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Algo sobre el libro «Solo ellas saben: cocinar, amar y luchar»

SOLEDAD JARQUÍN

OAXACA, Oax. (sucedióenoaxaca.com/vía SEMMÉXICO).- Se presentó justo cuando se cumplieron 13 años del intento de desalojo de integrantes del magisterio del zócalo capitalino, aquel 14 de junio de 2006, se trata de Sólo ellas saben: cocinar, amar y luchar. Las Mujeres de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), de la compañera periodista, académica y casi doctora, Olga Rosario Avendaño.

Este libro de 171 páginas, está dividido en 50 títulos desde el prólogo de José Reveles hasta las conclusiones de la propia autora, Olga Rosario Avendaño, en las que la autora, da voz a las protagonistas, casi invisibles durante los hechos para los medios locales y también nacionales que analizó y que ella misma rescata para la posteridad.

Lo primero que digo y repito, porque ya lo hice en la presentación en la Universidad José Vasconcelos, en la capital oaxaqueña, es que Olga Rosario Avendaño, a quien conocí siendo casi una adolescente, incursionó en la prensa local en tanto estudiaba la carrera en esa misma casa de estudios. Pero a diferencia de la gran mayoría de quienes aquí estuvimos entonces, siguió estudiando para convertirse en lo que es hoy, una teórica de la comunicación, una periodista más compacta, más hecha, una académica decidida a acabar con los muchos vicios del quehacer periodístico y una investigadora capaz de regalarnos este trabajo retrospectivo y analítico de un episodio, que insisto, marcó la vida de toda la población oaxaqueña.

Además, claro está de ser una aliada y colaboradora de SemMéxico, lo cual nos llena de orgullo y emoción, porque el libro no tiene desperdicio alguno, no para quienes consideramos que hace falta mucho trabajo, en el día a día, y en los archivos del pasado para nombrar a las mujeres por su nombre, porque no somos ni fuimos ni seremos “convidadas de piedra”, frase que le aprendí a Sara Lovera.

Leer Las Mujeres de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) fue revivir muchas de las horas largas que durante varios meses pasamos en Oaxaca en aquel 2006, muchas de las cuales me perdí por estar cumpliendo con un trabajo de seguimiento en Castaños, Coahuila. Y lo que queda claro es que las oaxaqueñas, esas que compartieron el trabajo en casa, en la oficina, en las aulas, las agrupaciones sindicalistas y feministas, entre otras muchas actividades hicieron lo que los hombres de la ya constituida APPO, no lograron: desestabilizar al gobierno priista de Ulises Ruiz Ortiz al tomar la acción que resultó la más estratégica: la toma de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión, el canal 9 y la Asociación Radiofónica de Oaxaca, hasta entonces una herramienta del poder, es decir, la voz del gobierno, que no sólo hizo invisible lo que sucedía, sino que tergiversó los hechos.

En su análisis Olga Rosario Avendaño nos muestra y nos recuerda cómo los periódicos Imparcial y Noticias nos revelaron realidades distintas sobre un mismo hecho, condición que contribuyó a la polarización de las ideas de quienes estaban a favor o en contra del movimiento, donde habría que decir, al menos la mitad de quienes estaban en el plantón eran mujeres, maestras que dejaron sus aulas para exigir otras condiciones laborales. Un movimiento que después del 14 de junio de 2006 dejó de ser sólo magisterial para transformarse en social. Nos dice cómo el periódico Noticias daba cuenta de las movilizaciones y todo lo que ello implicaba, y cómo El Imparcial no consignaba los hechos, la materia prima de las noticias.  Podría parecer que ambos estaban viendo escenarios distintos, pero, además, ambos, minimizaron, ocultaron, no vieron, no se percataron que ahí estaban las mujeres, salvo algunos y en muy específicos casos.

Y está es la valía de este libro, cuando ella, Olga Rosario Avendaño, las mira en perspectiva, al tiempo, ya madurado y valuado el protagonismo de las mujeres, que cierto acudieron para llevar comida a los plantones, pero que en solo unos días desde el plantón en la Secretaría de Finanzas decidieron participar de otra manera, se organizaron con sus cacerolas sin comida, vacías, para hacer la que hoy conocemos como histórica marcha de las cacerolas y ejecutar aquel 1 de agosto el golpe más importante de aquel movimiento, el más ofensivo para el gobierno, insisto.

Olga Rosario Avendaño da nombres a los rostros que pasaron por el anonimato, por la invisilización, por el vituperio, el trato despectivo como sucedió con la maestra Carmen López, apodada La Jicayana, o la doctora Bertha Muñoz, La Doctora Escopeta.

Ahora sabemos que doña Inés Hernández Cruz fue la primera en llegar a las puertas de la Corporación, la que le marcó el alto al chofer del camión en el que se trasladaron con un valor que no imaginó tener, la que se dio cuenta que eran solo mujeres mayores, que sintió miedo por dentro pero no lo demostró por fuera…

También que Verónica (Cruz) dijo: “Oigan nosotras somos las que estamos sosteniendo este movimiento, hagamos algo” y decidieron hacer la marcha que terminó como ya dije en la toma del Canal 9, pero también que fue Loida Bautista la que propuso la quema de cohetes para comunicarse y así lo hacían en aquellos días, avisaban y la gente se juntaba para defender el plantón, la barricada o lo que fuera necesario.

Estos y otros muchos pedazos de la historia que no pasó por los medios de comunicación por la ginopía acostumbrada es lo que nos cuenta Olga Rosario Avendaño en su libro, el primero de muchos que seguramente hará desde esa perspectiva feminista que nos permite entender el trabajo de llevar comida a las barricadas, ese que las propias protagonistas no le dan valor, porque la costumbre dicta que el trabajo doméstico no tiene valor, pero que luego se quedaron largas madrugadas a cuidar los espacios a pesar de las caravanas de la muerte.

Mujeres que fueron una especie de centinelas en las barricadas, mujeres que llevaron agua, refrescos de cola y trapos para mitigar los efectos del gas lacrimógeno, mujeres que sin ser enfermeras ni médicas curaron, que acarrearon “parque”, mujeres que sintieron miedo durante días y que durmieron con los zapatos puestos, que vivieron la zozobra de ser detenidas, que fueron detenidas y torturadas, que abrieron las puertas de su casa para resguardar a los jóvenes que eran perseguidos…

Hay que leer el libro de Olga Rosario Avendaño editado por Taller Editorial La Casa del Mago, vale mucho la pena.




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