LILA DOWNS-CONCIERTO GUELAGUETZA-1

MUERTE SÚBITA / Malas compañías

CÉSAR RITO SALINAS

A veces, hacer el bien, resulta complicado.

No pasó un año del sismo del 7 de septiembre, del fervor que propiciara entre los artistas una solidaridad efectiva cuando Lila Downs, la cantante, se ve envuelta junto con el gobierno estatal en asuntos de transparencia y rendición de cuentas.

Como diría la abuela, dinero maldito dinero motivo de pleito y desconfianza. Pasado el sismo la señora Downs junto con otras cantantes organizó en el auditorio Guelaguetza un concierto para recaudar fondos y poder llevar ayuda a los damnificados.

Acción loable, por donde se le vea. Ella creció en popularidad y respaldo popular. Subió fotos a sus redes sociales donde se le mira entregar apoyo en los pueblos que no recibían atención. Pero no se informó el monto de lo recaudado ni los destinos, esas cosas aburridas de números y bancos donde no se meten los artistas; luego llegó la política, los tiempos electorales y la cosa de las ayudas quedó en el olvidó.

Hacer el bien es complicado.

Lila, con su trabajo, encabeza las mejores causas por Oaxaca. Y vende el nombre de Oaxaca, algunas veces tiene detalle de participar con el gobierno estatal, que no goza de confianza y credibilidad. Así llegó el concierto en la semana de la Guelaguetza del presente año, también en el auditorio, salieron a relucir las cifras: 2 millones 600 mil pesos, costo de su concierto. Nadie dice que el espectáculo que ofrece la señora Dawn no lo valga, que los músicos tienen que actuar de gratis, pero queda el detalle de los números.

A principios de esta administración la Secretaría de las Culturas aniquiló la Orquesta Sinfónica de Oaxaca, motivo: no había recursos para dispendios. Son miles de fanáticos seguidores de las canciones de la Downs, la gente deposita sus esperanzas en los ídolos populares, imagino las vidas de Juan Gabriel, Lola Beltrán, Luis Miguel, siempre pendientes de su nombre.

Hacer el bien es complicado. Bien valdría una explicación de la cantante para que la gente se enterara de que los artistas no sólo viven de los aplausos, que existen, como cualquier mortal, del producto de su trabajo.

Hacer el bien resulta complicado, más cuando quien lo hace se allega de malas compañías.




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