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Por esto me pongo enagua con camisa

ELVIS GUERRA*

En un evento alguien se refirió a mí como “el pinche puto que escribe puras pendejadas”. Otro más me preguntó que por qué no hablo sobre el berelele, las regadas, el amor, las enaguas, las iguanas. Ayyyy, qué bonito sería.

Cuando ves que en este país a los otros, que muchas veces somos nosotros, nos discriminan por todo: por ser indígena, pobre, moreno, del sur, por ser puto, uno se da cuenta que ya no es posible describir un mundo que se ha ido. Y que justamente la poesía sirve (me ha servido) para denunciar, para sanar, para conciliar, pero sobre todo, para visibilizar lo que no quieren que digamos. Es decir, mucha gente no quiere oír otra verdad que no sea la suya: nos están matando.

A estas alturas sigo soñando con el paraíso: Sueño con salir un día a la calle y que nadie, ni un sujeto, ni un inepto me llame puto, ni me chiflen, porque ojo, no nos chiflan porque de verdad nos quieren llevar a la cama, o porque les parecemos atractivas, lo hacen porque creen que somos objetos de burla, nos ven menos; sueño con salir a la calle sin que mi vida peligre, y que si llego a morir ninguna autoridad salga a decir “fue su mayate”, “de seguro no le pagó”, “ eso les pasa por putos”; sueño que algún día dejarán de vernos como changuitos de experimento, algo así como “miren, es jota, pero se pone Huipil, se mueve bonito, ah, es muxe’, vamos a tomar una muestra de él para decirle al mundo que aquí sí se les quiere, aunque sea falso”. Sueño. Siempre sueño cosas imposibles.

Me gusta comer caldo de iguana, me gusta contemplar un berelele por la tarde, amo ir a las regadas; pero no puedo repetir imágenes de un Juchitán que los extranjeros quieren ver, leer. Aquí también hay violencia.

Aquí mataron cobarde y ruinmente a Adriana, a Nisa, a Víctor, a Óscar. Por eso salgo a la calle con un huipil, por eso me tomo fotos con una enagua y con camisa, aunque me digan que es de pésimo gusto; porque no se trata de agradar, ni de caerle bien a nadie, se trata de construir con la palabra, de confrontar el sistema binario.

Me pongo enagua con camisa, porque no soy ni hombre ni mujer: soy muxe’. Muevo el cuerpo cuando camino, muevo las manos, gesticulo, porque mientras yo lo hago con mucha libertad, a Rey, una muxe de 11 años le dicen: “No hagas las manos así, párate bien, habla como hombre, no seas puto”.

Porque mientras yo estoy en un foro que supuestamente me acepta y me abraza, Mauro, un muxe de quince años abandonó la escuela porque no soportó más la burla de sus compañeros.

Porque mientras escribo esto y me leen, a Jacob, muxe de 18 años lo obligan a pedir perdón frente a un altar que le dice que ser puto es un pecado, y que si sigue así, morirá en el infierno.

Hoy me llené de rabia. Porque no hay libertad. Porque hasta la fecha nos siguen matando, torturando, violentando, y no, no hablo de la parte física, me refiero a las palabras, al silencio, a la risa, a la complicidad.

Algún día despertaré y este mundo será otro. O al menos, espero irme a dormir, algún día, aunque ya no despierte, pero que este mundo sea mejor para los que vendrán, para Rey, para Limber, para Jacob, para Mauro y para todos los putos anónimos.

A eso le apuesto con la poesía. Para eso me ha servido. Lo demás es miseria.

* Elvis Guerra es poeta y traductor zapoteca. Nació en Juchitán de Zaragoza, Oaxaca.




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