50 años chirimía

Medio siglo de los hermanos Mateos Sánchez abriendo los Lunes del Cerro

OAXACA, Oax. (sucedióenoaxaca.com).- Ni una mención recibieron en la octava del Lunes del Cerro los hermanos René Francisco de 80 años, y Manuel Mateos Sánchez de 72, chirimiteros de San Antonino Castillo Velasco, que en 2019 cumplieron medio siglo abriendo con sus melancólicas notas de corte prehispánico los Lunes del Cerro.

Si de autenticidad se trata, la chirimía, como se conoce al conjunto de tambor y flauta de carrizo, u otros materiales, ha sido la encargada de abrir los Lunes del Cerro desde sus inicios, allá por los años treinta del siglo pasado; pero ni el Comité de Autenticidad, ni la instancia de cultura estatal, ni narradores de la «Fiesta étnica más grande de Latinoamérica», aludieron el acontecimiento como corresponde en un caso como el de los hermanos Mateos Sánchez.

René Francisco Mateos Sánchez, de 80 años, muestra orgulloso el retrato de su madre, reconocida bordadora de San Antonino.

Totalmente desapercibidos, por no decir olvidados, quedaron ellos, lo cual no limitó su orgullo y satisfacción por estar presentes durante 50 años, de forma ininterrumpida, en la Guelaguetza, compartiendo la música que suele acompañar, con ciertas variaciones de acuerdo a cada región, las fiestas patronales de las comunidades oaxaqueñas desde hace cientos de años.

René Francisco, con una cámara fotográfica reflex colgada al cuello, y con un encuadernado bajo el brazo, donde conserva copias fotostáticas de fotografías y recortes de periódicos que dan cuenta de su contribución a los Lunes del Cerro, atrapaba la atención de jóvenes vestidos con manta y huaraches que les acompañaron en esta ocasión, interesados en el viaje al pasado que les ofrecía el maltratado cuaderno con pastas de plástico.

Traspasando la estafeta de la chirimía a nuevas generaciones.

La charla entre viejos y jóvenes chirimiteros transcurría en un pasillo del auditorio Guelaguetza, mientras en la Rotonda de la Azucena se sucedían las danzas que provocaban gritos y en ocasiones alaridos del público, más interesado en captar lo que sucedía ante sus ojos con el teléfono celular, que en entrar en comunión con hombres y mujeres venidos de tierras lejanas a compartir su vasta riqueza cultural.

Ni una mención, ni un acercamiento o palabras de agradecimiento de organizadores, quizás ni un incentivo económico más allá de los 400 pesos que suelen cobrar por día, recibieron los chirimiteros en la «Máxima fiesta de los oaxaqueños».




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