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Andrés Henestrosa el indio que llegó a la Academia Mexicana de la Lengua

Fotografía: BLANCA CHAROLET

OAXACA, Oax. (sucedióenoaxaca.com).- Originario de San Francisco Ixhuatán, pequeña localidad zapoteca del Istmo de Tehuantepec, donde nació el 30 de noviembre de 1906, Henestrosa perdió a temprana edad a su padre Arnulfo Morales. Su madre, Martina Henestrosa, Martina Man, casó en segundas nupcias y Andrés fue el único de los hijos que aceptó esa decisión y se quedó a vivir con ella; los otros cinco hermanos se fueron de la casa. En la escuela a la que asistía con regularidad mientras la Revolución lo permitía, aprendió a leer, a escribir y a recitar.

Cierto día, en Juchitán, donde trabajaba como mozo en una tienda, escuchó en el parque la plática de dos amigos que estudiaban en la Ciudad de México y se encontraban de vacaciones en el pueblo. El deseo de viajar a la capital del país lo sedujo en aquel momento y una noche, cuando su madre le preguntó qué pensaba acerca de su provenir, Andrés le expresó su decisión de irse a estudiar al Distrito Federal.

A finales de 1922 partió Henestrosa con rumbo a la capital mexicana que para entonces gozaba de cierta tranquilidad en medio de la rebatinga por el poder entre militares y civiles. Con el apoyo del Secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, ingresó a la Escuela Normal Superior. Posteriormente, en la Escuela Nacional Preparatoria formó parte de un grupo llamado Club Intelectual Deportivo con preceptores como el filósofo Samuel Ramos, el historiador Daniel Cosío Villegas y el poeta Xavier Villaurrutia.

En esa época conoció a una acaudalada mujer que ayudaba a intelectuales y artistas para que publicaran sus libros, expusieran sus cuadros, viajaran o tuvieran un poco de ocio “sin el cual es imposible que el hombre escuche su intimidad, se oiga a sí mismo”, diría Henestrosa en uno de sus escritos. Era Antonieta Rivas Mercado quien se convirtió en su mecenas.

Luego de haber leído a todos los clásicos, le dio por escribir, y lo primero que se le ocurrió fue anotar las leyendas que le contaba su madre. Así nació Los hombres que dispersó la danza (1929), su primer libro. Posteriormente escribió El retrato de mi madre (1936). Sobre estos dos breves libros de creación literaria vertieron grandes elogios los Premios Nobel de Literatura Pablo Neruda, Miguel Ángel Asturias y Octavio Paz.

Sobre Los hombres que dispersó la danza, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias dijo que su autor “se anticipó en América hispana a decantar con instrumentos literarios las leyendas de nuestros indios”.

En torno a El retrato de mi madre, Octavio Paz, comentó que “posee la juventud sin edad de las obras que se acercan a la perfección”, y el poeta chileno Pablo Neruda, opinó que es “una pequeña gran obra de las letras hispanoamericanas”.

Henestrosa, que únicamente hablaba zapoteco al llegar a la Ciudad de México, se hizo maestro del idioma español y llegó a ocupar un asiento en la Academia Mexicana de la Lengua.

Falleció el 10 de enero de 2008 a la edad de 101 años.

NOTA DE LA REDACCIÓN: 

Esta biografía forma parte del libro inédito Aproximaciones a la desmesura del alma de María Elisa Ruiz Hernández, en vías de publicarse.




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