Para acompañarla en esta Hora de Dolor.

Una vieja muere en su pueblo, nada nuevo
en este país que marcha con los ojos puestos
en la blanca rosa del progreso.

Palabras viejas salen de mi corazón
en esta Hora de Angustia.
Palabras viejas repetidas en estos días de Año Nuevo.
Muere mi madre el día de su cumpleaños.
Muere, allá,
en mi pueblo que se levanta en mi corazón.
del cual nunca sabrán nada mi mujer, mis hijos.
Escribo esto porque busco amparo
en la Hora Negra.
Escribo para encontrar un sitio
dónde pueda confiar mi angustia.
Escribo para que las letras me lleven a un lugar
donde pueda dejar recargado a este dolor.

Un lugar para el dolor. Un lugar de todos.

Estas palabras que escribo.

Palabras camino
que salen de mi mano y piden consuelo.
Documento que tejen mis dedos
en esta Hora Ingrata;
que salen a buscar lo humano
en otra parte,
porque hoy lo humano mío
sólo es dolor que llama al dolor.

Algo sale de mi cuerpo para buscar lo humano,
en otro sitio, otra gente.

¿Dónde apoyar el dolor?
¿Dónde pedir amparo?

Un lugar para arrimar por unas horas
este peso que llevan mis hombros.

*

Busca cobijo para esta vida en las letras
me lo dijo mi madre un día, allá en el barrio.

Aprende la letra, hijo. Te servirá
en la Hora de la Angustia, dijo.

En ese agosto mi padre había fallecido.
Ella, mujer de marino,
se encerró a soportar la Hora Dura.

Aprende la letra, hijo, mencionó
en el Tiempo del Llanto.

Argumentó cosas que en mi niñez se ataron
al aroma de la flor de muerto, a humo de las veladoras, al novenario en casa.

Dijo, “de algo sirve en esta vida ser uno y dejar de serlo
en el mismísimo momento que uno lo desea. La letra
sirve para ser otra gente sin dejar de ser uno mismo,
vivir otro tiempo sin dejar pasar tu tiempo,
recorrer otros pueblos sin abandonar el tuyo”.

La letra, las palabras decidoras
en medio de las hojas blancas.

*
Llega hoy su voz a estos Valles Helados.

Mis hijos duermen con su madre.
En los noticieros de la televisión informan
del futuro que nos aguarda para este año.
Nada nuevo, más dolor.

En la Noche del Frío
me llega la palabra de mi madre.
Me dice del espacio
donde puedo yo encontrar descanso
para mi dolor.

Obedezco en esta Noche Fría.

Escribo para entrar a ese lugar donde,
al poner mis manos, mi corazón
descanse de este peso que traigo.




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