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Cinéfago*: «La Negrada». Hay mexicanos que nadie ve

JOSUÉ SALVADOR VÁSQUEZ ARELLANES

⋆ ⋆ ⋆ ⋆ ⋆ Deje todo y corra a verla

El Aperitivo

El pasado viernes 14 de septiembre, Oaxaca Cine deleitó a su público con la proyección de La Negrada. La función se volvió todo un fenómeno vendiendo el boletaje en tiempo récord, y hay toda la intención de programar una segunda proyección el 19 de septiembre.  Así que si tiene la oportunidad, deje todo y corra a verla.

Aquí parte de lo que se vivió en torno a una charla con el director, dos de sus actores y la proyección del largometraje.

El Entremés

Cuando en 2014 el director oaxaqueño de cine Jorge Pérez Solano (La Tirisia, 2014), le dijo a Felipe Neri que quería hacer una película en la Costa oaxaqueña con personajes afrodescendientes, Neri no creyó que alguien de bermuda, huarache y “morral de indio” le estuviera hablando en serio.

Solano le tomó una foto y le pidió su dirección a Neri, pero éste en tono franco le dijo: “con la foto me encuentras”. Cuando Solano regresó, lo mandaron a la casa del hermano de Felipe Neri, pero como vivían cerca no fue difícil dar de nueva cuenta con él; pero no fue hasta que Neri recibió su primer pago como actor, que le creyó a Solano que en verdad estaban haciendo una película.

Estaba decidido, la próxima película que Pérez Solano tenía en la cabeza sería el primer largometraje de ficción con temática y protagonistas cien por ciento de la comunidad negra en México. “No me interesaba el documental, comenta Solano, de esos ya hay y requieren otro proceso de análisis; y tampoco consideré el cortometraje, pues necesitan una capacidad de síntesis que no tengo”.

Así que tras seis meses de trabajo previo en manejo de set con los actores no profesionales de la comunidad, La Negrada comenzó a tomar forma, encuadre, toma y escena por escena, destacando la capacidad de adaptación de Solano quien se fue involucrando desde el inicio cada vez más en el día a día de la comunidad afrodescendiente, en su forma de vivir, convivir y de decir las cosas; pero sobre todo oyendo a sus actores, quienes lo hicieron entrar en la dinámica de ser negro.

Neri nos confiesa que su personaje se iba a llamar Jordan, pero a él no le gustaba por ser un nombre gringo, así que decidió prestarle el suyo propio al personaje como también algunas de sus vivencias, “aunque no crean que en la vida real soy así”, aclara en medio de carcajadas.

El Plato Fuerte

Más que quien llega a un lugar desconocido, La Negrada inicia como quien despierta en el mismo lugar de siempre, con la rutina diaria del vivir en la Costa oaxaqueña rodeada de cielo, mar, arena; ni mejor ni peor, sólo como siempre, porque la película más que presentar una visión turística interesada en el tema, lo que busca es ver a la comunidad afromexicana a través de sus propios ojos, sus propias experiencias y contar su vida misma.

Así que no estamos frente a un clásico triángulo amoroso, sino frente a un “queridato”, donde Juana (la esposa) y Magdalena (la querida) comparten a sabiendas de ambas una vida junto con Neri, quien a su vez reparte sus días entre una y otra, con cuestionamientos pero sin necesidad de tener que dar alguna respuesta certera, sino todo lo contrario, con el alma inquieta de quien busca quizá una nueva experiencia.

Pero todo esto no impide que los tres puedan convivir bajo el mismo techo (al menos del centro de salud), donde los lazos sentimentales también se vuelven consanguíneos, no sólo figurada sino literalmente; y donde un gesto de cariño o solidaridad puede ir desde un simple chocolate, hasta querer donar un fragmento de hígado; pues tan certero como el que todos poseemos sangre roja, es también que a alguien se le percibe en la gloria pero se le acaba de leer en la tragedia.

Jorge Pérez Solano, director de «La Negrada».

Intercaladas por un juglar que recita los característicos, pícaros y fulminantes versos costeños, vamos entreviendo el despliegue de escenas que tejen y atrapan, como red de pescador, las tramas en torno a la estirpe de Neri: por un lado su hija con Juana, Sara, quien funge como estilista pero que tendrá el pendiente de su madre enferma y el dilema de una propuesta, un favor de vida, que su madrina le propondrá a cambio de olvidar una deuda familiar.

El personaje de Sara le permite mostrar al director Pérez Solano una anécdota verídica que alguna vez leyó, en donde los retenes migratorios de la zona piden a los negros de la Costa cantar el himno nacional (desde el “Masiosare”), pensando que son migrantes centroamericanos o de otro país. Y por otro lado, retratar el afluente de fe viva que contiene un lugar como el Pedimento de Santa Catarina Juquila, uno de los santuarios más visitados de Oaxaca pero que no había tenido presencia en pantalla.

Por otro lado Magdalena vive el día al día en espera de que algo cambie (cuando la ‘Tona’  canta, el matrimonio muere), aunque quizá el cambio que comienza a entrever está más lejos de Neri que con él, lo cual no la limita a cuestionar, a preguntar, a retar, o consolarse con un refrigerador que ella misma paga y que al menos si no le da consuelo, al menos enfría mejor las cervezas que tratan de calmar el hormiguero de emociones en el que vive y que le hacen hervir la sangre.

Neri por su cuenta, como buen pescador, sólo navega entre este “mar” de mujeres que rodean su vida, a veces entre “mareas calmas” a veces entre “tormentas”, pero siempre manteniéndose “a bordo” muy a su manera; a veces con la tranquilidad que da una hamaca, otras con el sazón de un pescado, y muchas más con el amargor líquido de una Corona (a las que el fertilizante enfría bien chingón); dando las respuestas que sólo cree necesarias en su papel de macho, un macho pescador incapaz de cazar una tortuga marina, pero con toda la pericia de poder conseguir una nueva “presa” en forma de mujer, quizá bajo la idea de que lo que sobran en el mar son “peces”, y pues él es un simple pescador.

El ir y venir de Neri a bordo de su bicicleta, nos permite vislumbrar todos los demás lugares y personajes que rodean su mundo: a veces con una hija Ángela que perrea en un patio con amigas y amigos, otras tantas con un hijo que se rapa una estrella en el cabello en casa de su madrastra, otra más con unos chicos que sin qué hacer batean un bote de plástico vacío; o la suegra que lo quisiera rechazar pero que lo termina aceptando en su comedor-choza, o un hombre al que reclama porque le coquetea a Magdalena en el pueblo, o el amigo de su hija Sara, un lanchero que nos permite entrever el ir y venir de los hombres que logran sobrevivir con menos de 3 mil pesos al mes.

Concentrado más en las acciones que en las actuaciones, más en las atmósferas que en los diálogos, más en la convivencia que la recreación, más en las texturas que el apunte social, Jorge Pérez Solano nos ofrece en La Negrada una hirdumbre racial tan viva como cualquier otra, pero tan invisibilizada como muchas más (en lucha de su reconocimiento), que hacen de esta película tan única como necesaria, y a él un cineasta ya imprescindible en la idiosincrasia del cine nacional.

El Postre

Jorge Pérez Solano es claro: una sola película no define a una sociedad ni su identidad, así que considera que hace falta contar muchas más historias de la comunidad afromexicana, y lo más importante, que ellos mismos las cuenten. No conoce a un director o directora, actriz o actor afrodescendiente en el cine nacional, así que espera que esto desate quizá un movimiento artístico negro capaz de visibilizarlos un poco más, y que contribuya a su reconocimiento oficial por el Estado Mexicano.

Pero considera que primero se deben cumplir sus necesidades básicas, para así después ellos decidir cómo impulsar su identidad, y si deciden salir de su comunidad sea por gusto y no por hambre.

Ante las constantes peticiones de que La Negrada se proyecte en toda la Costa oaxaqueña, Jorge Pérez Solano ya planea un circuito de exhibición desde Ciruelo hasta Chacahua, tomando en cuenta la carencia de cines en esta zona y que obligan a una proyección itinerante.

Sin embargo, dado que la idea es que la película la vea la mayor cantidad de gente posible, La Negrada, junto con sus dos trabajos anteriores, La Tirisia y Espiral, se podrán ver desde octubre en la plataforma digital de Amazon, lo cual también obedece a una dinámica actual en la que mucha gente ya sólo consume contenidos audiovisuales; además que Oaxaca posee una cultura visual muy expresiva y qué mejor que darla a conocer por medio de estas plataformas actuales.

Bajo la idea de que “sólo uno se cura pensando en el próximo proyecto”, Jorge Pérez Solano comenta que ya tiene en mente una nueva película, no especifica muy bien sobre qué va, pero por ejemplo comentó que en la Costa se enteró sobre el juego de pelota practicado por negros collantes, lo cual se le hace algo muy atractivo y singular.

Sobre cómo es que ha logrado tres filmes en un país en donde es muy difícil llegar a hacer una película, Solano dice que se debe a que es muy terco y luego no tiene nada que hacer, además que hay otros que también lo han logrado como José Luis Gutiérrez o Raúl Fuentes por ejemplo; pero sin duda considera que el cine es un acto de muchas voluntades, así que agradece enormemente a todo el conjunto de voluntades que hicieron posible La Negrada.

La Gula

Agradecemos a todo el equipo de Oaxaca Cine y a su directora Isabel Rojas, todas las facilidades para la realización de este texto. #OaxacaCineVive

 *Cinefágo: El que tiene el hábito de comer y devorar cine.

#SeValeLaGula

 

 




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