CINE

Cinéfago*: “El caos es un orden por descifrar”

JOSUÉ SALVADOR VÁSQUEZ ARELLANES

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El Misterio de Silver Lake | Loco Fin de Semana | La Viuda | Hombres de Negro Internacional

Deje todo y corra a verla

No se la pierda

Vale la pena

Puede verla

No se moleste

•Evítela como la plaga

El Entremés

 ⋆ ⋆ Puede verla

No le voy a mentir, El Misterio de Silver Lake me costó trabajo, su narrativa cinematográfica parte del misterio de una chica desaparecida y que en vez irlo resolviendo, va abriendo cada vez más enigmas y situaciones que por momentos intrigan, desesperan, divierten, cansan, asustan, frustran…, en fin, un ir y venir que parece interminable durante sus dos horas 20 minutos y donde Andrew Garfield muestra una capacidad actoral no excepcional, pero sí con un registro destacado en el género de humor negro.

La fotografía de la película destaca todos los elementos pop que rodean la historia, creando una paleta colorida y atractiva que contrastan con el misterio cada vez más oscuro y por momentos tenebrosos, cual metáfora del barrio de Silver Lake (punta del estilo de vida hípster) donde todo lo que brilla seguramente oculta cierto grado de oscuridad. Esta dicotomía da como resultado una atmósfera de surrealismo lyncheano que nos recuerda a Sueños, misterios y secretos (Mullholland Drive), y escenas de persecución en un auto o a pie que nos remota a Psicosis o Vértigo de Alfred Hitchcock, además de un voyerismo obsesivo del personaje principal, Sam (Garfield), que nos hace pensar en La Ventana Indiscreta. Todo esto genera una atmósfera que se impone y con la que el director (David Robert Mitchell) se engolosina al grado de no saber cuándo frenarla, drenarla, detenerla; pero que es esto mismo lo que la vuelven vigorizantemente barroca y que es su sello de distinción.

Un singular paseo por Silver Lake-

Sam (Andrew Garfield), joven de 33 años quien conduce un Mustang que aún no acaba de pagar al igual que la renta, aficionado a las historietas basadas en leyendas urbanas, a las chicas, a los video juegos y a las revistas Play Boy vintage, se vuelve nuestro guía en una ciudad de Los Ángeles que siempre ha estado rodeada de fantasía y misterio, lo que provocan que Sam elucubre teorías conspiratorias al grado de reproducir discos de vinilo para oírlos al revés y descubrir el mensaje (subliminal) que ocultan (apunte al consumismo de hoy en día donde comprar es igual a identidad)  y poder seguir en busca del asesino de perros y de la chica rubia que ha desaparecido de la noche a la mañana. Es decir, nadie mejor que un niño rata (autoreflejo de nuestra generación millenial), clavado en las referencias y astuto para empresas imposibles sino es que ilusorias, para darnos un recorrido en una ciudad tan glamurosa como sórdida como Los Ángeles, California, la ciudad de los sueños.

Así pues, la lógica racional que rige una historia de misterio y suspenso queda totalmente fuera de esta cinta, pues no es un filme que procure entrelazar las pistas que va dejando regadas (ya ni me acuerdo si se resolvió el misterio de El Pirata) ni mucho menos dar una resolución al misterio que planteó, sino dejar en claro una y otra vez la minuciosidad con la que homenajea a los clásicos del cine con un mar de referencias, unas más obvias que otras, lo que convierten a El Misterio de Silver Lake en todo un reto para el espectador (la función a la que asistió este Cinéfago donde estábamos 10 mortales, al menos 5 se terminaron saliendo), pues es una película que explora los límites de la narrativa convencional pero sobre todo, la paciencia del público que quizá con media hora menos de metraje toleraría mucho mejor esta arriesgada propuesta (distribuida por Caníbal, quién más). Una película que puede despertar cierto culto, interesante para quien tenga verdaderas intenciones de verla y sumergirse en ella, o sólo si se siente intrépido, intrépida.

El Plato Fuerte

⋆ No se moleste

Después de 15 años de Matando Cabos y haberse convertido hoy en día en todo un Youtuber/Crítico de cine proclamado líder por un poco más de cuarto de millón de suscriptores, Kristoff Raczynski se estrena ahora como director con una ¿comedia?, originalmente titulada Loco fin de semana (qué loco ¿no?) El mismo Kristoff ya tiene un vídeo de 40 minutos con reacciones al hate de su película, y Zoom f7 hizo un video parodia titulado Todo mal: Loco fin de semana. Ft. Kristoff y Cine Para Todos, dado que Kristoff siempre ha sido muy duro con las cintas mexicanas sobre todo cuando de comedia romántica se trata. Así que en medio de todo esto, éste Cinéfago al menos concuerda en eso, en que hay que ver todo el cine mexicano, sea bueno o malo, para poder hablar de él.  

Fiel a la construida imagen de irreverente de su director, Loco fin de semana trata de engancharnos con un Fede (Christian Vázquez) desnudo a bordo de una patrulla rompiendo la cuarta pared (qué original) para decirnos que nos va a contar cómo es que llegó allí por querer tener sexo con su novia (para no romper con ese barato truco de que el sexo vende); así la película comenzará un bucle de flashbacks como la mejor, sino es que la única y muy insiste forma narrativa, con la que Kristoff nos va a querer contar su historia; ah, y varios diálogos que ya sean planos dobles o máximo planos triples, ni si quiera respetan la regla básica del plano contra plano y que rompen la regla de los 180 grados lo que genera no confusión, pero si una sensación de que estamos viendo algo amateur.

 El sexoso truco de chicas en lencería.

La trama se vuelve insulsa y un mero pretexto para ver a chicas en bikinis y lencería, donde el director enfoca constantemente los glúteos de las mujeres tal cual una sexy comedia de los años 70 u 80. Los diálogos se sienten planos, a veces forzados o como si los actores y actrices no se los supieran muy bien, de repente incluso no sabemos si los silencios son adrede o porque no recuerdan la línea que continúa. Hay claramente una austeridad de recursos, bajo la idea de que no es necesario una millonada para realizar tu película, por lo que varias escenas se tratan de resolver con algunos (intentos) de planos secuencia, que más que resultar inmersivos se sienten efectistas, como cuando el personaje de Memo (Oswaldo Zárate) dice que invita la cena en su restaurante favorito, el Pinche Gringo, y para que conozcamos el lugar se hace un pequeño plano secuencia (con cámara en mano, que será la contante en la película) al interior del lugar, lo que termina sintiéndose más como una publicidad forzada (dado que es uno de los patrocinadores) que como un locación lógica o coherente a la historia. Es decir, daba lo mismo si era aquí o en otro bar, cantina o restaurante tal acción.

 Dicha falta de presupuesto también repercute en la iluminación y en la ambientación (dirección de arte), pues no hay una paleta de colores definida (como haría pensar el poster de la película), aunado a una ausencia de luz o poco diseño de iluminación, así como filtros estilo instagram para resaltar el morado de las jacarandas (por ejemplo) que vemos en un Gran Plano General de una parte de la ciudad de México. Hay una parte en que los personajes tienen que armar una fiesta épica que resuelven con cartulinas, collares de flores de plástico, series de luz y una mini barra que tiene todo menos la sensación de ser épico, lo cual visibiliza la precariedad de recursos o la poca imaginación para resolver la secuencia o adecuar la historia a los recursos disponibles (tan simple que era decir que sólo tenían que armar una fiesta y ya, para qué decir que tiene que ser épica). Esta falta de diseño de arte, iluminación y ambientación hace que las tomas sean mucho más cerradas centrándose sólo en el foreground (primer plano), y descuidando tanto el Middle Ground (medio campo) como el Background (fondo). Hay que ver más Lubezki mi Kristoff.

El de pene tímido, La Metiche, el inventa palabras, la argentina, El Pervertido

Si no fuera suficiente, Kristoff pretende burlarse de las bandas sonoras de películas que reciclan grupos o canciones de los 80 y 90, pero más que mofarse de ellas, la película se siente como si La Castañeda, Ganja, Charlie Montana y Coda hubieran aceptado participar en la película a cambio de tener un cameo y una especie de video musical (muy básico) por parte del director. Charlie Montana funciona con su Vaquero Rockanrolero incluso con los flojos diálogos que le dan, Ganja hace lo que mejor sabe que es tocar reggae, de La Castañeda ya no me acuerdo que canta, pero es con Aún te amo de Coda que la película cierra, pretendiendo montar una escena entre amorosa y a la vez musical, tan bofa, poco emotiva y tan poco original, que al ver la leyenda FIN (con una tipografía horrible) el espectador lo único que agradece es que esto haya terminado. Caso contrario a lo que vemos en Solteras por ejemplo, donde se siente y palpa un diseño de banda sonora adhoc a la historia y al tono de la misma, donde a pesar de que se recicla un éxito de los 80 de Alaska, la canción reviste y es acorde al estado emocional de su protagonista, Ana (divertidísima Cassandra Ciangherotti). 

Aun así, fiel a su “ingenio”, Kristoff nos da un epílogo en el que Fede todavía en la patrulla, nos muestra cómo es que se libra de este apuro, pero es una escena tan vacua y poco relevante que da lo mismo si se ponía o no en la historia, pero que de seguro tratará de justificar la película con el argumento que lo que intentó el director es hacer es una película de serie B adrede como una forma sardónica de burlarse del cine mexicano.

El padrino Charlie Montana.

En Matando Cabos Kristoff tiene créditos como co-guionista con otras dos personas, y sus videocríticas siempre han reparado en aspectos tanto de argumento como cuestiones técnicas, por lo que se podría decir que sabe de lo que habla. En Loco fin de semana funge tanto como único guionista como Director, pero paradójicamente su película peca de todo aquello que ha criticado (y menos preciado) en las demás películas de comedia mexicana. Hay un caso excepcional llamado Truffaut, quien pasó de escribir crítica de cine a ser uno de los mejores directores cinematográficos de la historia, y Kristoff ha vivido en carne propia lo complicadísimo que es dar este paso, que más que ser valiente o fundamentado en un genuino interés de querer hacer cine, me parece que es más una estrategia para captar más público a partir de la polémica, la rumorología y un discurso Kristoffiano de lo siento, es mi primer película, y si no te gusta, a ver haz una tú.

Nada mal le quedaría al canal de Kristoff hacer una vídeo crítica de Solteras, esa sí una refrescante, original y encantadora comedia romántica mexicana donde el público rompe en risas (algo casi ausente en la proyección de Loco fin de semana), y que entiende perfectamente cómo darle la vuelta a un género tan desgastado pero que es capaz de dialogar con su público y con su contexto si es que se le sabe trabajar. Pero bueno, al final de cuentas, “el amor al cine nos une”, ¿qué no?

El Postre

⋆ ⋆ Puede verla

La Viuda (Greta su título original), podría pasar muy desapercibida en cartelera sino es por el nombre de sus actrices protagonistas: la veterana y siempre portentosa Isabelle Huppert, y la prometedora Chloë Grace Moretz. Así pues La Viuda es un thriller irlandés hecho y derecho que aplica el A-B-C del género que tanto ha cultiva Hollywood, y que cumple las reglas al pie de la letra de la mano de su director Neil Jordan, quien en 1994 nos cautivó con su adaptación de Entrevista con el Vampiro.  

Frances (Chloë Grace Moretz) es una chica neoyorquina que trabaja de mesera en un restaurante de lujo, vive con una amiga y evade a su padre desde que su madre murió hace poco. Por su cuenta, Greta (Isabelle Huppert), es una mujer solitaria con tintes de refinamiento muy destacados (mira que usar guante para ir de compras), ya sea en el francés que esporádicamente usa, o en su gusto por tocar el piano. Un bolso olvidado devela la bondad e inocencia de Frances, y también la perversidad de Greta para conseguir compañía (jóvenes mujeres que sustituyan la ausencia de su hija).

El acoso hecho mujer.

Greta se convierte en una acosadora de Frances, casi omnipresente, pues pese a su edad se desplaza con agilidad además de emplear el celular como herramienta fundamental de acoso. Durante la etapa de acoso la película emplea música de suspenso estridente muy marcada para generar en Frances y el espectador angustia cada vez que aparece Greta, y trasmitirnos también su desestabilidad mental-emocional.

Así mismo se administra la información de la trama de tal manera que el espectador genere sospechas o teorías que después se confirmarán o desvanecerán (como los golpes detrás de la pared). A pesar de que hay peligro a nivel mental, también lo hay a nivel físico, pues Greta sabe usar drogas que dejan hacen vulnerables a sus víctimas. No hay una exploración en imágenes de la obsesión enfermiza de Greta, pero sí elementos de thriller policíaco como un detective privado (que sirve de nada) que tratan de mantener la intriga y suspenso en la historia. Por otro lado el diseño de la imagen es sobrio y con planos muy cerrados, característicos del thriller para generar ansiedad y sensación de acorralamiento. Por momentos se usan tomas desenfocadas o planos contrapicados u holandeses para generar la sensación de desequilibrio.

En fin, tal y como dijimos al inicio, un thriller hecho y derecho pero que por momentos parece forzar o alargar la tensión de su trama, haciendo que su giro de tuercas esté bien ejecutado pero no sea tan contundente o sorprendente; pero al menos sí salvable desde el punto de vista en el que el acoso de una mujer hacia otra, es tan peligroso y con matices de perversidad tan perturbadores como los de cualquier hombre acosador.

La Gula

⋆ No se moleste

Hombres de Negro Internacional llega en una época donde reinan los refritos, reinicios, reboots, live action, y donde las franquicias exprimen las pocas o muchas ganancias que pueden explotar a través de la nostalgia, más que apostar por una replanteamiento conceptual o generacional de las historias y personajes, además de lograr ventas de taquilla a través de un público joven que a veces no es tan exigente con lo que ve.

Ni el carisma de Tessa Thompson y Chris Hemswort superan a la dupla de Will Smith y Tommy Lee Jones en Hombres de Negro de 1997, y que tras tener un par de secuelas más, se han vuelto una de las franquicias más consentidas del público… que ve Canal 5 los sábados. No estamos convencidos de si la franquicia requería de ser retomada, pero al menos la inclusión de Tessa Thompson (Agente M) como protagonista es un punto muy acertado en estos tiempos de discursos inclusivos, lo malo es que el personaje de  Chris Hemsworth (Agente H) no ayuda en nada, ni a su coprotagonista ni a la historia misma, pues mientras M intenta ganarse su lugar en la organización a pulso, H sólo vive de su fama teniendo un comportamiento patético e inepto, tan desagradable que ninguna redención es suficiente.  

Esa franquicia ya está muerta, nomás no le habían avisado.

La película plantea una trama tan básica que nunca termina de conectar ni enganchar al público. Lo que hacía atractivo a los hombres de negro era su clandestinidad, a estas alturas ya nula dado que la historia planeta que ahora extraterrestres conviven en la tierra sin ningún problema y sin ningún padrón o regulación (ya ni a los migrantes los dejan andar tan libres). Pero nada de eso importa, lo único que debe importarnos es que Molly (agente M) tuvo un encuentro de tercer tipo en su niñez que después le salvarán la vida a ella y a su compañero H; que Henry (Agente H) hace 20 años venció a La Colmena junto al veterano Agente T (Liam Neeson) en la Torre Eiffel; que de la nada llegan dos extraterrestres que aterrizan en Marrakech, y que tras adquirir el aspecto de humanos de Medio Oriente automáticamente adquieren el aspecto de “malos”; y que un extraterrestre le deja a M el arma más poderosa del universo para resguardarla al considerarla una persona digna.

A todo esto se suma un posible infiltrado en la organización, y todo apunta a que es el Agente C, para después querer darnos un giro de tuercas y descubrir que el infiltrado estaba más cerca de lo que pensábamos, lo que ponen en peligro al planeta Tierra a al ser un aliado de La Colmena (la cual nunca entendemos muy bien qué es). La musicalización se vuelve tan monótona y tan de los 90, que no hacen más que evidenciar lo obvio. Los malos sólo atacan cuando es conveniente, el despliegue de efectos visuales por momentos es exagerado y sólo sirve para presumir que los Hombres de Negro  tienen un chingo de armas, y el humor es tan escaso que la hora 55 minutos se vuelve tan largos como un día sin pan.

*Cinefágo: El que tiene el hábito de comer y devorar cine.




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