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Antes de Semana Santa

Desde la carretera que conduce a Tehuantepec

nadie mira el descenso a Totolapam.

Están las curvas, el calor, el retén militar,

la carretera que se arrastra entre barrancos

como una serpiente.

Desde la carretera el pueblo, el río inútil, la playa de arena gruesa

-el pueblo al que nos negamos mirar.

¿Qué historias se contarán entre los muros y el camino?

Desciendo a la tierra caliente, nunca encuentro

el sitio exacto para ubicar el callejón.

El tamarindo echa hojas diminutas sobre estrechos

peldaños pavimentados.

¿Alguien puede decir del color de las hojas secas del tamarindo?

Son como la lumbre, de un rojo blanquecido.

Desorientado por las curvas del camino,

espero que ocurra una desgracia.

Camino el descenso,

un medidor del agua potable presenta fuga,

nadie la repara,

puedo ver la mancha de humedad

sobre el muro,

escucho

el ruido seco de la gota

contra el piso.

A mitad del angosto callejón,

recargada contra el muro de ladrillos

encuentro la banca de metal

pintada de verde.

Como si se dispusiera a mitad de un parque,

siempre sola, y siempre limpia,

parece que me aguarda.

Quien la puso ahí,

 supo del camino y el sol,

delirio.

Deseo un día sentarme en esa banca.

En los descensos que hice a Totolapam

no encontré gente en el callejón.

Nuevo ciclo escolar

Como reprobé

el tercero en la primaria

me enviaron al turno vespertino.

Inicié la escuela con mi hermano,

juntos salíamos por la mañana de casa

con la mochila al hombro,

juntos volvíamos con hambre,

juntos hacíamos la tarea por la tarde.

Mi madre inscribió a mi hermano

en el turno matutino,

yo repetiría año

por la tarde.

Para jugar con mis antiguos compañeros de salón

-apenas en junio lo habíamos hecho juntos,

era septiembre-,

llegaba temprano a la escuela,

organizaba carreras en el patio

-era flaco y feo, como un negro-,

competencias cerradas

de las que salía

victorioso.

Ganar carreras

fue forma de emparejar

las malas notas.

Desde la infancia realizo cosas

para emparejar el año.

Dos

La lluvia viene mientras hablo por teléfono.

Pasa la lluvia, me quedo con los zancudos.

¿Por qué en la infancia me traían tanto gozo

las tardes con aguacero?

Oaxaca de Malcom Lowry

Pacheco dice que la poesía acorta el espacio

entre lo que se dice y se quiso decir.

La poesía será territorio acortado.

Cambiar el sentido de las palabras,

marcar el papel con flechas

que unen y desunen el signo.

Rotar la piedra (a veces piedra a veces

roca), unir las letras, hacerla una.

Porqué el por qué.

Vuelta y coma, corchete.

La x en la coma.

La escritura toda como un dibujo que pasa

entre los ojos lectores.

Cambiar la d por la t.

Cuando, cuánto.

Borbotón alegre, figuras acuáticas

que se reconfiguran

permanentemente.

Giro rotundo, exacto, vivo, territorio donde los dibujos suceden.

Sol y luna entre los ojos, eclipses encendidos.

La eternidad ocurre sobre entre lo perecedero.

Papel que flota entre tachaduras y flechas giratorias.

***

En su soledad inmóvil el antiguo Marinero añoraba la luna viajera y las estrellas

que siempre permanecen y siempre avanzan…

En la pequeña cesta de carrizos                                 

arden vivos limones y nísperos, olorosas hojas del árbol.

El jardín levanta su muro de sombra,

telarañas donde dormita vencido el cadáver de la abeja.

Más allá de todas las historias

avanza la tarde colmada de aceite y miel,

sol que muere entre las piedras, tarde bermeja.

Casa de los padres,

el árbol se inclina en el patio.

****

¿De qué reino serán emisarios los zanates? Graznan todo el día. Desde que Dios pone la luz del sol hasta que la quita sus picos proliferan insultos sobre nuestra gente, estoy seguro. Refugiados en la sombra de los árboles lanzan ofensas a las humildes personas. Quieren decirnos algo que se les olvida, por eso graznan. Reproducen su especie en nuestros campos, arrasan con el esfuerzo de la tierra. Puntuales se ubican en los parques públicos y desde las alturas de los árboles maldicen. Anidan entre los árboles que dan sombra a los muertos en el panteón, nos vigilan en la vida y en la muerte.

***

“Oscura como la tumba en que mi amigo yace. Fernando está enterrado en Villahermosa. Asesinado. Bebía demasiado mezcal. Güisqui mexicano. (…) El título es demasiado largo: “Mi amigo yace” (Lo sugirió Primrose.). (…) La tripulación arranca las hojuelas del moho: martillazos en el cerebro. (…) Me temo que eso fue la consecuencia de una caja de no muy buen Whisky americano comprado en Los Angeles porque me gustó su nombre, Green River”. (Malcom Lowry, Por el canal de Panamá, con traducción de Salvador Elizondo).  

“¡Adiós, territorio de La Mordida –adiós y que Cristo te envíe el mayor dolor! (Bueno, retiro esto último: Cristo ya te ha envidado suficiente. ¡Mejor vive, maldito México, y seas ejemplo para los hombres de la caridad cristiana que profesas y, si no, que la abominación te destruya!”. Imagino la cara de Salvador Elizondo la madrugada de tabaco y voces en que traduce la maldición lowryana.

***

En una pequeña cesta de carrizos,

arden vivos limones y nísperos, etc.

***

Cola de la lagartija imbatible que se abre paso como metáfora que crece en el corazón del necesitado. Cola mocha que regenera el cuerpo todo, extremo mutilado en que rebrota sobre la piedra el cuerpo entero, agitación del extremo que funda. Como la noche regresa sin ayuda exterior, fuerza que trabaja de dentro hacia afuera –periférica-, que nunca deja de moverse, terca y ciega, dentro de la sed de la tarde.




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