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Un pueblo que duerme junto al río, el calor, zancudos

Para organizar jornadas de promoción de la lectura las educadoras recurren a modos desesperados -ante la falta de recursos-, intrépidos, como sortear entre comunidad lociones Jafra para sacar gastos de estancia y traslados.

Entre Ernesto Guevara, el último lector de Ricardo Piglia y Psicología y pedagogía de Jean Piaget, llegué a la zona escolar 024 con sede en Tuxtepec para desarrollar la charla-taller “Fomento a la lectura y el libro en las comunidades” -donde estuve en contacto con 97 planteles de educación preescolar de la región de la Cuenca del Papaloapan-, la misma zona geográfica que enfrenta una crisis de violencia y crimen.

Esta es la crónica de aquella jornada con alumnos y educadoras de preescolar, de alguna manera, reconozco, el cerebro establece con la lectura una forma de defensa del mundo real, contra el terror por la sangre derramada en las calles.

Escribo de noche, le quito horas al sueño.

(alguien viaja a un sitio desconocido, cuando vuelve cuenta lo visto en aquella tierra lejana, a la manera de La Odisea, de Homero). 

En el jardín de niños las educadoras enseñan a leer con historias, no con letras.

Antes de recibir la historia el lector carga la atmósfera de un sentimiento, algo ya visto –pongo acá zancudos, piquetes de zancudos en la tarde que cae junto al río, presurosa-, un sentimiento que se registra de vuelta: una situación, un sentimiento olvidado y redescubierto en el preciso momento en que los ojos recorren el renglón cargado de letras.

Escribir será volver a casa, al espacio de la madre.

La lectura como recuperación del sitio extraviado.

El sitio de la infancia.

Recordé las palabras dichas en Jalapa de Díaz, “la mujer es la cabeza” (por estos días el nombre cobró vigencia por la aparición de cuerpos humanos descuartizados).

Llegué al pueblo por una jornada de promoción del libro y la lectura en las comunidades, en educación preescolar.

Cuac-cuac.

Lobo, ¿estás ahí? Cuac-cuac-cuac.

Un pato, en el patio, hacía calor.

Días antes, en otra población de la Cuenca, en el patio del jardín de niños se realizó la jornada a temprana hora, el nombre de la comunidad era San Francisco Salsipuedes.

Demasiado patio, demasiado calor.

En Temascal, otra población, de aquella jornada recuerdo un hecho, la intervención de una educadora que comentó una historia: secuestraron la semana pasada al comandante de la Guardia Nacional, pero los medios no dicen nada para no alterar a la población.

Comienza mal la semana para la familia de quien ahorcan en lunes.

En Tuxtepec pude observar camionetas de la policía federal dispuestas junto a céntrico hotel, todo ocurría a la luz del día sobre el encabezado de los diarios, los hechos y la versión de los hechos, la gente intenta hacer “la vida normal”.

Viajamos a otra población.

Hacía calor aquella mañana en Jalapa de Díaz, se anunciaba lluvia, pero el agua se mantenía en la sierra, lejos, sin caer.

¿Cómo promover libro y lectura si en preescolar no tienen por objetivo que los niños aprendan a leer?

En Ernesto Guevara, el último lector (Antología personal, Fondo de Cultura Económica, 2014), Piglia sostiene: “Hay una tensión entre el acto de leer y la acción política. Cierta oposición implícita entre lectura y decisión, entre lectura y vida práctica (…) Muchas veces lo que se ha leído es el filtro que permite darle sentido a la experiencia; la lectura es el espejo de la experiencia, la admite, le da forma”.

Cuac.

Los niños son una máquina que demanda cariño las 24 horas del día. 

Lo saben madres y abuelas, lo confirman las educadoras.

El mundo de los adultos no contempla las palabras de los niños, entre las ocupaciones del hogar y el trabajo no hay tiempo, hace falta tiempo y calma para hablar y escuchar a los niños.

Ningún adulto lo recuerda, pero no se enseña a leer con letras; aprendemos a leer con historias.

En la edad del preescolar el niño recién descubre el lenguaje, las palabras (viene de otro medio, el acuático, llega desde el silencio del líquido amniótico), en casa y en el aula se encuentra con las palabras, juguete nuevo; y pide historias porque le otorga placer practicar con la expresión recién descubierta.

El niño acude al colegio en su condición adánica, edénica, nombrando las cosas.

Aquella mañana hacía calor y las educadoras se mostraron entusiastas con la lectura de La casa del jaguar, dispuestas a intervenir la historia con historias propias.

___ Cuac-cuac.

Lo dijo Piglia: una historia se continúa con otra historia (La forma inicial).

La educación escolar basa su modelo en la repetición, la práctica, Piaget mismo cuestiona en Psicología y pedagogía (Dirección General de Publicaciones y Bibliotecas de la SEP, 1981), este modelo:

“La causa general de esto es que el maestro de escuela no es considerado por los demás ni, lo que es peor, por sí mismo, como un especialista desde el doble punto de vista de las técnicas y de la creación científica, sino como un simple transmisor de un saber al alcance de todo mundo”.

Remata el párrafo con estas palabras: “se considera que un buen maestro enseña lo que se espera de él, ya que está en posesión de una cultura general elemental y de algunas recetas aprendidas que le permiten inculcarla en el espíritu de los alumnos”.

Piaget hace estas preguntas: ¿Cuál es el fin de esta enseñanza? ¿Acumular conocimientos útiles y útiles ¿en qué sentido?)? ¿Aprender a aprender? ¿Aprender a innovar, a producir algo nuevo en cualquier campo, tanto como a saber? ¿Aprender a controlar, a verificar o simplemente a repetir?

Agrego una pregunta a las preguntas emitidas: ¿puede un poeta difundir la lectura?

Transcribo y me detengo, pregunto: ¿Qué relación habrá entre Piglia y Piaget? La primera respuesta de lector que encuentro será la siguiente: los dos nombres empiezan con la letra P.

Leer es relacionar, lo dijo Piglia, buscar conexiones nunca antes vistas, sonidos, ritmos, imágenes en la disposición de letras y palabras; leer será aplicar un juicio a partir de referencias.

Aquí apunto: leer será armar metáforas, relaciones secretas, orígenes, caminos que comunican y que son distinguidos por muy pocas personas.

Si, bien, pero ¿cómo llevar estas lecturas hasta el ámbito de la educación preescolar?

Opté por dividir la charla-taller en cuatro módulos:lectura de adultos para los niños en el patio de la escuela, dibujos y pinturas de los niños como práctica de comprensión, charla con madres de familia (la mamá es la cabeza), charla con educadoras.

Proyecté videos con tema comunitario para madres y educadoras.

A los niños de preescolar les basta con el inicio de una historia para inventar la historia propia, todos hablan al mismo tiempo: había un jaguar, un puma, una tortuga, una jirafa.

El jardín de niños concreta el espacio del etcétera (ruda forma de la poesía).

Los niños salieron al patio y ganaron confianza, hacía calor, intervinieron la historia del jaguar con historias propias; no habían experimentado un encuentro con alumnos y educadoras de siete o diez jardines de niños.

Había un jaguar, ¿lobo estás ahí?

Fomentar la lectura será promover irreverencia y rebeldía.

Cuac-cuac.

En el aula, en Jalapa de Díaz,  la educadora dijo que un padre de familia llegó al Jardín de Niños el día de la clausura de cursos, preguntó por su hija, la niña se escondió, le habían cortado el pelo.

___ Si no la encuentro algo te pasará –amenazó el padre de familia.

Aquella tarde de clausura hacía calor, el señor llegó ebrio a la escuela, lo acompañaba un hombre que traía un fusil.

Las historias intervienen historias, amplían los márgenes de la narración.

En preescolar utilizan la técnica de la tradición oral, contar historias es una de las prácticas más estables de la vida social (Piglia, Modos de narrar).

En Temascal los niños pidieron que firmara la hoja donde hicieron su dibujo del jaguar, las historias se pueden intervenir con dibujos.

Este será el principio de la tradición oral: las palabras forman imágenes, las palabras inducen a los dibujos, ocupan el espacio de los colores y las formas, las historias pasan por las manos, como lo hicieran los Neandertales en las cavernas.

En los ojos de los niños late una forma de la crítica.

Pidieron que firmara la hoja con el dibujo.

___ ¿Qué dice aquí?

___ “Para Luis, por su perfecto dibujo del jaguar”.

___ ¿Qué dice aquí?

Había un río no sé qué, había calor, lo recuerdo.

Las educadoras son mujeres entusiastas a quienes, a veces, les va algo mal en esta vida –el 80 por ciento de las maestras de preescolar en la Cuenca son originarias del Istmo de Tehuantepec.

Las educadoras habitan en sencillos cuartos, cerca de su lugar de trabajo, sin familia.

 Piglia en Los diarios de Emilio Renzi, Tomo I, recuerda la atmósfera de su primera lectura: lee junto a su madre, en la cocina (olvida el texto, el nombre de la obra, el nombre del autor), recuerda el instante.

A finales de mayo se soltaron las primeras lluvias en la Cuenca.

___ El lobo sopló y sopló y sopló.

Los niños tienen la habilidad de relacionar figuras, colores y sonidos, la primera forma de la lectura está en figuras geométricas y los conjuntos de colores; de ahí inicia el mundo escrito.

En el árbol acecha el jaguar negro, colmillos blancos, lengua roja.

Pum.

Aprendemos a leer con historias, no con letras.

En la jornada de fomento a la lectura en comunidad utilizamos como embalaje de soporte de las letras una proyección del video de una fiesta.

La tradición oral es la base de toda práctica lectora.  

Cuac-pum.




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