Estación_de_tren,_Santiago_de_Compostela

El tren invisible

Como tantos otros suelo iniciar

mis relatos con una imagen

HERNÁN LARA ZAVALA, Como escribo un cuento

Para Abelito, por su pronta recuperación

En el cubo del desagüe existen tiburones y cocodrilos, ballenas y peces cubiertos por la tapa de madera que sale a ras de pasto, en el patio, donde los perros se echan a tomar el sol en la mañana; en ese foso, la mamá pescado, para proteger a sus hijos, que también habitan esas aguas, un día se comió a los peces grandes con diferentes maniobras: Don cocodrilo fue el primero, clarito se escuchó el golpe de su cola contra el agua cuando estiró la pata, nada pudo hacer con su largo cuerpo ante la rapidez de mamá pescado; la ballena fue aniquilada, no se los escucharon ruidos porque las ballenas nadan en lo profundo, hasta allá fue la madre de los pescaditos para borrarla del mapa; los tiburones resultaron presa fácil, no opusieron resistencia, encontraron suficientes las razones para su muerte en las palabras que dijo la señora pescado: cuidaré con mi vida la tranquilidad de mis hijos.

___ Bajo la tapa hay leones.

Abel Alejandro llega al patio cuando terminan las clases en el jardín de niños; yo paso la mañana en la habitación, mientras escribo poemas.

___ ¿Le cuento algo?

 Lo invito a caminar hasta la tienda de Don Cirino, que está en lo alto de la loma, al final de la calle Kaba Teku, la única calle pavimentada del pueblo; al niño Abel Alejandro le gusta comer huevitos de chocolate con centro de almendra, prefiere los de cubierta blanca a los morados. En la tienda también hay huevitos de color verde y amarillo, pero aquella mañana, cuando contó la historia de mamá pescado, sólo quedaban huevitos blancos.

___ No me agradan, pero aceptaré por esta vez –dijo.

La calle pavimentada lleva a las oficinas de la agencia municipal, un edificio de concreto pintado de colores verde y amarillo, dos niveles, desde sus corredores se dominan las laderas de la cañada.

La calle es una cicatriz que palpita a dos mil cuatrocientos metros sobre el nivel del mar, entre el bosque de pinos.

Abel Alejandro llega gustoso a la tienda, antes, en la calle, caminamos junto al terreno de los maizales, levanta el rostro para recibir el viento frío.

___ ¿Le digo algo? Las vainas verdes tienen adentro frijoles negros.

___ Abel Alejandro, las vainas verdes tienen frijoles verdes.

___ Si, pero cuando maduren serán frijoles negros.

El pequeño tiene ojos de pájaro, grandes y abiertos y una capacidad deslumbrante para relacionar cosas en apariencia distantes, sin relación alguna.

Bajamos las escaleras de Don Cirino, en el patio se pueden ver los pinos que se alzan sobre la ladera oscura, nos acercamos al barandal y desde ahí sentimos como sube a saludarnos el viento helado que llega desde el fondo del abismo.

___ Parece un tren –dijo Abel Alejandro.

___ ¿Cómo un tren? –pregunto.

___ Un tren invisible –dijo Abel Alejandro.

Me quedo con esa respuesta, escucho el tren que silba mientras se aleja.

Los niños son los primeros en explicar el mundo con palabras.

Cuando lo encuentro en el patio de la escuela me muestra los trabajos que hace en el salón de clases.

___ Mire –dice-, y muestra orgulloso el dibujo de una tortuga que nada sobre el papel azul.

El pueblo tiene la tierra roja que baja de las cimas, que se reseca cuando corre el viento frío; mancha los zapatos con un polvo necio, colorado como un camarón.

___ ¿Dibujamos un elefante?

El niño lleva puntual el registro de vida y obra de los profesores de la telesecundaria; cuando sucede algún cambio sin que lo conozca, protesta.

 ___ ¿Por qué no me avisan? ¿Cómo podré saber de ustedes cuando me pregunten?

A veces lo encuentro revisando sus zapatos rotos.

Corre tras las lagartijas, pero no les hace daño; cuando llegaron las avispas a la ventana fue el primero en dar la voz de alerta.

___ No se asusten –dijo.

Corre tras los perros, saca la lengüeta de sus zapatos, juega con el auto patrulla que le trajeron para Navidad sus tíos.

___ Ya sé atar los cordones –dijo.

Cuando sale de la escuela llega al patio, mochila a la espalda y en la mano una hoja con su dibujo.

El principio de todo conocimiento está en el dibujo, en el movimiento de la mano en busca de aquello que gurda la cabeza, la imagen; lo que no existe en el espacio exterior.

___ ¿Está ocupado?

Abel Alejandro tiene el tiempo del mundo para contar historias.

___ ¿Levantamos la basura que los niños dejan tirada en el patio?

Existe una relación directa, un origen, entre la pregunta y el hecho, o así lo asume Abel Alejandro.

Lo acompaño a realizar su proyecto de limpieza.

___ Hay que platicar, así pasa el tiempo –dijo.

Los padres de familia de la telesecundaria, al vernos, saludan:

___ Buen día –respondo con las manos llenas de envolturas de plástico.

___ Buen día –saluda Abel Alejandro y se encoge de hombros como diciendo: ya ven ustedes, hay que enseñar a los adultos a recoger la basura.

Pasa una hormiga, una abeja; las plantas agitan sus ramas con el viento; en el cielo atraviesan aves oscuras.

___ Maestro, ¿le puedo contar una historia?, tengo muchas.  

 El viento corre, los días crecen, se alzan desde el polvo rojo, hervido por las horas; para ese tiempo malo Abel Alejandro tiene historias que comparte con quien quiera escucharlas.




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