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El alma campesina de San Carlos Yautepec está en su vestimenta

SAN CARLOS YAUTEPEC, Oax. (sucedióenoaxaca.com).- Yautepec significa «Tierra del maíz negrito». Así lo indica el arco de entrada a esta localidad situada en la sierra sur oaxaqueña.

San Carlos Yautepec es además de municipio una cabecera distrital donde convergen comunidades zapotecas, mixes, chontales y mestizas, todas ellas dedicadas esencialmente a cultivar el campo: la milpa milenaria y el agave para la producción de mezcal.

Imagen de pobladores de San carlos Yautepec, de 1940.

Es por ello que el alma campesina de su gente se refleja en su indumentaria tradicional, vestimenta que prácticamente se encontraba en el olvido, pero que gracias a su deseo de participar este año en los Lunes del Cerro, decidieron recuperarla junto con su Fandango y Jarabe Carleño, para recrear las fiestas que acostumbraban sus ancestros y poder transmitir a las nuevas generaciones esta parte de su identidad.

Freddy Jiménez, director artístico de la Delegación Oficial de San Carlos Yautepec, explica en qué consiste el atuendo de las mujeres y de los varones.

Freddy Jiménez, director artístico de la Delegación carleña, acompañado de uno de los ejecutantes adultos.

En el caso de los varones, la vestimenta se compone de camisa de manta de manga larga, cuello redondo con un tejido en el pecho llamado peto; el hilo del tejido es del mismo color que el de la tela de algodón.

Usan calzón de cachirul de algodón; a la cintura dos cintas costuradas al mismo calzón de cachirul jalando una a la derecha y otra a la izquierda para ser amarradas a la altura del ombligo, con un ceñidor para sujetar el calzón de algodón.

Este traje lo complementa una chamarra hecha de piel de venado conocida como capulina, el sombrero panza de burro, huaraches pie de gallo; garnil, pieza parecida a un bolso que está hecho del mismo material de cuero llamado timbre o baqueta, con flecos de la misma piel decorada con hermosos adornos piteados.

Alma de campesino.

El garnil lo luce el varón al frente. En tiempos de Don Porfirio Díaz se utilizó una pieza parecida a un cinturón que fue conocida como una culebra, decían los abuelos que en esos tiempos la plata fue una moneda de mucho valor y que en las culebras  guardaban sus monedas; pero la capulina era en aquel tiempo parte de una herramienta de trabajo ya que servía a los ganaderos para cubrir sus cuerpos, acompañado de lo que se llamó “antiparras o chaparreras”, piezas hechas de la misma piel que les cubría de la rodilla a los pies al montar el caballo para realizar su trabajo, les protegía de las espinas y de los rayones en el cuerpo de las ramas de los arboles al recoger el ganado en el cerro, al realizar este trabajo prácticamente quien lo realizaba tenía que cubrir su cuerpo con el traje de piel y el indispensable sobrero que cubría la cabeza.

Indispensable era el cuchillo que el varón porta en la cintura, siendo campesino al usar huaraches de pie de gallo, esto por la sencillez de su fabricación, fácilmente se reventaban ya que estos eran hechos por sus propias manos, por tal razón era necesario cargar cuchillo y así repararlos al paso esto no es un mito es el relato vivencial contado por los señores Filomeno Cruz García y Miguel Ángel Peralta Cruz; ambos ciudadanos de la tercera edad.

Al centro, Tia Meche, de 81 años, la mayor integrante de la Delegación carleña.

En la parte femenina, el atuendo se compone de una falda  mestiza de satín brocado o de percal estampado según la posición económica, tableada y de peto  a la altura de la cadera, con bies discreto y refajo sencillo de algodón de peto, con orilla de bolillo.

La blusa es de cajón con cuello cuadrado o redondo, alforzada en las mangas y adornada con bolillo a la altura del pecho y mangas con bordes de bolillo, acompañada de una mascada de seda al cuello combinada con la falda, cayendo por el frente y sujetada en la cintura.

Carleña y carleño. Así les veremos el Lunes del Cerro.

Aretes sencillos de plata u oro según la posición económica, estilo valle, que compraban con los orfebres de Tlacolula; trenzas anudadas con gamuza y  listones de colores para las mujeres solteras, para las casadas en colores oscuros, huaraches pie de gallo y rebozo negro de bolita de seda o hilo dependiendo de las ocasión.

En las mujeres se podía apreciar la argolla de matrimonio, cadenas de oro y medallas de imágenes religiosas ya que esto indicaba que profesaban la religión católica en su mayoría, cotidianamente se veía a las mujeres usar canastos de estilla de carrizo para sus mandados.

Es con esta indumentaria que desfilarán la tarde de este sábado con todas las delegaciones que se presentarán en el auditorio Guelaguetza en la octava del Lunes del Cerro, edición matutina.




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