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“Autorretratos de una joven bailarina” frente al espejo

JORGE LUYANDO HERNÁNDEZ*

El psicoanálisis y la poesía se intersectan en diversos puntos. Ya Freud (1976) señaló en varias ocasiones que los descubrimientos psicoanalíticos han sido anticipados por los poetas, por lo que es frecuente que los psicoanalistas nos remitamos a ellos en nuestra labor.

Lo anterior también lo podemos apreciar en la obra de Guadalupe Ángela y especialmente en Autorretratos de una joven bailarina. Poemario en el que observamos el transitar de la bailarina de niña a mujer; el migrar a una nueva temporada de la vida; un viaje sinuoso y complejo de claroscuros, alegrías y tristezas, en compañía y soledad; desde lo conocido hacia lo nuevo e inédito, lleno de sorpresas. Todo ello expresado en las diversas formas de los versos, que hacen recordar las curvas corporales a las que la feminidad de la bailarina nos remiten. La poeta nos lleva del mirar de la madre hacia la hija, en la que encuentra el renacer de su propia esencia. También es testigo de su partida de la niñez a esa nueva estación de la vida que es la adolescencia, matizada con la expresión artística que la danza le brinda a la corporeidad de su paso de la adolescencia hasta el convertirse en mujer.

Todas estas emociones que los poemas de Guadalupe Ángela nos hacen experimentar, nos remiten al proceso de espejo descrito por Lacan. En el que el acto de espejear es constitutivo de la personalidad. Por eso la niña desde su más temprana edad encuentra en su madre el punto de partida para la construcción de su feminidad. Mientras que a la par el espejear de la madre en su hija que transita a la adolescencia, le permite recordar el origen de su ser mujer que cruza por su propia corporeidad, en una constante espiral de retroalimentación dialéctica madre-hija – hija-madre que les permite avanzar a ambas por las diferentes temporadas que la vida les depara, a veces cerca, a veces lejos, pero siempre juntas.

El poemario de Guadalupe Ángela también nos confronta con la adolescencia. Durante esta época de la vida se viven por un lado los cambios en el cuerpo, las características primarias y secundarias están en constante e importante desarrollo, de tal suerte que puede llegar a sentirse el propio cuerpo como extraño, presentándose una dificultad para asumir la nueva imagen corporal que incluya estos cambios. Es en este punto donde el arte, específicamente la danza, facilita y promueve la integración del cuerpo a una nueva imagen corporal en cada movimiento.

Y por otro lado, en la adolescencia también se vive una pérdida que conlleva la elaboración de un duelo. La perdida hace referencia al cuerpo infantil que se ha dejado atrás y la necesidad de construir una nueva personalidad con base en la nueva imagen corporal que está en proceso. Para lo cual la adolescente renuncia, al menos parcialmente, a la identificación con la madre apareciendo actos de rebeldía que traen consigo fricciones propias de esta época de la vida. La adolescente necesita desarrollar su propia identidad desmarcándose de su madre, quien hasta entonces había sido su modelo a seguir en búsqueda de su feminidad. Pero finalmente la nueva identidad de la adolescente no podrá escapar de la madre como primer modelo de lo que ser mujer significó para ella, e incluso sin que madre e hija se lo propusieran, esta nueva identidad terminará siendo resultado de un collage transgeneracional que incluye a la abuela y a las mujeres de la familia aún cuando la adolescente no las haya conocido. Esta feminidad transgeneracional que la bailarina experimenta se transmite a través de lo inconsciente.

Todas estas experiencias vivenciales de la adolescencia entre una madre y su hija se encuentran registradas en las páginas de Autorretratos de una joven bailarina, y son una muestra de que la poesía es una expresión de la palabra escrita que transmite emociones que tal vez ninguna otra forma de escritura consigue. Es así como la creación artística tiene mucho en común con la elaboración onírica y la construcción de síntomas como forma de expresión de contenidos inconscientes que resulten aceptables para la conciencia. Es aquí donde la labor del poeta y el psicoanalista coinciden ya que ambos buscan expresar y comunicar a través del lenguaje las emociones que emanan, de sí misma, en el caso de la poeta, y del paciente, en el caso del analista. Si lo anterior es cierto, ambas actividades tienen en común mucho más de lo que se ha pensado, y el psicoanálisis podría concebirse como una actividad esencialmente artística y creativa, más que como una disciplina científica. (Tubert-Oklander (1993).

Por otra parte, desde la teoría psicoanalítica proponemos que la creación artística es producto de la sublimación de la pulsión del artista (Nasio, 2016). Entendemos como pulsión a la motivación de la artista, sea agresiva o de autoconservación, que surge siempre anclada al cuerpo y, que es producto de las relaciones que se establecen con los seres queridos, el entorno social-cultural e incluso los objetos inertes. Esta motivación en el artista ya no tiene una expresión sexual, como ocurre habitualmente con la pulsión, sino que en la sublimación se expresa a través de una actividad creativa y creadora de la cual emana la obra artística.

Entonces podemos pensar la actividad artística que se origina desde la sublimación, según la teoría psicoanalítica, como una transmisión (Nasio, 2016). El artista transmite una serie de emociones que incluso en el inicio de la creación de su obra no sabe que trasmitirá. En el caso del libro que nos reúne hoy aquí, Autorretratos de una joven bailarina de Guadalupe Ángela (2019), la poeta nos transmite por medio de la palabra escrita, el impulso creador que le llevó a escribir este poemario, a través de las emociones e ideas que su lectura nos provoca. Así, Guadalupe Ángela nos brinda una cercanía emocional y vivencial, aún cuando, como en mi caso, el lector no sea madre de una hija adolescente.


  • El autor es Médico Psiquiatra de Enlace por la Fac. Medicina, UNAM, y Psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Mexicana.  El texto fue escrito a propósito de la presentación del libro publicado por 1450 Ediciones, presentado en la pasada Feria Internacional del Libro Oaxaca 2019. 



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